Parroquia San Vicente Pallotti

Parroquia San Vicente Pallotti Parroquia Eucarística Mariana y Misionera
Cura Párroco : Padre Rene Manuel Cari
Ubicación : Empalme Lobos - Provincia de Buenos Aires

22/05/2026

🗡️ESPADA ESPIRITUAL
Viernes 22 de mayo 2026

Evangelio según San Juan (21,15-19): “Habiéndose aparecido Jesús a sus discípulos, después de comer, dijo a Simón Pedro: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas más que estos?". El le respondió: "Sí, Señor, tú sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis corderos".
Le volvió a decir por segunda vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me amas?". El le respondió: "Sí, Señor, sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas".
Le preguntó por tercera vez: "Simón, hijo de Juan, ¿me quieres?". Pedro se entristeció de que por tercera vez le preguntara si lo quería, y le dijo: "Señor, tú lo sabes todo; sabes que te quiero". Jesús le dijo: "Apacienta mis ovejas.
Te aseguro que cuando eras joven, tú mismo te vestías e ibas a donde querías. Pero cuando seas viejo, extenderás tus brazos, y otro te atará y te llevará a donde no quieras".
De esta manera, indicaba con qué muerte Pedro debía glorificar a Dios. Y después de hablar así, le dijo: "Sígueme".”

Linda enseñanza de Jesús quien le dice a Pedro: “apacienta mis corderos… apacienta mis ovejas”.

San Juan Crisóstomo, en su Homilía 2, profundiza las enseñanzas de este evangelio. Sobre los Hechos de los Apóstoles: “Apacienta, es decir, ama”:

«Apacienta mis corderos» (Jn 21,15)

:“¿Me amas más que a éstos? – Apacienta mis corderos.” ¡Imitemos a los apóstoles en sus virtudes y no nos quedaremos atrás! En efecto, no son sus milagros lo que los constituyó en apóstoles, sino la santidad de su vida. En ella se reconoce al discípulo de Cristo. El Señor mismo nos ha señalado con este signo. Cuando quiso hacer el retrato de sus discípulos y revelar el signo que los distinguiría, dijo: “En esto reconocerán que sois mis discípulos”. ¿Sería por los prodigios que obraban, por los mu***os que resucitaban? De ninguna manera. Entonces ¿por qué? “Por el amor que os tengáis los unos a los otros reconocerán todos que sois discípulos míos” (Jn 13,35).

Ahora bien, el amor no es cuestión de milagros sino simplemente de virtud: “El amor cumple toda la ley.” (Rm 13,10)... Amaos los unos a los otros y así os pareceréis a los apóstoles, estaréis en el primer puesto. “Si tú me amas, dice Jesús a Pedro, apacienta mis corderos”. Aquí, prestad atención, se valora la virtud, el celo, la compasión, el trabajo de guiar, el olvido de los propios intereses, la preocupación por cumplir con la tarea de la carga pastoral; todo esto es fruto de la virtud, del amor, no de los milagros y prodigios sino del amor.”

Pidamos a nuestra Madre Santísima gracia de ser fieles al buen pastor Jesucristo. A.M.D.G.

21/05/2026

🗡️ESPADA ESPIRITUAL
Jueves 21 de mayo 2026

Evangelio según San Juan (17,20-26): “Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:
"Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste.
Yo les he dado la gloria que tú me diste, para que sean uno, como nosotros somos uno
-yo en ellos y tú en mí- para que sean perfectamente uno y el mundo conozca que tú me has enviado, y que yo los amé cómo tú me amaste.
Padre, quiero que los que tú me diste estén conmigo donde yo esté, para que contemplen la gloria que me has dado, porque ya me amabas antes de la creación del mundo.
Padre justo, el mundo no te ha conocido, pero yo te conocí, y ellos reconocieron que tú me enviaste.
Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".”

Jesús le ruega al Padre “que todos sean uno”.

