07/08/2026
Muchas veces pensamos que los Pastores siempre están bien, porque son quienes oran por otros, aconsejan, animan y fortalecen la fe de quienes les rodean, pero pocas veces nos detenemos a pensar que también son seres humanos, con luchas, lágrimas, cansancio y necesidades.
Con frecuencia, el teléfono suena solo cuando alguien necesita una oración, un consejo, una visita o una ayuda urgente, pero son pocos los que llaman simplemente para preguntar: “¿Cómo está, Pastor? ¿De qué manera puedo orar por usted?”, pues muchos recuerdan al Pastor en medio de la crisis, pero lo olvidan cuando todo vuelve a estar bien.
Detrás de cada sermón de un Pastor hay horas de oración, estudio y preparación; detrás de cada palabra de ánimo hay batallas que muchas veces nadie conoce, y detrás de cada sonrisa puede haber un corazón que también necesita ser fortalecido por el Señor.
La Biblia nos enseña a honrar y a cuidar a quienes velan por nuestras almas, y no sólo debemos buscar a nuestros Pastores cuando tenemos una necesidad, sino también sostenerlos con nuestras oraciones, nuestro cariño, nuestro respeto y nuestro apoyo.
Hoy recordemos que los Pastores no necesitan admiración, sino amor sincero; que no necesitan perfección, sino comprensión, y que no necesitan ser tratados como si nunca se cansaran, sino como hermanos en Cristo que también necesitan ser animados.
Oremos por nuestros Pastores, agradezcamos su entrega y valoremos su servicio, porque mientras ellos cuidan del rebaño, también necesitan que el rebaño los cuide en amor:
“Obedeced a vuestros pastores, y sujetaos a ellos; porque ellos velan por vuestras almas, como quienes han de dar cuenta; para que lo hagan con alegría, y no quejándose, porque esto no os es provechoso.”
— Hebreos 13:17