17/08/2026
¡COHERENCIA POR FAVOR!
El semáforo se puso amarillo, justo cuando él iba a cruzar en su automóvil y, como era de esperar, hizo lo correcto: se detuvo en la línea de paso para peatones. Paró, a pesar de que podría haber rebasado la luz roja acelerando a través de la intersección.
La mujer, en el automóvil detrás de él, estaba furiosa. Le tocó la bocina por un largo rato, hizo comentarios negativos en alta voz, ya que por culpa suya, no pudo avanzar a través de la intersección. Y también porque, con la detención brusca, se le cayó el celular, y se le desparramó el maquillaje.
En medio de su pataleta, la mujer oyó que alguien le tocaba el cristal del lado. Allí, parado junto a ella, estaba un policía mirándola muy seriamente.
El oficial, le ordenó salir de su coche con las manos arriba, y la llevó a la comisaría donde la revisaron de arriba abajo, le tomaron fotos, las huellas dactilares, y la pusieron en una celda.
Después de un par de horas, un policía se acercó a la celda, y abrió la puerta. La señora fue escoltada hasta el mostrador, donde el agente que la detuvo estaba esperando con todas sus pertenencias.
–“Señora, lamento mucho este error.”- Le explicó el policía.
-“Le mandé a bajar, porque usted se encontraba tocando bocina fuertemente, queriendo pasar por encima al automóvil del frente, maldiciendo, gritando improperios y diciendo palabras groseras.
Mientras la observaba,me percate que su carro tiene en su paragolpes un sticker que dice: -“¿Qué haría Jesús en Mi lugar?”- Su placa tiene un borde que dice: -“Yo escojo la Vida’.”- Otro sticker que dice: -“Sígueme el Domingo a la Iglesia.”- Y finalmente, el emblema cristiano del pez. Como es de esperarse, supuse que el auto era robado.”-
Reflexión
Necesitamos ser coherentes entre lo que comunicamos, lo que creemos, y lo que hacemos.
Para ser cristiano, no basta con ir a la Iglesia los domingos, o leer la Biblia de vez en cuando; porque el cristianismo es un estilo de vida. Y no cualquier estilo, sino el estilo de vida de Jesús.
El mundo nos está mirando, y espera ver a Jesús.
Jesús, en cierta ocasión, encontró a un joven rico y le pidió que diera sus todos sus bienes a los pobres y que lo siguiera. (Lucas 18:18-23; Mt. 19.16-30; Mr. 10.17-31)
El final de la historia: este muchacho se fue muy triste, porque tenía muchas posesiones.
Jesús, estaba probando la coherencia, y la correspondencia de las palabras, con sus acciones.
El joven había dicho que amaba a Dios, que quería la vida eterna, y que había guardado los mandamientos siempre; pero cada una de estas afirmaciones se derrumbaron con el pedido:
Amaba sus riquezas más que a Dios; amaba su vida terrenal más que la vida con Dios; y amaba su determinación y decisión personal, más que hacer la voluntad de Dios.
No es suficiente decir que lo somos, debemos agregar hechos y acciones coherentes a nuestras palabras.
Recordemos, que el cielo cuenta nuestra historia mirando el corazón, no escuchando simplemente nuestras palabras. Y recordemos que somos cartas leídas por los hombres:
-“Nuestras cartas sois vosotros, escritas en nuestros corazones, conocidas y leídas por todos los hombres; siendo manifiesto que sois carta de Cristo expedida por nosotros, escrita no con tinta, sino con el Espíritu del Dios vivo; no en tablas de piedra,sino en tablas de carne del corazón.”- (2 Corintios 3:2-4. - RVR 196