16/12/2020
La esperanza está íntimamente relacionada con la alegría interior. El cristiano, como es natural, ha de vivir como una persona normal de la calle, pero siempre con los ojos puestos en Cristo, que no falla nunca. Centremos nuestra mirada en Él, que todo lo puede, absolutamente todo, y no pongamos límites a nuestra esperanza. «En Él encontrarás mucho más de lo que puedes desear o pedir» (San Juan de la Cruz).
Frecuentemente perdemos la esperanza porque confiamos demasiado en nuestras fuerzas y no queremos reconocernos “enfermos”, necesitados de la mano sanadora del Señor.
No podemos desilusionarnos de Jesús por no cumplir con lo que nosotros esperamos que haga por nosotros. Él va más allá de todo lo que podemos esperar, curará nuestras necesidades y dolores, nos anuncia la buena nueva. Nos pide confianza y alegría, dejarnos en sus manos.
Vamos a pedirle al Señor también entonces, que nos ayude a vivir la alegría de este Jesús que vino que anuncia a los pobres la Buena Nueva, que sana, que cura, que incluye, que eleva y dignifica a su ambiente. Porque nosotros estamos llamados a ser signo de verdadera liberación en el ambiente que estemos. ¡No tengamos miedo de anunciar que Jesucristo es nuestro Señor!