17/08/2026
IGLESIA CASA DE DIOS
(ÁNGELES DEL PUENTE)
PASTORES GUSTAVO ALMIRÓN Y ROCÍO TELECHEA DE ALMIRÓN.
”METAS FAMILIARES: FAMILIAS QUE CUIDAN SU CORAZÓN"
Hay integrantes en la familia que parecen no tenerlo, pero sí tienen corazón, aunque las circunstancias de la vida lo hayan endurecido. Dios viene hablándonos este mes de agosto sobre las metas familiares. El primer domingo reflexionamos sobre familias que perdonan y restauran; la semana pasada, sobre familias que pelean por sus casas. A menudo asociamos esto con el trabajo que realizamos en el puente, el cual muchos llaman prevención del suicidio.
Pero ¿cómo prevenimos antes de tener que perdonar? ¿Cómo trabajamos no en restaurar una relación, sino en no romperla directamente?
Proverbios 4:23 (RVC)
23 Cuida tu corazón más que otra cosa, porque él es la fuente de la vida.
A veces cuidamos el celular, el televisor, la mesa, los artículos de la casa, la puerta, las luces o la moto. La Palabra nos habla de cuidar el corazón porque de él mana la fuente de la vida. Sin embargo, a menudo es en el interior de nuestros hogares donde descuidamos el corazón.
Vamos a aprender no a dejar de decirnos las cosas, sino a saber cómo decirlo para no llegar al extremo de tener que perdonar heridas profundas. No somos perfectos y en algún momento podemos dañar al hablar, pero es muy diferente cuando lastimamos a propósito. Podemos perdonar discusiones o malosentendidos, pero perdonar traiciones, violencia o agresiones verbales y físicas cuesta mucho más. ¿Por qué llegar al punto de restaurar relaciones después de años de estar rotas, cuando pudimos haber cuidado nuestro corazón?
Podemos tener una casa protegida por fuera ("que nadie hable de mi familia, de mis hijos, de mis padres"), pero con corazones heridos por dentro. Cuidamos lo material —lo que con tanto esfuerzo nos costó tener, lo cual no está mal—, pero descuidamos el corazón de nuestros hijos o de nuestro cónyuge bajo la premisa de que "ya tienen que entender".
Muchas veces nos preocupamos por la alimentación de nuestros hijos o por cómo les va en el colegio, pero muy pocas veces nos sentamos a preguntarles cómo están. La Palabra nos dice que cuidemos el corazón porque este determina todo lo que nos sucede en la vida y las decisiones que tomamos:
Un corazón herido produce aislamiento.
Un corazón resentido produce amargura.
Un corazón no escuchado busca ser escuchado en lugares equivocados.
Un corazón que no recibe amor busca donde no corresponde.
Por eso, además de perdonar, restablecer relaciones y cuidar nuestra casa, debemos cuidarnos a nosotros mismos y cuidar nuestro corazón.
1- FAMILIAS QUE NO CUIDAN EL CORAZÓN
2 Samuel 13:20-22 (NBV)
20 …Entonces Tamar se fue a vivir a la casa de su hermano Absalón, pero se mantenía muy triste.
21 Cuando el rey David oyó lo que había ocurrido, se enojó mucho.
22 Absalón, por su parte, no le dirigía la palabra a Amnón, pues sentía odio hacia él por lo que le había hecho a su hermana…
Vemos aquí una hija que vivía en tristeza, depresión y amargura tras un suceso familiar donde Amnón la lastimó. Teníamos una hermana aislada, hermanos que no se hablaban y un padre que solo se enojó pero no actuó con firmeza para unir a su familia ni ejerció su rol de líder. Una familia que no habla, que no trata las situaciones y que no cuida su corazón irá de mal en peor.
•Causas por las que dejamos de cuidar el corazón:
Falta de tiempo: Estamos tan ocupados resolviendo asuntos que dejamos de escuchar a las personas.
Falta de comunicación: Todos viven bajo el mismo techo, pero nadie sabe realmente cómo está el otro.
No poner límites: Confundimos el amor con permitirlo todo.
No confrontar los problemas: Pensamos que "ya se le va a pasar", ignorando heridas que no desaparecen solas.
Heridas no resueltas: Un padre, un matrimonio o un hijo herido terminan proyectando su dolor en las próximas generaciones.
Comparaciones: "Tu hermano sí puede", "Tu hermana es más responsable". Una frase dura segundos en nuestra boca y años en el corazón de un hijo.
Más adelante, Dios tuvo que usar a un profeta para confrontar a David por lo que había hecho y tolerado. Su falta de límites y su incapacidad para cuidar el corazón de su familia trajeron resultados catastróficos.
•El resultado de no cuidar el corazón:
La herida se convierte en resentimiento.
El resentimiento se convierte en distancia.
La distancia se convierte en indiferencia.
La indiferencia se convierte en ruptura.
Las grandes crisis familiares no surgen de grandes problemas repentinos, sino de pequeños problemas no resueltos.
2- FAMILIAS QUE CUIDAN EL CORAZÓN
Efesios 4:32 (Nueva Traducción Viviente)
32 Por el contrario, sean amables unos con otros, sean de buen corazón, y perdónense unos a otros, tal como Dios los ha perdonado a ustedes por medio de Cristo.
Tres palabras clave nos ayudan a cuidarnos: amabilidad, misericordia y respeto. Cuando sufrimos pequeñas heridas por palabras dichas en momentos de enojo, el problema no es que ocurran —somos imperfectos—, sino dejar pasar el tiempo sin hablar, sin tratar el tema, sin confrontar y sin ceder.
•¿Cómo cuidamos el corazón?
Escuchar: A veces la persona enfrente no necesita una solución inmediata, sino saber que papá, mamá, su esposo, esposa o hermano realmente lo escuchan y que en esa familia se puede hablar.
Hablar: Crear espacios para preguntar: ¿Cómo estás? ¿Qué te preocupa? ¿Hay algo en lo que te haya lastimado?
Corregir: La corrección no busca humillar ni descargar nuestra bronca, sino formar el corazón del hijo y enseñar.
Perdonar: Enseñar a decir: "Me equivoqué", "Perdoname", "Te perdono".
Orar por el corazón (El altar familiar): Hay cosas que podemos enseñar, pero solo Dios puede transformar el corazón. Orar diciendo: “Señor, guarda el corazón de mi familia, sana nuestras heridas y danos sabiduría para que no arrastremos este dolor a la próxima generación”.
El resultado de cuidar el corazón:
Una casa donde se puede hablar.
Un matrimonio donde existe confianza.
Hijos que saben a dónde acudir ante un problema.
Una familia donde se corrigen los errores sin destruir a la persona.
Un hogar donde reinan el perdón y la oración, y los hijos no tienen que esconder sus luchas.
Salmos 112:1-2 (Reina-Valera 1960)
1 Bienaventurado el hombre que teme a Jehová, Y en sus mandamientos se deleita en gran manera.
2 Su descendencia será poderosa en la tierra; La generación de los rectos será bendita.