18/05/2026
IGLESIA CASA DE DIOS
PASTORES GUSTAVO ALMIRÓN Y ROCÍO TELECHA DE ALMIRÓN
AÑO DE LOS HACEDORES DE HISTORIA
TÍTULO: HACEDORES DE HISTORIA. METAS PERSONALES: EL CUERPO.
Hemos venido hablando sobre el orden correcto: el espíritu gobierna, el alma se somete y el cuerpo obedece.
1 Corintios 6:19-20 (NBV)
«¿No saben que el cuerpo es templo del Espíritu Santo, que Dios les dio, y que el Espíritu habita en ustedes? Ustedes no son sus propios dueños, porque Dios nos compró a gran precio. Por tanto, honren con su cuerpo a Dios».
Nuestro cuerpo fue diseñado para ser la morada del Espíritu Santo. La Palabra es clara: no somos nuestros propios dueños. Cuando compramos algo, decidimos cómo usarlo; pero con nuestro cuerpo, a veces actuamos como si nos perteneciera por completo. Muchos preguntan: «¿Está bien o mal hacerse un tatuaje?». La respuesta es simple: pregúntale a tu Dueño.
Dios nos enseña que el cuerpo no fue creado para el pecado, la inmoralidad ni la destrucción. Fue creado para Dios, para albergar su presencia y para obedecer al Espíritu, no a la carne.
1. EL CUERPO SIN EL ESPÍRITU
Romanos 6:6 (RVR 1960)
«...sabiendo esto, que nuestro viejo hombre fue crucificado juntamente con él, para que el cuerpo del pecado sea destruido, a fin de que no sirvamos más al pecado».
Cuando el espíritu no gobierna al cuerpo, la carne toma el control. En nuestra vieja naturaleza solo sabíamos pecar. En cambio, cuando el Espíritu Santo nos gobierna, no hace falta preguntar qué está bien o mal; el Diseñador vive en nosotros y nos guía, tal como un arquitecto conoce perfectamente la obra que él mismo dibujó.
Si recibimos a Cristo, fuimos crucificados con Él. Quien está mu**to ya no hace su propia voluntad. Muchas personas se han apartado porque prefieren hacer lo que quieren en lugar de lo que Dios pide; no han entendido lo que significa morir a uno mismo. Para romper el dominio del pecado debemos tomar nuestra cruz cada día.
Sin el gobierno del Espíritu Santo, el cuerpo termina sirviendo al pecado. El alma se llena de maldad y usa la boca, los ojos y las manos para ejecutarla.
Gálatas 5:19-21 (TLA)
«Todo el mundo conoce la conducta de los que obedecen a sus malos deseos: no son fieles en el matrimonio, tienen relaciones sexuales prohibidas, muchos vicios y malos pensamientos. Adoran a dioses falsos, practican la brujería y odian a los demás. Se pelean unos con otros, son celosos y se enojan por todo. Son egoístas, discuten y causan divisiones. Son envidiosos, se emborrachan, y en sus fiestas hacen locuras y muchas cosas malas. Les advierto... que los que hacen esto no formarán parte del reino de Dios».
Las obras de la carne solo traen destrucción. Los vicios deterioran la salud física: la droga nubla la mente, la nicotina destruye los pulmones y la inmoralidad destruye los matrimonios. El cuerpo solo tiene dos opciones: obedece al pecado o obedece al Espíritu Santo.
Fijémonos en David: un hombre que, lleno del Espíritu, venció al gigante Goliat en el nombre de Jehová. Sin embargo, tiempo después se descuidó, dejó de buscar la presencia de Dios y, en un momento de ocio, arruinó su vida y destruyó a una familia. Nadie puede dominar su cuerpo por sus propias fuerzas. Un día sin orar, sin leer la Palabra y sin buscar a Dios, es un día donde nuestra batería espiritual se agota. Podemos fingir, pero los resultados saltarán a la vista.
Romanos 8:6 (RVR 1960)
«Porque el ocuparse de la carne es muerte...»
El pecado mata relaciones, matrimonios, ministerios e iglesias. Una ciudad que se rinde a la carne termina corrompida. Pero hoy se levanta una Iglesia que confronta el pecado, que se arrepiente y decide seguir al Espíritu. Dios es la única salida para este mundo. Si dejamos que la carne nos domine, fracasaremos; pero si a partir de hoy le damos el lugar al Espíritu Santo, lo que viene será poderoso y veremos cumplidas nuestras metas familiares, económicas y ministeriales.
2. EL CUERPO CON EL ESPÍRITU
Joel 2:28 (RVR 1960)
«Y después de esto derramaré mi Espíritu sobre toda carne...»
Dios está preparando algo glorioso para su Iglesia: un tiempo nuevo donde ya no nos gobernará lo que trae muerte, sino lo que produce vida.
Gálatas 5:22-23 (NBV)
«En cambio, este es el fruto que el Espíritu produce en nosotros: amor, gozo, paz, paciencia, benignidad, bondad, fidelidad, humildad y dominio propio. No hay ley que condene estas cosas».
Cuando abrimos el corazón al Espíritu Santo, todo mejora: las familias, la iglesia, la economía y la sociedad. Es tiempo de declarar: «Mi casa, mi familia, mi negocio y mi ministerio serán gobernados por el Espíritu Santo».
El Espíritu Santo no solo transforma tu interior, también cambia la forma en que vives en tu cuerpo. Un cuerpo rendido a Dios se convierte en un instrumento de vida y salud. Las enfermedades provocadas por la amargura y el estrés se van bajo su poder.
Jesús mismo, en su momento más difícil, rindió su voluntad al Padre y aceptó morir. Muchas veces decimos «que se haga tu voluntad», pero queremos que se haga la nuestra. Cuando decidimos morir a nuestros deseos, se quiebra el dominio de la carne y opera el dominio propio. La carne siempre tendrá deseos contrarios, pero cuando estamos llenos del Espíritu, nuestro mayor deleite ya no es el pecado, sino habitar en su presencia, ayunar, orar y servirle. El mundo no lo entiende, pero quien vive gobernado por el Espíritu es plenamente feliz sirviendo al Señor: estamos crucificados al pecado, pero completamente vivos para Dios.