San Agustín nos enseña, en su Sermón 103, sobre esta unidad entre nosotros: “Busquen la unidad, mis hermanos. Vean que en la multiplicidad misma, la unidad es lo que agrada. Por gracia de Dios los veo muy numerosos. Nadie lo soportaría si no estuvieran unidos por un mismo sentimiento. ¿De dónde viene esa calma en tal multitud? La multitud sin la unidad, es un gentío; con unidad, es un pueblo. Ya que un gentío es una multitud en desorden.

Escuchen al Apóstol, dirigiéndose a una multitud que quería restablecer la unidad: “Hermanos, en el nombre de nuestro Señor Jesucristo, yo los exhorto a que se pongan de acuerdo: que no haya divisiones entre ustedes y vivan en perfecta armonía, teniendo la misma manera de pensar y de sentir” (1 Cor 1,10). En otra carta, exhorta a vivir en la unidad de corazones, con los mismos pensamientos y no haciendo nada por espíritu de división ni de vana gloria (cf. Flp 2,2-3). El Señor rezaba así a su Padre “Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros” (Jn 17,21). Y está escrito en los Hechos de los Apóstoles “La multitud de los creyentes tenía un solo corazón y una sola alma” (Hech 4,32).

Entonces, bendigan al Señor conmigo y glorifiquemos su nombre para llegar a la unidad. Unidad necesaria, unidad sublime en la que están íntimamente unidos el Padre, el Hijo, el Espíritu Santo. Todo nos impulsa hacia la unidad. Nuestro Dios es Trinidad. El Padre no es el Hijo, el Hijo no es el Padre, el Espíritu Santo no es el Padre ni el Hijo, pero es el Espíritu de uno y del otro. Sin embargo, no son ni tres dioses ni tres todopoderosos, sino un solo Dios todopoderoso, la Trinidad, que es Dios único. La unidad es necesaria y para llegar es necesario que nuestros corazones estén unidos.”

Pidamos a nuestra Madre Santísima la gracia de la gran unión con Dios. A.M.D.G.

🗡️ESPADA ESPIRITUALMiércoles 20 de mayo 2026Evangelio según San Juan  (17,11b-19): “Jesús levantó los ojos al cielo, y o...
20/05/2026

🗡️ESPADA ESPIRITUAL
Miércoles 20 de mayo 2026

Evangelio según San Juan (17,11b-19): “Jesús levantó los ojos al cielo, y oró diciendo:
"Padre santo, cuida en tu Nombre a aquellos que me diste, para que sean uno, como nosotros.
Mientras estaba con ellos, cuidaba en tu Nombre a los que me diste; yo los protegía y no se perdió ninguno de ellos, excepto el que debía perderse, para que se cumpliera la Escritura.
Pero ahora voy a ti, y digo esto estando en el mundo, para que mi gozo sea el de ellos y su gozo sea perfecto.
Yo les comuniqué tu palabra, y el mundo los odió porque ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno.
Ellos no son del mundo, como tampoco yo soy del mundo.
Conságralos en la verdad: tu palabra es verdad.
Así como tú me enviaste al mundo, yo también los envío al mundo.
Por ellos me consagro, para que también ellos sean consagrados en la verdad."”

En su oración al Padre Jesús dice: “No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del maligno”.

San Juan Crisóstomo en su Homilía 82 nos deja una hermosa enseñanza:
“Cuando los malvados nos molestan y se burlan de nosotros porque cultivamos la virtud, no lo llevemos a mal. Así es la virtud por su misma naturaleza: suele en todas partes engendrar odio de parte de los malos; porque ellos envidian a los de buen vivir. Por esto dice Cristo: «Yo les he comunicado tu palabra, pero el mundo los aborrece». Y pone luego la razón de que sean dignos de tan grande cuidado de parte del Padre, pues el mundo los aborrece por causa del Padre y de su propia palabra; de modo que son plenamente dignos de la providencia del Padre.

«No te pido que los saques del mundo, sino que los preserves del Maligno». Con esto declara el mucho cuidado que tiene de sus discípulos, pues con tanta diligencia los recomienda al Padre. Él les había dicho que cuanto pidieran al Padre, todo lo concedería; entonces, ¿por qué ruega aquí por ellos? Lo hace para demostrarles su cariño. Y añade: «No son del mundo, como tampoco Yo soy del mundo». No te conturbe esta expresión, pues la partícula “como” no significa igualdad exacta. Cuando se dice del Padre y del Hijo indica igualdad plena; pero cuando se dice de Él y de nosotros, entraña una enorme diferencia. ¿Qué significa entonces «no son del mundo»? Quiere decir que miran a otra parte, que nada tienen de común con lo terreno, que han sido hechos ciudadanos del Cielo.

