21/04/2026
Bendiciones, santos hermanos. En este día martes Dios quiere hablarnos a través de esta Palabra. A veces vivimos tan apurados, tan metidos en lo nuestro, que sin darnos cuenta terminamos haciendo lo que nosotros queremos sin preguntarle a Dios qué es lo que El quiere, y lo que El quiere es lo mejor. Pero hoy el Señor nos llama a detenernos un momento y escuchar lo que Él tiene para decirnos, porque su voz siempre nos guía al camino correcto.
En Mateo 16:24-25 nos dice: "Si alguno quiere venir en pos de mí, niéguese a sí mismo, tome su cruz y sígame. Porque todo el que quiera salvar su vida, la perderá; y todo el que pierda su vida por causa de mí, la hallará.”
Jesús empieza diciendo “si alguno quiere”. Es una invitación. Pero esa decisión tiene un camino claro: negarse a uno mismo. Y eso Es aprender a no hacer siempre lo que uno quiere, sino empezar a hacer lo que Dios quiere.
Esto tiene que ver con lo que Jesús mismo vivió. En Lucas 22:42 nos dice:
“Padre, si quieres, pasa de mí esta copa; pero no se haga mi voluntad, sino la tuya.”
Jesús, aun sabiendo el sufrimiento que venía, eligió la voluntad del Padre. Esto nos enseña que negarse a uno mismo no es fácil, pero es el camino correcto. Muchas veces vamos a tener que elegir entre lo que queremos y lo que Dios quiere, y ahí se prueba nuestro corazón.
Luego Jesús dice: “tome su cruz”. En ese tiempo, la cruz era muerte. No era algo simbólico, era una entrega total. Tomar la cruz es decidir dejar atrás la vieja manera de vivir: el orgullo, el pecado, la autosuficiencia, Como dice Gálatas 2:20:
“Con Cristo estoy juntamente crucificado, y ya no vivo yo, mas vive Cristo en mí; y lo que ahora vivo en la carne, lo vivo en la fe del Hijo de Dios, el cual me amó y se entregó a sí mismo por mí.”
Esto significa que ya no vivimos para nosotros, sino para Él. Nuestra vida tiene un nuevo dueño, un nuevo propósito.
Y acá es donde esta palabra toca fuerte nuestra vida de servicio a Dios. Este domingo en la reunión compartíamos acerca de las coronas que vamos a recibir por serle fiel al Señor, y eso se relaciona directamente con esto. Porque esas coronas no vienen sin entrega, no vienen sin negarse, no vienen sin un proceso.
Servir a Dios de verdad implica muchas veces negarse: negarse al cansancio, a la comodidad, a hacer solo lo que me gusta. Implica dejar cosas, sacrificar tiempo, esfuerzo, incluso mis propios planes. El que quiere ser un siervo fiel tiene que entender que hay un costo. No siempre va a ser fácil, ni cómodo, ni reconocido. Pero Dios ve todo.
Como dice 1 Corintios 15:58:
“Así que, hermanos míos amados, estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor siempre, sabiendo que vuestro trabajo en el Señor no es en vano.”
Todo esfuerzo, todo sacrificio, todo lo que hacemos para Dios tiene valor eterno. Nada se pierde.
También en Juan 12:26 dice:
“Si alguno me sirve, sígame; y donde yo estuviere, allí también estará mi servidor. Si alguno me sirviere, mi Padre le honrará.”
Dios mismo promete honra para el que le sirve. Tal vez acá no siempre haya reconocimiento, pero Dios Nuestro Padre sí honra la fidelidad.
Jesús también nos enseña algo profundo:
“El que quiera salvar su vida, la perderá; y el que la pierda por causa de mí, la hallará.”
Cuando uno quiere guardarse, no sacrificarse, vivir cómodo, al final pierde el propósito. Pero cuando uno se entrega a Dios, aun con sacrificio, encuentra una vida guiada por Dios. Como dice: Romanos 12:1-2:
“Así que, hermanos, os ruego por las misericordias de Dios, que presentéis vuestros cuerpos en sacrificio vivo, santo, agradable a Dios, que es vuestro culto racional. No os conforméis a este siglo, sino transformaos por medio de la renovación de vuestro entendimiento, para que comprobéis cuál sea la buena voluntad de Dios, agradable y perfecta.”
Dios no quiere una parte, quiere toda nuestra vida.
Es como un jugador que quiere ganar un campeonato, pero no quiere entrenar, no quiere esforzarse, no quiere dejar ciertas cosas. Quiere el resultado, pero no el proceso. Nunca va a llegar lejos. En cambio, el que se disciplina, el que se esfuerza, el que se niega a muchas cosas por el objetivo, ese es el que alcanza la meta. Así también en la vida con Dios: si queremos ser siervos fieles, hay cosas que vamos a tener que dejar y procesos que vamos a tener que atravesar.
Seguir a Jesús no es fácil, pero vale la pena. Porque Él no solo nos llama, también nos sostiene. Nos da fuerzas cuando no tenemos, nos levanta cuando estamos cansados y nos acompaña en todo momento.
Por eso hoy, no tengas miedo de rendir tu vida a Dios. No tengas miedo de negarte a vos mismo para servirle. Porque todo lo que hagas para Él tiene recompensa.
Como dice Isaías 40:31:
“Pero los que esperan a Jehová tendrán nuevas fuerzas; levantarán alas como las águilas; correrán, y no se cansarán; caminarán, y no se fatigarán.”
Seguí adelante, firme, confiando en Dios. Porque cuando te entregás de verdad, cuando vivís para Él, no perdés… estás sembrando para una eternidad, y Dios te va a fortalecer en cada paso.
Bendiciones Para Todos Ps.Tom 🙏🏽 🙌🏽🫂❤️