22/02/2026
Por motivo de la Santa Cuaresma, la encíclica de Su Santidad Moran Mor Ignacio Efrén II, Patriarca de Antioquía, cabeza suprema de la Iglesia Siriana Ortodoxa de Antioquía en el mundo.
Extendemos nuestra bendición apostólica, nuestras benévolas oraciones y saludos a nuestros hermanos, Su Beatitud Mor Basilio José, Catolicos de la India, y a sus Eminencias los Metropolitanos; a nuestros hijos espirituales: Muy Reverendos Corepiscopos, Reverendos Sacerdotes, Monjes, Monjas, Diáconos, y a todo el bendito pueblo Siriano Ortodoxo en todo el mundo. Que la divina providencia los acoja por intercesión de la Virgen María, Madre de Dios, y de San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, y del resto de los Mártires y Santos. Amén.
"Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino" (Salmo 119: 105)
*La Sagrada Escritura en la Vida de la Iglesia y de los Fieles*
Amados en Cristo,
La palabra de Dios ha acompañado a la Iglesia a lo largo de todo su camino, sosteniendo su fe, configurando su culto y fortaleciendo su testimonio. Radiante como la estrella de Oriente, guía a los creyentes a través del transcurso del tiempo, permaneciendo como la fuente viva y autorizada que ilumina el sendero de la Iglesia. Como proclama el profeta David, el salmista: "Lámpara es a mis pies tu palabra, y luz para mi camino" (Salmo 119:105).
A medida que los tiempos cambian y el mundo evoluciona rápidamente, las personas de hoy se ven abrumadas por una abundancia de información, por lo cual la capacidad para discernir entre el bien y el mal se debilita cada vez más. En este contexto, el anhelo del alma se renueva por una palabra verdadera y fiel que toque el espíritu, penetre en las profundidades del corazón y restaure el sentido de la vida.
Ante esta realidad contemporánea, tanto el creyente como la Iglesia se enfrentan a una pregunta urgente: ¿Cuál es el lugar de la Sagrada Escritura hoy, y cómo continúa cumpliendo su papel en la vida del creyente?
Esta pregunta surge de la fe firme que la Iglesia ha atestiguado a través de los siglos. Ella ha recibido y preservado la Sagrada Escritura como un legado apostólico, para manifestar su acción perdurable y su papel esencial en la formación espiritual y bíblica del creyente.
Esta orientación espiritual se expresa de manera particular durante el tiempo de la Santa Cuaresma, un tiempo de arrepentimiento y retorno a las fuentes espirituales, en el cual la Sagrada Escritura se coloca en el corazón de la vida eclesial como fuente de guía y luz para la renovación.
*La Sagrada Escritura en la Vida de la Iglesia*
La grandeza y centralidad de la Santa Biblia en la Iglesia Siriana Ortodoxa de Antioquía son evidentes al ser la palabra viva, arraigada en el espíritu de la adoración y la liturgia, que impregna cada dimensión de la vida eclesial y actúa en el núcleo de la experiencia de fe de la Iglesia. De esta presencia viva fluye el papel fundamental de la Sagrada Escritura en la configuración de la identidad espiritual de la Iglesia y en la guía de su testimonio en el mundo. Preservada dentro de las oraciones, himnos y ritos sagrados, permanece como un manantial permanente para la formación y educación de sus hijos.
Dentro de esta Tradición Ortodoxa Apostólica, la Sagrada Escritura está inseparablemente unida a la vida de la Iglesia. El Evangelio es venerado en el corazón del culto, proclamado con reverencia y recibido como una proclamación vivificante, pues la Iglesia percibe en él la presencia de Cristo, la Palabra encarnada, obrando en ella, Quien continúa dirigiendo a Su pueblo y guiándolo a través de la historia.
*La Sagrada Escritura: Poder Transformador*
Aunque el lugar fundamental de la palabra divina en la vida de la Iglesia está bien establecido, el verdadero desafío es llevarla desde el contexto eclesial más amplio a la experiencia personal de cada creyente.
El creyente contemporáneo se enfrenta a un gran peligro espiritual: la distancia que puede surgir entre la abundancia de la palabra y su presencia real y fructífera en la vida. Esta realidad es claramente revelada por el Señor Jesucristo en la parábola del Sembrador (cf. Mateo 13:3–9, 18–23), donde la semilla es sembrada generosamente, pero el suelo no siempre está preparado para recibirla y dar fruto.
Aquí surge el peligro de acostumbrarse a oír la palabra sin permitir que toque el corazón o despierte la conciencia. La lectura se vuelve entonces rutinaria; su impacto en el corazón se debilita y las personas pierden la gracia del crecimiento, volviéndose incapaces de alcanzar la plena estatura de la madurez espiritual en Cristo.
Esto muestra la necesidad de una escucha más profunda que restaure la eficacia de la palabra en el corazón y en la vida. Cuando el mensaje divino se recibe con atención y humildad, la palabra echa raíces en el ser mismo de la persona humana, incluyendo la voluntad. La lectura de la Sagrada Escritura se convierte en una práctica viva que despierta el corazón y lo llama a la renovación. Mediante la escucha atenta, el corazón es guiado hacia la voz que ilumina, revela la verdad y da vida: "Yo soy el camino, la verdad y la vida" (Juan 14:6).
Así, la palabra conduce a la persona hacia la acción fructífera, la renovación continua y una forma de vida que da testimonio de la verdad.
