23/08/2026
🗡️ESPADA ESPIRITUAL
Sábado 22 de agosto 2026
Evangelio según San Lucas (1, 26-38): “En aquel tiempo, el ángel Gabriel fue enviado por Dios a una ciudad de Galilea llamada Nazaret, a una virgen desposada con un hombre llamado José, de la casa de David; el nombre de la virgen era María. El ángel, entrando en su presencia, dijo: «Alégrate, llena de gracia, el Señor está contigo».
Ella se turbó grandemente ante estas palabras y se preguntaba qué saludo era aquel. El ángel le dijo: «No temas, María, porque has encontrado gracia ante Dios. Concebirás en tu vientre y darás a luz un hijo, y le pondrás por nombre Jesús. Será grande, se llamará Hijo del Altísimo, el Señor Dios le dará el trono de David, su padre; reinará sobre la casa de Jacob para siempre, y su reino no tendrá fin».
Y María dijo al ángel:
«¿Cómo será eso, pues no conozco varón?».
El ángel le contestó: «El Espíritu Santo vendrá sobre ti, y la fuerza del Altísimo te cubrirá con su sombra; por eso el Santo que va a nacer será llamado Hijo de Dios. También tu pariente Isabel ha concebido un hijo en su vejez, y ya está de seis meses la que llamaban estéril, "porque para Dios nada hay imposible"».
María contestó: «He aquí la esclava del Señor; hágase en mí según tu palabra».
Y el ángel se retiró.”
¡Feliz día de María Reina!
Hermoso comentario mariano de San Amadeo en su Homilía 7. SC 72, 188. 190.192. 200:
“Observa cómo brilló por toda la tierra, ya antes de la Asunción, el admirable nombre de María, y cómo se difundió por todas partes su ilustre fama antes de que su majestad fuera ensalzada sobre los cielos. Convenía, en efecto, que la Madre Virgen, por el honor debido a su Hijo, reinase primero en la tierra y penetrase luego gloriosa en el cielo. Convenía que fuese engrandecida aquí abajo para entrar después, llena de santidad, en las mansiones celestiales, yendo de virtud en virtud y de gloria en gloria por obra del Espíritu del Señor.
Durante su vida mortal gustaba anticipadamente las primicias del reino futuro, elevándose hasta Dios con inefable sublimidad y descendiendo hacia sus prójimos con indescriptible caridad. Los ángeles la servían y los hombres le tributaban veneración. Gabriel y los ángeles la asistían con sus servicios; también los apóstoles cuidaban de ella, especialmente san Juan, gozoso de que el Señor, desde la cruz, le hubiese encomendado a su Madre Virgen, a él, también virgen. Aquéllos se alegraban de contemplar a su Reina; éstos, a su Señora. Unos y otros se esforzaban en complacerla con sentimientos de piedad y devoción.
Y ella, situada en la altísima cumbre de sus virtudes e inundada por el mar inagotable de los carismas divinos, derramaba abundantemente sobre el pueblo creyente y sediento el abismo de sus gracias, superiores a las de cualquier otra criatura. Daba salud a los cuerpos y remedio a las almas, dotada como estaba del poder de resucitar de la muerte corporal y espiritual. Nadie se apartó jamás triste o desconsolado de su lado, ni ignorante de los misterios celestiales. Todos volvían contentos a sus casas, habiendo alcanzado por la Madre del Señor aquello que deseaban.
Plena hasta rebosar de tan grandes bienes, Esposa y Madre del único Esposo, suave y agradable, llena de delicias, como fuente de los jardines espirituales y como pozo de agua viva y vivificante que mana con fuerza del Líbano divino, hacía derivar desde el monte de Sión hasta las naciones extranjeras ríos de paz y torrentes de gracia celestial.
Por eso, cuando la Virgen de las vírgenes fue llevada al cielo por quien era su Dios y su Hijo, el Rey de reyes, en medio de la alegría y exultación de los ángeles y arcángeles y de la aclamación de todos los bienaventurados, se cumplió la profecía del Salmista, que dice al Señor: «De pie a tu derecha está la reina, enjoyada con oro de Ofir» (Sal 44,10).”
Pidamos a nuestra Madre Santísima la gracia de la fe. A.M.D.G.