25/08/2026
MARTES DE LA XXI SEMANA DEL TIEMPO ORDINARIO, feria
Si las Laudes empiezan con el Invitatorio se omite la siguiente invocación y se dice el himno.
Invocación inicial
V.Dios mío, ven en mi auxilio.
R.Señor, date prisa en socorrerme.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén. Aleluia.
I [II]
Al canto de los gallos
viene la aurora;
los temores se alejan
como las sombras.
¡Dios, Padre nuestro,
en tu nombre dormimos
y amanecemos!
Como luz nos visitas,
Rey de los hombres,
como amor que vigila
siempre de noche;
cuando el que duerme
bajo el signo del sueño
prueba la muerte.
Del sueño del pecado
nos resucitas,
y es señal de tu gracia
la luz amiga.
¡Dios que nos velas!,
tú nos sacas por gracia
de las tinieblas.
Gloria al Padre y al Hijo,
gloria al Espíritu,
al que es paz, luz y vida,
al Uno y Trino;
gloria a su nombre
y al misterio divino
que nos lo esconde. Amén.
O bien:
II [II]
Negras nubes, negras sombras van huyendo,
y un blanco torbellino resplandece.
Mi lengua se desata y canta, alegre,
al sol que esplendoroso brilla y vence.
Se acabaron el luto y las lágrimas
pues ya no hay más motivo para el llanto;
el Señor renació de su sepulcro
y su vida desplegó abrigado manto.
La savia se despierta, viva y fuerte,
las flores abren amplios sus capullos;
la muerte, avergonzada hace silencio
y el mundo canta alegre y con orgullo.
Gloria a Dios, Padre nuestro providente,
que pusiste en Jesucristo, tu morada;
caminemos por la fuerza de su Espíritu
y alabemos con un alma enamorada. Amén.
Salmodia
Ant. 1.
El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Cuando en el Invitatorio se ha dicho el salmo 23 (24), aquí se dice el salmo 94 (95), que se encuentra más abajo.
Salmo 23 (24)
Entrada del Señor en su templo
Las puertas del cielo se abren ante Cristo
que, como hombre, sube al cielo (San Ireneo).
Del Señor es la tierra y cuanto la llena,
el mundo, y todos sus habitantes:
él la fundó sobre los mares,
él la afianzó sobre los ríos.
¿Quién puede subir al monte del Señor?
¿Quién puede estar en el recinto sagrado?
El hombre de manos inocentes, y puro corazón,
que no confía en los ídolos
ni jura contra el prójimo en falso.
Ese recibirá la bendición del Señor,
le hará justicia el Dios de salvación.
Este es el grupo que busca al Señor,
que viene a tu presencia, Dios de Jacob.
¡Puertas!, alcen los dinteles,
levántense puertas eternas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, héroe valeroso;
el Señor, héroe de la guerra.
¡Puertas!, alcen los dinteles,
levántense puertas eternas:
va a entrar el Rey de la gloria.
¿Quién es ese Rey de la gloria?
El Señor, Dios de los ejércitos:
él es el Rey de la gloria.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
O bien, si el salmo 23 (24) se ha dicho en el Invitatorio, se dice el
Salmo 94 (95)
Invitación a la alabanza divina
Anímense mutuamente cada día,
mientras dure este «hoy» (Hb 3, 13).
¡Vengan, adoremos al Señor,
aclamemos a la Roca que nos salva!
entremos en su presencia dándole gracias,
aclamándolo con cantos.
Porque el Señor es un Dios grande,
soberano de todos los dioses:
tiene en sus manos los abismos de la tierra,
y son suyas las cumbres de los montes;
suyo es el mar, porque él lo hizo,
y la tierra firme que modelaron sus manos.
¡Vengan, postrémonos por tierra
bendiciendo al Señor que nos creó!
Porque él es nuestro Dios,
y nosotros, su pueblo,
el rebaño que él guía.
Ojalá escuchen hoy la voz del Señor:
«No endurezcan el corazón como en Meribá,
como el día de Masá en el desierto:
cuando sus padres me pusieron a prueba,
y dudaron de mí, aunque habían visto mis obras.
Durante cuarenta años
aquella generación me disgustó, hasta que dije:
“Es un pueblo de corazón extraviado,
que no reconoce mi camino”.
Por eso he jurado en mi indignación
que no entrarán en mi descanso».
