12/04/2026
ABRIL -- MES DE FRANCISCO -- A UN AÑO DE TU PASCUA
El Equipo de Sacerdotes de Villas y Barrios Populares de la Argentina, sabiendo con claridad y convicción que "la experiencia pastoral nacida en los barrios populares de la Argentina tiene un valor paradigmático", produjo el documento que compartimos a continuación:
*“Francisco: gracias. Y ahora, no nos sueltes la mano”*
A un año de tu Pascua
Querido Francisco: como vos bien sabés, cuando amanece en nuestros barrios populares, la vida empieza antes que el sol termine de asomar. Se escucha el ruido del colectivo que pasa lleno, las ollas que se encienden temprano, los chicos que corren con el guardapolvo todavía desabrochado, las madres que apuran el paso para llegar al trabajo. En esas mismas calles que tantas veces caminaste como Jorge, con paso tranquilo y mirada atenta, hoy seguimos intentando vivir la Iglesia que nos enseñaste: una Iglesia que no observa desde lejos sino que se mete en la historia concreta de su pueblo. Por lo tanto, sentimos que es tiempo de empezar a peregrinar tu legado.
Por eso, te decimos: “Francisco: gracias. Y ahora, no nos sueltes la mano”.
Hace un año que Francisco pasó a la Casa del Padre. Para muchos fue la despedida de un pontífice. Para nosotros, en los barrios populares de la Argentina, fue la Pascua de un pastor que conocía la textura concreta de nuestra historia. No recordamos solo al Papa, sino al obispo que caminaba nuestros pasillos, que se detenía a escuchar, que sabía que la vida del pueblo no es materia de estudio sino lugar teológico.
Cuando, al inicio de su pontificado, se definió como “un pecador en quien el Señor puso los ojos”, no hizo una confesión privada sino una afirmación eclesial profunda. Quien se sabe mirado por misericordia aprende que la Iglesia no nace de la perfección sino de la gracia que la precede. Esa conciencia marcó su mirada pastoral: no una Iglesia autosuficiente, sino una Iglesia que vive de la misericordia y la ofrece.
Francisco retomó con fuerza la intuición central del Concilio Vaticano II: la Iglesia es Pueblo de Dios en camino. No es primero estructura ni administración, sino comunión viva de bautizados que comparten una fe encarnada en una cultura concreta. Desde esa convicción habló del discernimiento como actitud permanente: no aplicar fórmulas abstractas, sino escuchar lo que el Espíritu suscita en la historia real.
En nuestros barrios populares hemos aprendido que el pueblo no es objeto de asistencia ni destinatario pasivo de programas pastorales. El pueblo es sujeto creyente. Tiene memoria, símbolos, sabiduría práctica, capacidad de organización, fe resistente. Cuando una madre organiza el rosario en la esquina donde hubo violencia; cuando los vecinos levantan una capilla con materiales precarios pero con convicción profunda; cuando una comunidad sostiene a un joven en recuperación aunque haya recaídas; allí se manifiesta una eclesialidad viva que no nace de la planificación sino de la sabiduría de la fe del pueblo.
La teología del pueblo, que tanto marcó la formación de Jorge Bergoglio, nos enseñó que el pueblo no es masa ni categoría sociológica. Es sujeto histórico-cultural donde la fe se expresa y se encarna. No se trata de romantizar la pobreza ni de negar las heridas sociales. Se trata de reconocer que en medio de la fragilidad el Espíritu actúa y que la evangelización no consiste en llevar a Dios donde no está, sino en descubrir cómo ya está obrando.
En esta misma línea, el Santo Padre León XIV nos recuerda que los pobres no pueden ser considerados solamente como un “problema social”, porque son una “cuestión familiar”, “son de los nuestros” (cf. León XIV, Dilexi te, 104). Esta afirmación no es sentimental. Implica reconocer que la Iglesia no se relaciona con los pobres desde la exterioridad sino desde la pertenencia. No los atiende como destinatarios lejanos, sino que camina con ellos como parte de una misma familia.
La Iglesia que nace del pueblo y se deja evangelizar por él
Por eso creemos necesario afirmar con serenidad y convicción que la experiencia pastoral nacida en los barrios populares tiene valor paradigmático para toda la Iglesia argentina. No porque sea perfecta ni porque deba copiarse mecánicamente en otros contextos, sino porque en ella se han verificado de manera concreta intuiciones eclesiales que el Espíritu ha suscitado para nuestro tiempo.
En los barrios populares se ha aprendido que la presencia precede a la estructura, que la comunidad precede al proyecto, que la escucha precede a la palabra. Se ha experimentado que la evangelización auténtica no comienza en la planificación estratégica sino en el encuentro personal y en el acompañamiento paciente. Se ha confirmado que el discernimiento no es ejercicio individual de autoridad sino búsqueda compartida de la voluntad de Dios en medio de la historia.