«Conságralos en la verdad». Esto es: hazlos santos por el don del Espíritu Santo y los dogmas correctos. Es como cuando dijo: «Ya vosotros estáis purificados por la fe en la doctrina que os he enseñado». Y ahora dice: enséñalos, adoctrínalos en la verdad. Pero antes dijo que esto lo hace el Espíritu Santo; entonces, ¿por qué ahora se lo pide al Padre? Para que conozcas la igualdad. El conocimiento correcto de los dogmas acerca a Dios y santifica las almas. Y no te admires de que diga que son santificados por la palabra, pues «tu palabra es la verdad». En ella nada hay de mentira, puesto que es absolutamente necesario que se cumpla todo lo que ella ha dicho.

La palabra divina opera la purificación, pero también tiene otro sentido: separarlos para la predicación de la doctrina. Esto queda manifiesto cuando añade: «Como me enviaste Tú al mundo, Yo también los envío al mundo». Para lo que Cristo se fue al Padre, para eso los apóstoles conquistaron el mundo. La partícula “como” no significa igualdad entre Él y los apóstoles —¿cómo podían ellos ser enviados de la misma manera, siendo hombres? —, sino que Cristo acostumbra a hablar de lo futuro como ya sucedido.

«Por ellos Yo me consagro a Mí mismo, para que también ellos sean consagrados en tu verdad». ¿Qué significa «me consagro»? Es decir, me ofrezco en sacrificio. Antiguamente el sacrificio estaba figurado en la oveja; pero ahora ya no es la figura, sino la realidad. Por lo cual dice Cristo: para que sean consagrados en tu verdad. Yo te los consagro y los hago oblación tuya. Lo dice en referencia a Sí mismo, como cabeza, o también porque ellos mismos serán inmolados. Dice Pablo: «Ofreced vuestros cuerpos como víctima viviente», y el profeta: «Se nos trata como ovejas de matadero». De modo que sin muerte los constituye hostia y oblación.

«No ruego únicamente por éstos, sino también por los que han de creer en Mí por su predicación». Así les infunde nuevamente ánimos, aseverando que habrá muchos discípulos. Y una vez que extendió a todos en común lo que los discípulos tenían como especial y propio, de nuevo los consuela declarando que ellos serán causa de salvación para muchos. Después de hablarles de su salvación y de que serán consagrados por la fe y el sacrificio, finalmente se refiere a la concordia y caridad, pues nada hay que así perturbe como la discusión.

«A fin de que sean uno». No significa una igualdad perfecta, sino en cuanto es posible al hombre. ¿Qué significa «sean uno en nosotros»? Es decir, por la fe en nosotros. Si guardan lo que de los discípulos aprendieron, los que luego vengan conocerán por los discípulos al Maestro. Pero si andan con mutuas querellas, no darán testimonio de ser discípulos del Dios de paz.

«Yo en ellos y Tú en mí». ¿Cómo los glorificó? Viniendo a ellos y trayendo consigo al Padre, para que los junte en unidad. «Para que alcancen la unidad perfecta y conozca el mundo que Tú me has enviado». Con frecuencia repite esto para demostrar que más atrae la unión que los milagros; pues así como las querellas dividen, así la concordia une.

«Y Yo los he amado como Tú me amaste». Y la señal de su amor es que dio su vida por ellos. Habiéndoles asegurado que serían consagrados, protegidos y causa de salvación para muchos, termina con la caridad, madre de todos los bienes.”

Pidamos a nuestra Madre Santísima ser verdaderos apóstoles de Jesús. A.M.D.G.

