23/11/2024
Hace unos días, en uno de los encuentros de nuestra congregación. Compartíamos sobre la historia de Daniel y sus amigos. Hablábamos de que ellos se determinaron a no comer de los manjares que le ofrecía el rey y alimentarse de legumbres.
Los manjares del rey, representan los ofrecimientos del sistema, los placeres que el mundo promete saciar, deseables para los sentidos, atracción para las áreas de nuestras almas que aún no entregamos al gobierno del Espíritu; y las legumbres representa el evangelio, que muchas veces es amargo, que implica morir a los impulsos de nuestro cuerpo y los anhelos de nuestras emociones, las legumbres, son las decisiones tomadas para agradar a Dios y no a nosotros o a los demás, es renunciar a los proyectos que Dios no diseñó, es entregar nuestro tiempo y recursos para beneficio de Su obra en vez de para nuestros caprichos. Es renuncia a lo vano de lo temporal, a lo efímero de lo inmediato.
¿Pero, cual es la razón por la que 4 jóvenes, bellos, inteligentes y preparados, elegidos de entre muchos por el rey, no ceden ante esos encantos por los cuales cualquier persona abandonaría sus convicciones sin dudarlo?
¿Cuál es la razón por la que muchos de nosotros elegimos la austeridad del evangelio, que nos invita a renunciar y a morir a nosotros mismos?
Dice el libro de Daniel en el capítulo 1, versículo 15 que después de comer solo legumbres por 10 días, ellos estaban más robustos y tenían mejor semblante que aquellos que sí habían comido de los manjares del rey.
La diferencia entre los jóvenes que se abstuvieron a los manjares, con aquellos que sí los comieron, fue la vida que por resultado de esa alimentación que fluía de ellos.
No tenemos que pagar un precio para recibir la vida de Dios, es una riqueza que nos pertenece por herencia. Pero sí lo debemos hacer para disfrutarla, para expresarla, para que deje de ser teoría en un papel, para que sea una vida que podamos disfrutar, compartir y multiplicar.
En Isaías 53:2 dice que a Jesús lo veremos sin atractivo para que no le deseemos con nuestros sentidos.
Porque los sentidos son temporales, los deseos del alma, van y vienen, porque la belleza de lo eterno no se puede apreciar con los sentidos, ni con el cuerpo, sino con la plenitud del Espíritu y desde allí se vivencia en nuestro ser integral.
Así como Daniel y sus amigos, nosotros tenemos que elegir que comida vamos a consumir, ya que de esta decisión depende lo que vamos a expresar.
Con quienes nos relacionamos, que es lo que vemos, escuchamos, a qué le dedicamos tiempo, en que gastamos nuestro dinero, en que conversaciones nos involucramos…
La vida se trata de determinarse a quien vamos a obedecer, si a la invitación del sistema o a la propuesta del propósito eterno.