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El hombre de manos inocentes y puro corazón subirá al monte del Señor.
Ant. 2.
Ensalcen con sus obras al Rey de los siglos.
Cántico
Tb 13, 1-10
Esperanza de Israel en Babilonia
Bendito sea Dios, el Padre de nuestro Señor Jesucristo,
que en su gran misericordia, nos hizo renacer, por la resurrección de Jesucristo,
a una esperanza viva (1 Pe 1, 3).
Bendito sea Dios, que vive eternamente,
y cuyo reino dura por los siglos:
él azota y se compadece;
hunde hasta el abismo y saca de él,
y no hay quien escape de su mano.
Denle gracias, israelitas, ante los gentiles,
porque él nos dispersó entre ellos.
Proclamen allí su grandeza,
ensálcenlo ante todos los vivientes:
que él es nuestro Dios y Señor,
nuestro Padre por todos los siglos.
Él los azota por sus delitos,
pero se compadecerá de todos ustedes,
y los congregará de entre las naciones
por donde están dispersados.
Si vuelven a él de todo corazón y con toda el alma,
siendo sinceros con él,
él volverá a ustedes
y no les ocultará su rostro.
Verán lo que hará con ustedes,
le darán gracias en voz alta,
bendecirán al Señor de la justicia
y ensalzarán al rey de los siglos.
Yo le doy gracias
en mi cautiverio,
anuncio su grandeza y su poder
a un pueblo pecador.
¡Conviértanse, pecadores,
obren rectamente en su presencia!
quizá les mostrará benevolencia
y tendrá compasión.
Ensalzaré a mi Dios, al rey del cielo,
y me alegraré de su grandeza.
Que todos alaben al Señor
y le den gracias en Jerusalén.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
Ensalcen con sus obras al Rey de los siglos.
Ant. 3.
El Señor merece la alabanza de los buenos.
Salmo 32 (33)
Himno a la providencia de Dios
Todas las cosas fueron hechas
por medio de la Palabra (Jn 1, 3).
Aclamen, justos, al Señor,
que merece la alabanza de los buenos.
Den gracias al Señor con la cítara,
toquen en su honor el arpa de diez cuerdas;
cántenle un cántico nuevo,
acompañando la música con aclamaciones:
que la palabra del Señor es sincera,
y todas sus acciones son leales;
él ama la justicia y el derecho,
y su misericordia llena la tierra.
La palabra del Señor hizo el cielo;
el aliento de su boca, sus ejércitos;
encierra en un cántaro las aguas marinas,
pone en un depósito el océano.
Tema al Señor la tierra entera,
tiemblen ante él los habitantes del orbe:
porque él lo dijo, y el mundo existió,
él lo mandó, y todo subsiste.
El Señor deshace los planes de las naciones,
frustra los proyectos de los pueblos;
pero el plan del Señor subsiste por siempre,
los proyectos de su corazón, de edad en edad.
Dichosa la nación cuyo Dios es el Señor,
el pueblo que él escogió como su herencia.
El Señor mira desde el cielo,
se fija en todos los hombres;
desde su morada observa
a todos los habitantes de la tierra:
él modeló el corazón de cada uno,
y comprende todas sus acciones.
No vence el rey por su gran ejército,
no escapa el soldado por su mucha fuerza,
de nada sirven sus caballos para la victoria,
ni por su gran ejército se salva.
Los ojos del Señor están puestos en sus fieles,
en los que esperan en su misericordia,
para librar sus vidas de la muerte
y reanimarlos en tiempo de hambre.
Nosotros esperamos en el Señor:
él es nuestro auxilio y escudo;
con él se alegra nuestro corazón,
en su santo nombre confiamos.
Que tu misericordia, Señor, venga sobre nosotros,
como lo esperamos de ti.
Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
Como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El Señor merece la alabanza de los buenos.
Lectura breve
Rm 13, 11b. 12-13a
Ya es hora de despertarse, porque la salvación está ahora más cerca de nosotros que cuando abrazamos la fe. La noche está muy avanzada y se acerca el día. Abandonemos las obras propias de la noche y vistámonos con la armadura de la luz. Como en pleno día, procedamos dignamente.
Responsorio
V.Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo.
R.Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo.
V.Mi alcázar, mi libertador.
R.En que me amparo.
V.Gloria al Padre, y al Hijo, y al Espíritu Santo.