🗡️ESPADA ESPIRITUAL Martes 19 de mayo 2026Evangelio según San Juan  (17,1-11a): “Jesús levantó los ojos al cielo, dicien...
19/05/2026

🗡️ESPADA ESPIRITUAL
Martes 19 de mayo 2026

Evangelio según San Juan (17,1-11a): “Jesús levantó los ojos al cielo, diciendo:
"Padre, ha llegado la hora: glorifica a tu Hijo para que el Hijo te glorifique a ti, ya que le diste autoridad sobre todos los hombres, para que él diera Vida eterna a todos los que tú les has dado.
Esta es la Vida eterna: que te conozcan a ti, el único Dios verdadero, y a tu Enviado, Jesucristo.
Yo te he glorificado en la tierra, llevando a cabo la obra que me encomendaste.
Ahora, Padre, glorifícame junto a ti, con la gloria que yo tenía contigo antes que el mundo existiera.
Manifesté tu Nombre a los que separaste del mundo para confiármelos. Eran tuyos y me los diste, y ellos fueron fieles a tu palabra.
Ahora saben que todo lo que me has dado viene de ti,
porque les comuniqué las palabras que tú me diste: ellos han reconocido verdaderamente que yo salí de ti, y han creído que tú me enviaste.
Yo ruego por ellos: no ruego por el mundo, sino por los que me diste, porque son tuyos.
Todo lo mío es tuyo y todo lo tuyo es mío, y en ellos he sido glorificado.
Ya no estoy más en el mundo, pero ellos están en él; y yo vuelvo a ti."”

Hermosa oración de Jesús a su Padre celestial en este evangelio de hoy.

San Francisco de Asís nos habla de esta oración de Jesús a su Padre en su Carta: ¡Cuántos bienes hemos recibido!:

«Te ruego por estos que tú me diste, porque son tuyos» (Jn 11,9)

"¡Oh, cuán glorioso y santo y grande, tener en los cielos un Padre! ¡Oh, cuán santo, tener un esposo consolador, bello y admirable! ¡Oh, cuán santo y cuán caro tener tal hermano y tal hijo, placentero, humilde, pacífico, dulce, amable y sobre todas las cosas deseable, el que dió su vida por sus ovejas (cf Jn 10, 15) y oró al Padre por nosotros diciendo: Padre santo, guárdalos en tu nombre, a los que me has dado (Jn 17, 11). Padre, todos los que me diste en el mundo, eran tuyos y me los diste (Jn 17, 6).

Y las palabras que me diste, les di; y ellos las recibieron y conocieron verdaderamente, que salí de ti y creyeron que tú me enviaste(Jn 17, 8); ruego por ellos y no por el mundo (cf Jn 17, 9); bendícelos y santifícalos (Jn 17, 17) Y por ellos me santifico a mí mismo, para que sean santificados en (Jn 17, 19) la unidad, coma también nosotros (Jn 17, 11) lo somos.Y quiero, Padre, que donde yo estoy también ellos estén conmigo, para que vean mi gloria (Jn 17, 24) en tu reino (Mt 20, 21).

Mientras que a aquel, que tanto ha aguantado por nosotros, tantos bienes ha traído y traerá en el futuro, toda criatura que hay en los cielos, en la tierra, en el mar y en los abismos, dé en retorno alabanza, gloria, honor y bendición (cf Apoc 5, 13), porque él es fuerza y fortaleza nuestra, el que es sólo bueno, sólo altísimo, sólo omnipotente, admirable, glorioso y sólo santo, laudable y bendito por infinitos siglos de los siglos. Amén.”

Pidamos a nuestra Madre Santísima la gracia de hacer la voluntad del Padre celestial. A.M.D.G.

17/05/2026

🗡️ESPADA ESPIRITUAL
Domingo 17 de mayo 2026

Evangelio según San Mateo (28,16-20): “En aquel tiempo, los once discípulos fueron a Galilea, a la montaña donde Jesús los había citado.
Al verlo, se postraron delante de el; sin embargo, algunos todavía dudaron.
Acercándose, Jesús les dijo: "Yo he recibido todo poder en el cielo y en la tierra.
Vayan, y hagan que todos los pueblos sean mis discípulos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo, y enseñándoles a cumplir todo lo que yo les he mandado. Y yo estaré siempre con ustedes hasta el fin del mundo".”

