27/08/2026
En mi angustia invoqué a Jehová, y clamé a mi Dios. Él oyó mi voz desde su templo, y mi clamor llegó delante de él, a sus oídos" (Salmo 18:6).
Todos, en algún momento de nuestras vidas, experimentamos algo que nos genera angustia. La angustia es un “sentimiento profundo de intranquilidad o inquietud por algo desagradable o un peligro determinado”. Pero también hay personas que se sienten angustiadas y no saben explicar el porqué. Sin duda, estamos de acuerdo en que la vida está llena de vicisitudes; es decir, que se alternan sucesos buenos y malos. Cuando pasamos por aquellos que consideramos buenos, todo tiende a estar bien; pero el problema está en cómo enfrentamos los tiempos malos.
El Salmista nos da un excelente recurso: invocar a Dios en medio de nuestra angustia, con la certeza de que Él nos oirá y nos responderá, llevándose además toda carga, derramando paz, enjugando toda lágrima y haciéndonos descansar, porque sabemos que todo está en control, y que a nuestro Dios nada se le escapa. Él es nuestro juez justo y soberano; por encima de toda injusticia actuará a nuestro favor, trayendo el bien que tanto necesitamos y esperamos.
Desafío: Si hoy estás angustiado por alguna circunstancia, te propongo que busques a Dios; derrama tu corazón delante de Él y Él oirá y responderá lo que sea mejor para tu vida. Y si no entiendes qué te sucede, de todas maneras, entrégale ese sentimiento al Señor. Solo prueba.