Esta experiencia muestra que la Iglesia crece cuando se deja afectar por el dolor real del pueblo y cuando asume procesos largos sin obsesionarse por resultados inmediatos. Enseña que la pastoral no puede reducirse a administración de sacramentos ni a organización de eventos, sino que debe abarcar la totalidad de la vida humana: educación, trabajo, cultura, salud, vínculos, espiritualidad.
En ese sentido, la pastoral popular no es una pastoral para pobres sino una forma de ser Iglesia que ilumina a toda la Iglesia. Allí donde se practica la cercanía, la misericordia concreta, el acompañamiento de procesos y la participación activa del pueblo, se realiza una imagen de Iglesia profundamente evangélica. Por eso sostenemos que esta experiencia no es marginal sino reveladora.
Lectura del momento actual
A un año de la Pascua de Francisco, constatamos que nuestras comunidades siguen atravesadas por heridas profundas. El narcotráfico se ha vuelto más complejo y violento; el entramado económico que lo sostiene penetra ámbitos formales; la circulación de armas fragiliza la vida cotidiana; la fragmentación social debilita vínculos que antes eran sostén. Muchos jóvenes crecen sin horizonte claro y muchas familias experimentan la soledad de procesos que deberían ser acompañados comunitariamente.
Sin embargo, en medio de estas heridas, la vida persiste. En nuestras capillas, que son al mismo tiempo templo y casa, se celebra la Eucaristía y se organizan redes de apoyo. En las escuelas del barrio la educación se vuelve acto de justicia concreta. En los clubes parroquiales el deporte reconstruye pertenencia. En los Hogares de Cristo la recuperación es proceso largo de reconstrucción integral. En las cárceles el acompañamiento pastoral afirma que nadie queda fuera de la misericordia.
Esta experiencia confirma que el pueblo no espera soluciones mágicas, espera presencia fiel. Y esa presencia transforma porque reconstruye tejido comunitario y devuelve dignidad.
Llamado a conversión pastoral
Por eso sentimos la responsabilidad de dirigirnos a la Iglesia argentina con espíritu de comunión y franqueza evangélica. La Pascua de Francisco no puede quedar reducida a memoria afectiva; debe convertirse en llamado a conversión pastoral.
Conversión pastoral significa revisar nuestras prácticas y nuestras seguridades. Significa preguntarnos si nuestras parroquias son verdaderamente casa abierta o espacios autorreferenciales. Significa discernir si nuestras estructuras favorecen la cercanía o generan distancia. Significa escuchar al pueblo no solo como destinatario sino como interlocutor y sujeto activo.
Implica pasar de una pastoral de conservación a una pastoral decididamente misionera y cercana. Implica aceptar que la evangelización comienza en el encuentro y que la doctrina se encarna en la historia concreta de los pueblos. Implica reconocer que el discernimiento comunitario requiere humildad, tiempo y capacidad de dejarse interpelar.
A las autoridades del Estado les recordamos que ninguna política pública será suficiente si no enfrenta con decisión el entramado del narcotráfico y el lavado de dinero y si no construye un Estado verdaderamente inteligente, capaz de promover de manera sostenida la educación, el trabajo y la vivienda digna. Pero nuestra palabra principal está dirigida a la Iglesia, porque creemos que la renovación comienza por casa.
Si Francisco se reconoció como pecador mirado por misericordia, nosotros también necesitamos dejarnos mirar nuevamente por esa misericordia para no endurecer el corazón frente al sufrimiento de nuestro pueblo y para no instalarnos en seguridades que nos apartan de la historia real.
Ponemos esta palabra bajo la protección de la Virgen de Luján, Madre del pueblo argentino. Ella nos enseñe a permanecer junto a los más frágiles y a sostener la esperanza en medio de la fragilidad.
Desde los barrios populares, ofrecemos este discernimiento a la Iglesia argentina con espíritu de comunión y con la certeza de que el Espíritu sigue suscitando caminos nuevos cuando nos dejamos conducir por Él.
Equipo de Sacerdotes para las Villas y Barrios Populares de Argentina
Padre Pablo Viola (Parroquia Jesucristo Salvador del Mundo, Córdoba)
Fray Guillermo Schattenhofer ofm. (Pichanal, Salta)
Padre Nicolás Angellotti (Parroquia San José - La Matanza, Bs. As.)