¡Feliz día de la Ascensión del Señor!

Hermoso sermón de San León Magno sobre la Ascensión del Señor: Lo que fue visible en nuestro Redentor, ha pasado a los ritos sacramentales.

«Id, pues, y haced discípulos a todos los pueblos, bautizándolos en el nombre del Padre y del Hijo y del Espíritu Santo» (Mt 28,19)
Tratado 74, 1-2: CCL 138A 455-457:

“El misterio de nuestra salvación, amadísimos, que el Creador del universo estimó en el precio de su sangre, ha sido llevado a cabo según una economía de humildad desde el día de su nacimiento corporal hasta el término de la pasión. Y aunque bajo la condición de siervo irradiaron muchos signos manifestativos de su divinidad, sin embargo toda la actividad de este período estuvo orientada propiamente a demostrar la realidad de la humanidad asumida. En cambio, después de la pasión, rotas las cadenas de la muerte, que, al recaer en el que no conoció el pecado, había perdido toda su virulencia, la debilidad se convirtió en fortaleza, la mortalidad en eternidad, la ignominia en gloria, gloria que el Señor Jesús hizo patente ante muchos testigos por medio de numerosas pruebas, hasta el día en que introdujo en los cielos el triunfo de la victoria que había obtenido sobre los mu***os.

Y así como en la solemnidad de Pascua la resurrección del Señor fue para nosotros causa de alegría, así también ahora su ascensión al cielo nos es un nuevo motivo de gozo, al recordar y celebrar litúrgicamente el día en que la pequeñez de nuestra naturaleza fue elevada, en Cristo, por encima de todos los ejércitos celestiales, de todas las categorías de ángeles, de toda la sublimidad de las potestades hasta compartir el trono de Dios Padre. Hemos sido establecidos y edificados por este modo de obrar divino, para que la gracia de Dios se manifestara más admirablemente, y así, a pesar de haber sido apartada de la vista de los hombres la presencia visible del Señor, por la cual se alimentaba el respeto de ellos hacia él, la fe se mantuviese firme, la esperanza inconmovible y el amor encendido.

En esto consiste, en efecto, el vigor de los espíritus verdaderamente grandes, esto es lo que realiza la luz de la fe en las almas verdaderamente fieles: creer sin vacilación lo que no ven nuestros ojos, tener fijo el deseo en lo que no puede alcanzar nuestra mirada. ¿Cómo podría nacer esta piedad en nuestros corazones, o cómo podríamos ser justificados por la fe, si nuestra salvación consistiera tan sólo en lo que nos es dado ver? Por eso dijo el Señor a aquel apóstol que no creía en la resurrección de Cristo mientras no explorase con la vista y el tacto, en su carne, las señales de la pasión: ¿Porque me has visto has creído? Dichosos los que crean sin haber visto.

Pues bien, para hacernos capaces, amadísimos, de semejante bienaventuranza, nuestro Señor Jesucristo, después de haber realizado todo lo que convenía a la predicación evangélica y a los misterios del nuevo Testamento, cuarenta días después de la resurrección, elevándose al cielo a la vista de sus discípulos, puso fin a su presencia corporal para sentarse a la derecha del Padre, hasta que se cumplan los tiempos divinamente establecidos en que se multipliquen los hijos de la Iglesia, y vuelva, en la misma carne con que ascendió a los cielos, a juzgar a vivos y mu***os. Así, todas las cosas referentes a nuestro Redentor, que antes eran visibles, han pasado a ser ritos sacramentales; y para que nuestra fe fuera más firme y valiosa, la visión ha sido sustituida por la instrucción, de modo que, en adelante, nuestros corazones, iluminados por la luz celestial, deben apoyarse en esta instrucción.”

Pidamos a María Santísima la gracia de la perseverancia final. A.M.D.G.

