21/04/2026
Hoy, a un año de su partida, elevamos nuestro corazón a Dios con gratitud por la vida del Papa Francisco, un pastor que nos recordó, con su testimonio, que la misericordia de Dios es más grande que cualquier pecado.
Su pontificado nos enseñó a mirar a los más pobres, a no olvidar a los que sufren y a vivir una fe cercana, humilde y encarnada en la realidad. Nos habló de un Dios que no se cansa de perdonar, de una Iglesia que debe salir al encuentro, y de un amor que siempre busca al que se ha perdido.
Hoy no solo recordamos su vida…
también hacemos oración por su alma.
Porque la Iglesia, como madre, no deja de interceder por sus hijos, confiando en que Dios, rico en misericordia, lo reciba en su Reino y le conceda contemplar su rostro eternamente.
Que este día no sea solo memoria, sino también invitación:
a vivir lo que él predicó,
a amar como él enseñó,
y a confiar, como él confió, en la infinita misericordia de Dios.
Que descanse en la paz del Señor.