15/02/2021
“Pero yo, oh SEÑOR, en ti confío; digo: Tú res mi Dios. En tu mano están mis años”. Salmo 31:14-15 (BLA)
Daniel, el profeta, habló y dijo: “Sea el nombre de Dios bendito por los siglos de los siglos, porque la sabiduría y el poder son de Él. Él es quien cambia los tiempos y las edades; quita reyes y pone reyes; da sabiduría a los sabios, y conocimiento a los entendidos” (Daniel 2:20-21).
Una persona sabia, dijo Jesús, ‘es aquella que escucha y pone por obra la inspirada y viva Palabra de Dios’. Y los resultados de esta acción son tremendos, porque a pesar de las adversidades que una persona tenga que enfrentar, al hacer lo que Dios dice en Su Palabra sale victoriosa de cada una de ellas.
Quizás nos enfrentemos a enemigos que quieran robarnos la reputación, el trabajo, o quizás el aumento que merecíamos. A lo mejor hay enemigos que pretenden influenciar a nuestros hijos con ideas que no provienen de Dios, y de ese modo llevárselos con ellos por malos caminos. Pero algo que sus enemigos –aquellos que desean perjudicar su vida -no pueden robar ni destruir, ¡es su confianza en Dios!
Mantente firme en la fe, y cimentado en esta revelación; que el Señor es tu Dios todopoderoso, y que ’tus días, tus años, tus horas en este mundo, están en las manos del Señor’. Tú le perteneces a Él, y Él te pertenece a ti. Dios es tu Padre, y tú eres Su hijo.
Él, el Señor, en cuyas manos está cada instante de nuestra existencia, es por siempre jamás nuestro Dios. Por eso, ¡entremos confiadamente a Su presencia!, acerquémonos a Él con fe, y pidámosle Su intervención en todos nuestros asuntos, Su ayuda y fortaleza, y digámosle como el salmista: “Oh, Señor, yo en Ti confío; y con toda seguridad declaro que ¡Tú eres mi Dios! Amén”.
Lectura congregacional: 1 Samuel 11-13