16/05/2026

🗡️ESPADA ESPIRITUAL
Sábado 16 de mayo 2026

Evangelio según San Juan (16,23b-28): “Aquél día no me harán más preguntas. Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre.
Hasta ahora, no han pedido nada en mi Nombre. Pidan y recibirán, y tendrán una alegría que será perfecta.
Les he dicho todo esto por medio de parábolas. Llega la hora en que ya no les hablaré por medio de parábolas, sino que les hablaré claramente del Padre.
Aquel día ustedes pedirán en mi Nombre; y no será necesario que yo ruegue al Padre por ustedes,
ya que él mismo los ama, porque ustedes me aman y han creído que yo vengo de Dios.
Salí del Padre y vine al mundo. Ahora dejo el mundo y voy al Padre".”

“Les aseguro que todo lo que pidan al Padre, él se lo concederá en mi Nombre”, nos dice Jesús.

San Juan María Vianney nos deja una linda enseñanza sobre este tema en su Catequesis: Hermosa obligación del hombre: orar y amar.

«Si pedís algo al Padre en mi nombre, os lo concederá» (Jn 16,23b)
A. Monnin, Esprit du Curé d'Ars, París 1899, pp. 87-89;

“Consideradlo, hijos míos: el tesoro del hombre cristiano no está en la tierra, sino en el cielo. Por esto, nuestro pensamiento debe estar siempre orientado hacia allí donde está nuestro tesoro.

El hombre tiene un hermoso deber y obligación: orar y amar. Si oráis y amáis, habréis hallado la felicidad en este mundo.

La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable. En esta íntima unión, Dios y el alma son como dos trozos de cera fundidos en uno solo, que ya nadie puede separar. Es algo muy hermoso esta unión de Dios con su pobre criatura; es una felicidad que supera nuestra comprensión.

Nosotros nos habíamos hecho indignos de orar, pero Dios, por su bondad, nos ha permitido hablar con él. Nuestra oración es el incienso que más le agrada.

Hijos míos, vuestro corazón es pequeño, pero la oración lo dilata y lo hace capaz de amar a Dios. La oración es una degustación anticipada del cielo, hace que una parte del paraíso baje hasta nosotros. Nunca nos deja sin dulzura; es como una miel que se derrama sobre el alma y lo endulza todo. En la oración hecha debidamente, se funden las p***s como la nieve ante el sol.

Otro beneficio de la oración es que hace que el tiempo transcurra tan aprisa y con tanto deleite, que ni se percibe su duración. Mirad: cuando era párroco en Bresse, en cierta ocasión, en que casi todos mis colegas habían caído enfermos, tuve que hacer largas caminatas, durante las cuales oraba al buen Dios, y, creedme, que el tiempo se me hacía corto.

Hay personas que se sumergen totalmente en la oración, como los peces en el agua, porque están totalmente entregadas al buen Dios. Su corazón no está dividido. ¡Cuánto amo a estas almas generosas! San Francisco de Asís y santa Coleta veían a nuestro Señor y hablaban con él, del mismo modo que hablamos entre nosotros.

Nosotros, por el contrario, ¡cuántas veces venimos a la iglesia sin saber lo que hemos de hacer o pedir! Y, sin embargo, cuando vamos a casa de cualquier persona, sabemos muy bien para qué vamos. Hay algunos que incluso parece como si le dijeran al buen Dios: «Sólo dos palabras, para deshacerme de ti...», Muchas veces pienso que, cuando venimos a adorar al Señor, obtendríamos todo lo que le pedimos si se lo pidiéramos con una fe muy viva y un corazón muy puro.”

Pidamos la gracia a María Santísima de orar siempre con el corazón. A.M.D.G.

15/05/2026

🗡️ESPADA ESPIRITUAL
Viernes 15 de mayo 2026

Evangelio según San Juan (16,20-23a): “En aquel tiempo, Jesús dijo a sus discípulos:
"Les aseguro que ustedes van a llorar y se van a lamentar; el mundo, en cambio, se alegrará. Ustedes estarán tristes, pero esa tristeza se convertirá en gozo."
La mujer, cuando va a dar a luz, siente angustia porque le llegó la hora; pero cuando nace el niño, se olvida de su dolor, por la alegría que siente al ver que ha venido un hombre al mundo.
También ustedes ahora están tristes, pero yo los volveré a ver, y tendrán una alegría que nadie les podrá quitar.
Aquél día no me harán más preguntas."”