*La Sagrada Escritura: De la Escucha a la Vida Fructífera*
La tradición eclesiástica siríaca antioqueña está arraigada en la profunda convicción de que la palabra divina es el criterio para la vida de fe. La eficacia de esta palabra se mide por la transformación que opera en el corazón y en el camino de la fe, trascendiendo los límites del conocimiento intelectual y la percepción mental. Desnuda los secretos del corazón y dirige la conducta de acuerdo con la voluntad salvífica de Dios, como declara el Apóstol Pablo: "Porque la palabra de Dios es viva y eficaz, y más cortante que toda espada de dos filos; penetra hasta partir el alma y el espíritu, las coyunturas y los tuétanos, y discierne los pensamientos y las intenciones del corazón" (Hebreos 4:12).
Al entrar la Iglesia en el bendito tiempo de la Santa Cuaresma, la Sagrada Escritura se experimenta como un alimento que fomenta el crecimiento espiritual, según el testimonio del Señor: "No solo de pan vivirá el hombre, sino de toda palabra que sale de la boca de Dios" (Mateo 4:4; Lucas 4:4).
Por lo tanto, la Iglesia invita a sus hijos a leer las Sagradas Escrituras con espíritu de oración, meditación y compromiso espiritual, para que la lectura se convierta en una experiencia viva que transforme la vida misma. La palabra se convierte así en una luz que guía, una lámpara que ilumina el camino y una fuerza que impulsa una forma de vida medida por sus frutos. De esta manera, la palabra se transforma en vida, dando testimonio de Cristo en los detalles de la vida diaria y en el corazón del mundo. Esta comprensión profunda de la palabra de Dios se encarna claramente en la experiencia de los Padres, que vivieron la palabra a través de la lectura, la oración y una forma de vida disciplinada.
*La Sagrada Escritura en la Experiencia Patrística: Mor Gregorio Bar ‘Ebroyo*
A la luz de este entendimiento eclesiástico de la palabra de vida, revisitar la enseñanza de Mor Gregorio Youhanon Bar ‘Ebroyo adquiere un significado espiritual y eclesial particular, en este año que marca el octingentésimo aniversario de su nacimiento (1226–2026). Dentro de la tradición siríaca, Bar ‘Ebroyo se presenta como un modelo de un sostenido camino patrístico, formado a lo largo de generaciones de maestros espirituales en la Iglesia Siríaca Antioqueña, que colocaron la Sagrada Escritura en el corazón de la vida espiritual y teológica.
Bar ‘Ebroyo sobresalió en esta herencia viva, que une interpretación, profundidad espiritual, conocimiento y profunda contemplación, y así se convirtió en un testigo fiel del poder de la palabra divina para edificar al creyente y formar y purificar la mente.
Este entendimiento se encarnó en su propia vida: la palabra no fue meramente un objeto de contemplación intelectual, sino un camino de vida vivido a través de la lucha espiritual, el servicio pastoral y la responsabilidad eclesiástica como Maphryono (Catholicós) de Oriente. Unió la profundidad del conocimiento con la amplitud de la sabiduría, y el estudio riguroso con la práctica ascética, convirtiendo su vida en un testimonio vivo de la armonía entre la palabra que se lee y la palabra que se vive.
Él consideraba la Sagrada Escritura como una fuente de sabiduría espiritual y una oportunidad continua para el encuentro con Dios. Entendía la lectura sagrada como una práctica espiritual integrada, que unía el conocimiento con la fe, el entendimiento con la oración, y la contemplación con la conducta, presentándola como una fuerza que confronta el mal y un arma para vencer a Satanás y sus ejercitos. Da expresión clara a esta conciencia espiritual en su Ética, cuando escribe: "La lectura de las Sagradas Escrituras aterroriza a los demonios, para que no se acerquen a quienes la practican" (Ethicon, Sección II: Prácticas Ascéticas, Capítulo VI: Sobre la Lectura).
Esta dimensión espiritual se complementa con la dimensión interpretativa que se encuentra en su obra ܐܘܨܪ ܐܖ̈ܙܐ (Almacén de Misterios), en la cual Bar ‘Ebroyo presenta la Sagrada Escritura como un almacén vivo de los misterios de Dios, leída a la luz de la fe, comprendida mediante la guía del Espíritu Santo, y recibida como una fuente de conocimiento que ilumina el camino y restaura la vida.
Amados,
La Santa Biblia permanece, en toda época y en todo lugar, como la palabra de vida que, al ser escuchada, despierta; al ser vivida, renueva; al dar fruto, testimonia. En un mundo lleno de voces contrapuestas y direcciones perdidas, el llamado a escuchar, a regresar y a renovarse sigue siendo indispensable. Cuando la esperanza se debilita en el corazón humano, solo la palabra de Dios es capaz de levantarla desde dentro y abrirle la puerta de la vida que nunca se cierra.
La palabra de Dios ha acompañado a la Iglesia desde el amanecer apostólico. Asimismo, hoy estamos llamados a hacerla la compañera de nuestro viaje. Aprovechemos el bendito tiempo de la Santa Cuaresma como una oportunidad renovada para permitir que la palabra entre en nuestras profundidades y restaure el orden en nuestros corazones, para que demos fruto: a ciento, a sesenta y a treinta por uno (Mateo 13:23).
Que el Señor acepte su ayuno, arrepentimiento, oraciones y limosnas. Que nos conceda a todos regocijarnos en la fiesta de Su Resurrección, por intercesión de la Bendita Virgen María, Madre de Dios, San Pedro, Príncipe de los Apóstoles, y todos los mártires y santos.ܘ ܐܒܘܢ ܕܒܡܝܐ ܘܫܪܟܐ
Emitido en nuestro Patriarcado en Damasco, Siria, el 14 de febrero de 2026. Este es el duodécimo año de nuestro Patriarcado.