11/05/2026
Hoy la Iglesia nos invita a recordar a un hijo de esta tierra.
Mamerto Esquiú nació hace 200 años en un pueblito de Catamarca, en una familia sencilla. De niño estuvo tan enfermo que su mamá lo encomendó a Dios con una promesa. Él la cumplió con toda su vida.
Se hizo fraile, maestro, predicador y obispo.
Pero nunca dejó de ser, antes que nada, un hombre que salía al encuentro.
No esperaba que la gente viniera a él. Recorrió caminos, llegó a los que estaban lejos, y murió en una posta, en medio de una visita pastoral. Hasta el final, en camino.
En un tiempo en que tantas veces nos encerramos en lo urgente, Mamerto Esquiú nos recuerda que la fe necesita moverse, necesita salir, necesita buscar.
Pidámosle hoy la gracia de no quedarnos quietos.
De animarnos a ir al encuentro del otro, aunque cueste.
De hacer de nuestra vida, como él hizo de la suya, un servicio.
Beato Mamerto Esquiú, pastor y peregrino,
rogá por nosotros.
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