Ustedes estarán tristes pero esa tristeza se convertirá en gozo, nos enseña Jesús.

San Agustín nos habla en su sermón sobre este tema: Estad siempre alegres en el Señor.

«Tendrán una alegría que nadie les podrá quitar» (Jn 16,22)
171,1-3. 5: PL 38, 933-935:

“El Apóstol nos manda alegrarnos, pero en el Señor, no en el mundo. Pues, como afirma la Escritura: El que quiere ser amigo del mundo se hace enemigo de Dios. Pues del mismo modo que un hombre no puede servir a dos señores, tampoco puede alegrarse en el mundo y en el Señor.

Que el gozo en el Señor sea el triunfador, mientras se extingue el gozo en el mundo. El gozo en el Señor siempre debe ir creciendo, mientras que el gozo en el mundo ha de ir disminuyendo hasta que se acabe. No afirmamos esto como si no debiéramos alegrarnos mientras estamos en este mundo, sino en el sentido de que debemos alegrarnos en el Señor también cuando estamos en este mundo.

Pero alguno puede decir: «Estoy en el mundo, por tanto, si me alegro, me alegro allí donde estoy.» ¿Pero es que por estar en el mundo no estás en el Señor? Escucha al apóstol Pablo cuando habla a los atenienses, según refieren los Hechos de los apóstoles, y afirma de Dios, Señor y creador nuestro: En él vivimos, nos movemos y existimos. El que está en todas partes, ¿en dónde no está? ¿Acaso no nos exhortaba precisamente a esto? El Señor está cerca; nada os preocupe.

Gran cosa es ésta: el mismo que asciende sobre todos los cielos está cercano a quienes se encuentran en la tierra. ¿Quién es éste, lejano y próximo, sino aquel que por su benignidad se ha hecho próximo a nosotros?

Aquel hombre que cayó en manos de unos bandidos, que fue abandonado medio mu**to, que fue desatendido por el sacerdote y el levita y que fue recogido, curado y atendido por un samaritano que iba de paso, representa a todo el género humano. Así, pues, como el Justo e Inmortal estuviese lejos de nosotros, los pecadores y mortales, bajó hasta nosotros para hacerse cercano quien estaba lejos.

No nos trata como merecen nuestros pecados, pues somos hijos. ¿Cómo lo probamos? El Hijo unigénito murió por nosotros para no ser el único hijo. No quiso ser único quien, único, murió por todos. El Hijo único de Dios ha hecho muchos hijos de Dios. Compró a sus hermanos con su sangre, quiso ser reprobado para acoger a los réprobos, vendido para redimirnos, deshonrado para honrarnos, mu**to para vivificarnos.

Por tanto, hermanos, estad alegres en el Señor, no en el mundo: es decir, alegraos en la verdad, no en la iniquidad; alegraos con la esperanza de la eternidad, no con las flores de la vanidad. Alegraos de tal forma que, sea cual sea la situación en la que os encontréis, tengáis presente que el Señor está cerca; nada os preocupe.”

Pidamos a nuestra Madre Santísima un gran fe. A.M.D.G.

14/05/2026

🗡️ESPADA ESPIRITUAL
Jueves 14 de mayo 2026

Evangelio según San Juan (15,9-17): “Jesús dijo a sus discípulos:
«Como el Padre me amó, también yo los he amado a ustedes. Permanezcan en mi amor.
Si cumplen mis mandamientos, permanecerán en mi amor, como yo cumplí los mandamientos de mi Padre y permanezco en su amor.
Les he dicho esto para que mi gozo sea el de ustedes, y ese gozo sea perfecto.»
Este es mi mandamiento: Amense los unos a los otros, como yo los he amado.
No hay amor más grande que dar la vida por los amigos.
Ustedes son mis amigos si hacen lo que yo les mando.
Ya no los llamo servidores, porque el servidor ignora lo que hace su señor; yo los llamo amigos, porque les he dado a conocer todo lo que oí de mi Padre.
No son ustedes los que me eligieron a mí, sino yo el que los elegí a ustedes, y los destiné para que vayan y den fruto, y ese fruto sea duradero. Así todo lo que pidan al Padre en mi Nombre, él se lo concederá.
Lo que yo les mando es que se amen los unos a los otros.»”