Padres Lorenzo de Vedia y Jesús Carides (Parroquia Caacupé. Villa 21 y Zavaleta)
Padre Horacio Correa (Parroquia Ntra. Sra. de la Piedad - Paraná, Entre Ríos)
Padre José García (Parroquia Caacupé, Laferrère)
Padre Gustavo Ortiz (Parroquia Caacupé, Laferrère)
Padre Guillermo “Willy” Torre (Parroquia Santa Rosa y vicaría Pastoral Misionera Virrey del Pino. Diócesis Laferrère, La Matanza)
Padre Luis García (Parroquia Nuestra Sra. de la Merced, Viedma)
Padre Pablo Pastrone (Parroquia Nuestra Señora del Carmen, Tolosa, La Plata)
Padre Daniel Pesce (Parroquia san Benito Abad – Posadas, Misiones)
Padre Ignacio Bagattini (Parroquia Cristo Obrero, Barrio Padre Carlos Mugica, Retiro, ex Villa 31, CABA)
Padre Carlos Morena, Padre Facundo Ribeiro y Padre Óscar Gallegos, (Parroquia San José, Villa 20, Lugano-Zárate)
Padre Joaquín Giangreco (Villa Trujui, Merlo-Moreno)
Padre Gustavo Rofi (Don Orione, Claypole)
Padre Jorge Moreno (Parroquia Jesús de Nazareth, Libertad, Diócesis Merlo-Moreno)
Padre Edgardo Alanis (Parroquia Sagrado Corazón, Puerto Madryn)
Padre Marcelo Quintana (Parroquia San José de Pompeo, Remedios de Escalada, BA)
Hno. Cristian Viscardi (Hogar de Cristo San Vicente, Santiago del Estero- Capital)
Padre Aníbal Tabares (Parroquia San Cayetano, Pergamino)
Padre Mauricio Cardea (Parroquia Nuestra Señora de la Guardia, Villa Celina, La Matanza)
Padres Martín Durán, Padre Eduardo Giardello y Padre Joaquín Ledesma (Parroquia Madre del Pueblo, Barrio P. Ricciardelli - ex 1-11-14, CABA)
Padre Diego Olivera (Parroquia Virgen del Rosario, Villa Unión, La Rioja)
Padre Mario Lezcano (Parroquia Jesús Misericordioso, Corrientes - Capital)
Fray Martín Caserta (Aguaray- Santa Victoria Este, Salta)
Padre Ignacio Loza (Parroquia Jesucristo Salvador del Mundo, Arquidiócesis de Córdoba)
Padre Matías Colángelo (Don Orione, Claypole)
Padre José Gauna (San Cayetano, Pergamino)
Padre Santiago Rostom (Parroquia San Roque González y compañeros mártires, Villa Palito, La Matanza)
Diácono Marcelo Cuello (Parroquia Nuestra Sra. Del Rosario, Cosquín, Córdoba)
Padre Leonardo Silio (Parroquia San Martín de Porres, Moreno sur, Diócesis de Merlo-Moreno)
Padre Marcelo Durango (Parroquia San José, San Miguel de Tucumán)
Padre Hector "Choby" Díaz (Diócesis Mar del Plata)
Padre Daniel Echeverría (M.SS.CC. Párroco Solidario de la Unidad Pastoral Sagrados Corazones, Diócesis de San Justo)
Padre José María Di Paola (Parroquia Nuestra Señora de Lourdes, La Banda, Santiago del Estero)
Padre Melchor López (Parroquia Nuestra Señora de la Misericordia, Arquidiócesis de Córdoba)
Padre Andrés Benítez (Parroquia San Juan Bosco, Villas de José León Suárez,
Diócesis de San Martín y 3 de febrero. Bs. As.)
Padre Anaclet Mbuguje (M.SS.CC. Párroco Solidario de la Unidad Pastoral Sagrados Corazones, Diócesis de San Justo)
Padre Adrián Bennardis y Padre Domingo Rehin (Parroquia Virgen Inmaculada, Barrio Fátima y Carrillo, Diócesis Buenos Aires)
Padre Miguel Berriel, (Villa Inta, Diócesis de Buenos Aires)
Diácono Jorge Ganz (Parroquia Cristo Resucitado, Barrio Inta, Diócesis de Buenos Aires)
Padre Andrés Toccalini (Barrio Piletones, diócesis de Buenos Aires)
Padre Claudio Uassuf (Parroquia Madre de la Esperanza, CABA)
Padre Hernán David (Parroquia Santa Rita, Diócesis Mar del Plata)
Padre Marcelo Ciavatti (Centro de Vida Santa Lucía, Rosario)
Padre Hugo Salas (Parroquia San Antonio de Padua, general San Martín, Chaco)
Padre Carlos Morena (Zárate)
Padre Francisco Occhiuzzi (Parroquia Catedral, San Miguel)
Padre Mario Domingo Franco (Parroquia Sagrada Familia, Formosa)
Padre Ignacio Rey Nores (Parroquia Patriarca San José, San Miguel)
Padre Fabián Belay (Rosario)
Padre Damián Reynoso (Parroquia san Francisco de Asís, Soldati)
Padre Gastón Colombres (Corrientes)
Padre Juan José Berli (Parroquias Nuestra Señora de Luján y Nuestra Señora de las Lágrimas, Quilmes)
Padre Diego Canale y Padre Agustín López (Villa 15, Ciudad de Buenos Aires)
Padre Marcos Aguirre sdb (Comedor Don Bosco, Tucumán)
Padre Carlos Morera (Parroquia San José Obrero, Zárate)
Padre Carlos Arce (San Pantaleón, Río Cuarto, Córdoba)
Padre Federico Salmerón sdb (Casa Angelelli, La Rioja)