R.Dios mío, mi escudo y peña en que me amparo.
Cántico evangélico
Ant.
El Señor nos ha suscitado una fuerza de salvación según lo había predicho por boca de sus santos profetas.
Cántico de Zacarías
Lc 1, 68-79
El Mesías y su Precursor
Bendito sea el Señor, Dios de Israel,
porque ha visitado y redimido a su pueblo,
suscitándonos una fuerza de salvación
en la casa de David, su servidor,
como lo había predicho desde antiguo
por boca de sus santos profetas.
Es la salvación que nos libra de nuestros enemigos
y de la mano de todos los que nos odian;
ha realizado así la misericordia
que tuvo con nuestros padres,
recordando su santa alianza
y el juramento que juró a nuestro padre Abraham.
Para concedernos que, libres de temor,
arrancados de la mano de los enemigos,
le sirvamos con santidad y justicia,
en su presencia, todos nuestros días.
Y a ti, niño, te llamarán profeta del Altísimo,
porque irás delante del Señor
a preparar sus caminos,
anunciando a su pueblo la salvación
y el perdón de sus pecados.
Por la entrañable misericordia de nuestro Dios,
nos visitará el sol que nace de lo alto,
para iluminar a los que viven en tiniebla
y en sombra de muerte,
para guiar nuestros pasos
por el camino de la paz.
Gloria al Padre, y al Hijo,
y al Espíritu Santo;
como era en el principio, ahora y siempre,
por los siglos de los siglos. Amén.
Ant.
El Señor nos ha suscitado una fuerza de salvación según lo había predicho por boca de sus santos profetas.
Preces para consagrar a Dios el día y el trabajo
V.Ya que hemos sido llamados a participar de una vocación celestial, bendigamos por ello a Jesús, el pontífice de nuestra fe, y supliquémosle, diciendo:
R.Escúchanos, Señor.
1.Señor Jesús, que por el bautismo has hecho de nosotros un sacerdocio real,
—
haz que nuestra vida sea un continuo sacrificio de alabanza.
2.Ayúdanos, Señor, a guardar tus mandatos,
—
para que, por la fuerza del Espíritu Santo, nosotros permanezcamos en ti, y tú en nosotros.
3.Danos tu sabiduría eterna,
—
para que permanezca con nosotros e inspire todas nuestras tareas.
4.Concédenos ser la alegría de cuantos nos rodean
—
y fuente de esperanza para los decaídos.
Pueden añadirse intenciones particulares que concluyen con la respuesta propuesta más arriba.
Oración dominical
V.Como hijos que somos de Dios, dirijámonos a nuestro Padre con la oración que Cristo nos enseñó:
Padre nuestro, que estás en el cielo,
santificado sea tu Nombre;
venga a nosotros tu reino;
hágase tu voluntad en la tierra
como en el cielo.
Danos hoy nuestro pan de cada día;
perdona nuestras ofensas,
como también nosotros perdonamos
a los que nos ofenden;
no nos dejes caer en la tentación
y líbranos del mal.
Oración conclusiva
V.Escucha, Señor, nuestra oración matutina y con la luz de tu misericordia alumbra la oscuridad de nuestro corazón: para que, habiendo sido iluminados por tu claridad, no andemos nunca tras las obras de las tinieblas. Por nuestro Señor Jesucristo, tu Hijo, que vive y reina contigo en la unidad del Espíritu Santo y es Dios, por los siglos de los siglos.
R.Amén.
Conclusión
1.En la recitación individual, o si el que preside no es un ministro ordenado, se concluye:
V.El Señor nos bendiga,
nos guarde de todo mal
y nos lleve a la vida eterna.
R.Amén.
2.Si el que preside es un ministro ordenado, bendice al pueblo diciendo:
V.El Señor esté con ustedes.
R.Y con tu espíritu.
V.La paz de Dios,
que supera todo lo que podemos pensar,
custodie sus corazones y sus pensamientos
en el conocimiento y en el amor de Dios
y de su Hijo Jesucristo, nuestro Señor.
R.Amén.
V.Y la bendición
de Dios todopoderoso,
del Padre, del Hijo
V.+
V.y del Espíritu Santo,
descienda sobre ustedes
y permanezca para siempre.
R.Amén.
Si se despide a la asamblea se añade:
Pueden ir en paz.
R.Demos gracias a Dios.