09/04/2019
Un poco de info😉!!!
AMOR FIRME
Se le llama amor firme al tipo de afecto que es más apropiado y útil en las relaciones con adictos que están usando. Como familiares a veces el cariño puede evitar que pongamos límites adecuados para protegernos o para evitar colaborar con la conducta adictiva. Sin embargo el amor de la familia combinado de manera balanceada, con la firmeza necesaria para establecer límites saludables, es una herramienta vital en el proceso de convivir con un adicto activo.
¿Por qué mi hijo es adicto?, ¿Cómo es posible que sabiendo el daño que nos hace siga drogándose?, ¿Por qué es tan negativo? ¿Por qué me miente y vuelve a consumir? ¿Por qué es tan agresivo?…….
Estas y muchas otras preguntas se suelen hacer las personas que sufren la adicción en segunda persona, encarnadas en Padres, Hermanos, Familiares, Conocidos y Amigos en general, A ellos va dirigido este texto Con la única intención de ayudarles a entender como funciona el cerebro de una persona enferma de adicción, Comprendiendo el dolor que se siente al ver que la persona que mas quieres tira su vida y la vida de los que le rodean por la borda.
Las dr**as contienen sustancias químicas que infiltran el sistema de comunicación del cerebro perturbando el envío, la recepción y el procesamiento normal de información entre las células nerviosas. Hay por lo menos dos maneras que las dr**as pueden hacer esto: 1) imitando los mensajeros químicos naturales del cerebro y 2) sobreestimulando el “circuito de gratificación” del cerebro.
Algunas dr**as como la ma*****na y la he***na tienen una estructura similar a la de ciertos mensajeros químicos llamados neurotransmisores, que el cerebro produce de manera natural. Esta semejanza permite a las dr**as “engañar” a los receptores del cerebro y activar las células nerviosas para que envíen mensajes anormales.
Otras dr**as, como la co***na o la metanfetamina, pueden hacer que las células nerviosas liberen cantidades excesivamente altas de los neurotransmisores naturales (especialmente la dopamina) o pueden bloquear el reciclaje normal de estas sustancias químicas en el cerebro, lo cual es necesario para cortar el envío y la recepción de las señales entre las neuronas. El resultado es que el cerebro queda saturado de dopamina. La dopamina es un neurotransmisor que se encuentra en las regiones del cerebro que controlan el movimiento, las emociones, la motivación y las sensaciones placenteras. Normalmente, el sistema de gratificación responde a los comportamientos naturales relacionados con la sobrevivencia (como comer, pasar tiempo con los seres queridos, etc.), pero cuando es sobreestimulado por las dr**as psicoactivas produce efectos eufóricos. Esta reacción inicia un ciclo vicioso de refuerzo que “enseña” a las personas a repetir el comportamiento de abuso de dr**as que causó la gratificación.
Cuando una persona continúa abusando de las dr**as, el cerebro se adapta a estas oleadas abrumadoras de dopamina produciendo menos dopamina o disminuyendo el número de receptores de dopamina en el circuito de gratificación. El resultado es un menor impacto de la dopamina sobre el circuito de gratificación, lo que limita el placer que el usuario es capaz de derivar no sólo de las dr**as, sino también de acontecimientos en su vida que anteriormente le causaban placer. Esta disminución en el placer obliga al adicto a continuar abusando de las dr**as en un intento de recuperar la función normal de la dopamina. Además, ahora necesita consumir una cantidad mayor de la droga en un intento de elevar la función de la dopamina a su nivel normal inicial. Este efecto se conoce como tolerancia.
El abuso a largo plazo también causa cambios en otros sistemas y circuitos químicos del cerebro. El glutamato es un neurotransmisor que influye sobre el circuito de gratificación y la habilidad para aprender. Cuando el abuso de dr**as altera la concentración óptima del glutamato, el cerebro intenta compensar este desequilibrio, lo que puede deteriorar la función cognitiva. Los estudios de imágenes del cerebro de las personas drogadictas muestran cambios en las áreas del cerebro esenciales para el juicio, la toma de decisiones, el aprendizaje, la memoria y el control del comportamiento. En conjunto, todos estos cambios pueden hacer que el toxicómano busque y use las dr**as compulsivamente a pesar de conocer las consecuencias adversas, y hasta devastadoras, que conlleva su comportamiento. Ésta es la naturaleza destructiva de la adicción, donde la voluntad del que consume queda solapada por una necesidad implícita de seguir consumiendo sustancias psicoactivas para así poder encontrase mejor y por consiguiente dejar de sufrir.
El dejar de consumir es el primer paso, pero no suficiente. Se va pasando por diferentes fases en el período de desintoxicación de dr**as: del no puedo, con trabajo y ayuda, se pasará al no quiero. Y del no quiero, al no lo necesito para vivir…
Al igual que el adicto puede recuperarse y vivir una nueva vida, libre de adicciones y con una mejor calidad de vida, la familia tiene derecho y necesidad de recuperase.
La mayoría de las veces es primero un familiar el que toma conciencia del problema y da los primeros pasos en búsqueda de ayuda.
Al principio el codependiente esta tán obsesionado con ayudar a su adicto, que necesita apoyo para poder enfocarse en sí mismo y comenzar su proceso de recuperación.
Pronto será evidente para el codependiente, que sólo puede ayudar, si él mismo esta en recuperación, pues esta enfermedad afecta a toda la familia.