Jesús nos deja este mandamiento el jueves santo: “Aménse los unos a los otros, como yo los he amado”.

San Cirilo de Alejandría nos habla de este mandamiento: Yo os he elegido, no vosotros a mí. Libro 10. PG 74, 379.382-383.390-391:

“Este es mi mandamiento: que os améis unos a otros como yo os he amado. Con estas palabras explica el Señor con más claridad lo dicho anteriormente, esto es, que los discípulos disfruten en sí mismos de su mismo gozo. A los que quieran seguirme —dice—, les mando esto, y les enseño a hacerlo y a sentirlo en lo íntimo de su alma: que tengan un amor recíproco tan profundo como el que yo les he demostrado y he practicado previamente. Cuán generosa sea la medida del amor de Cristo, él mismo lo ha indicado al decir que nadie tiene un amor más grande que el que va hasta dar la vida por los amigos.

Además, enseña a sus discípulos que para salvar a los hombres no hay que arredrarse ante la lucha, sino aceptar con intrépida fortaleza el sufrir hasta la misma muerte. Hasta ese extremo límite llegó el gran amor de nuestro Salvador. Hablar de este modo, es simplemente incitar a sus discípulos a una intrepidez sobrenatural y vigorosa y al más alto grado de amor fraterno; es crear en ellos un ánimo generoso y poseído por el amor, elevarlos a una caridad invicta e invencible, pronta a dar todo lo que a Dios pluguiere. Pablo demostró tener este temple, cuando dijo: Para mí la vida es Cristo, y una ganancia el morir. Y añadía: ¿Quién podrá apartarnos del amor de Cristo?: ¿la aflicción?, ¿la angustia?, ¿la persecución?, ¿el hambre?, ¿la desnudez?, ¿el peligro?, ¿la espada? ¿Oyes cómo no hay nada que pueda separarnos del amor de Cristo? Y si apacentar el rebaño y los corderos de Cristo es amarle a él, ¿cómo no va a ser evidente de toda evidencia que el apóstol, predicador de la salvación a quien no conoce a Dios, deberá ser superior a la muerte y a las persecuciones y considerar una nonada cualquiera dificultad?

No sois vosotros los que me habéis elegido, soy yo quien os he elegido; y os he destinado para que vayáis y deis fruto, y vuestro fruto dure. Revestíos de mutuo amor, discípulos míos. Vosotros mismos debéis gustar estas cosas llevándolas a la práctica, y hacer unos por otros con ferventísimo deseo y esforzado ánimo, todo cuanto primeramente he hecho yo con vosotros. Yo os he elegido, no vosotros a mí. Con inaudita bondad y gran generosidad me he revelado a vosotros que no me conocíais, y os he conducido a una tan grande constancia y firmeza de ánimo, para que podáis caminar y progresar siempre hacia lo mejor y dar fruto para Dios; os he dado una confianza tan grande, de modo que todo lo que pidáis en mi nombre, estad seguros que lo recibiréis.

Por eso, si seguís las huellas que os he señalado con mis palabras y con mi manera de actuar, si estáis llenos de aquel espíritu que conviene a los verdaderos y legítimos discípulos, no debéis contemporizar esperando que alguien venga por sí mismo a la fe y al culto de Dios, sino que debéis ofreceros como guías a los que todavía no conocen a Dios y están en el error, o aún no han espontáneamente aceptado la predicación de la salvación. Conviene que vosotros los exhortéis con calor a profundizar, mediante una plena comprensión, el verdadero conocimiento de Dios, aunque se irrite el ánimo de los oyentes, persistiendo en la incredulidad. De este modo, también ellos acabarán haciendo como vosotros, esto es, avanzarán por el buen camino y, progresando en el bien, volverán a producir en Dios frutos vitales y duraderos. De manera que sus plegarias, gratas y aceptas a Dios, conseguirán lo que piden, si lo piden en mi nombre.”

Pidamos a nuestra Madre Santísima la gracia de cumplir los mandamientos. A.M.D.G.

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