11/04/2024
032 - ACERCA DEL SACRAMENTO QUE RESGUARDA EL INICIO DE UNA GUIA ESPIRITUAL
Un verdadero padre espiritual debe ser capaz de “ver” con el espíritu. Si no tiene esta cualidad, será un improvisado y actuará como cualquier pseudo psicólogo, teniendo como guía la Santa Biblia, pero utilizada de manera farisaica.
Se debe adquirir la virtud de guiar, pero no basándose en lo que dice la persona, sino en lo que uno llega a conocer acerca de ella antes o durante la exposición de sus problemas. La persona que habla de sus problemas, apenas transmite la superficie de sus malestares espirituales.
Eso es lo que tendría que hacer cualquier padre espiritual, y lo importante en todo este proceso, es que el discípulo le pide a Dios que te envíe un padre espiritual que le pueda ayudar, y, al mismo tiempo, pedirle también que le ayude a tener la humildad suficiente para saber obedecerle.
La mayoría de los cristianos no tienen un padre espiritual. Olvidan su tradición espiritual y deciden caer en manos de los psicólogos, que hurgarán en los aspectos más “bajos”, concupiscibles del hombre y no en los “elevados”, trascendentes del ser humano. El primero lo amarra al mundo, el segundo, le da la libertad de tomar distancia de él.
Muchos consideran que el Sacramento de la Penitencia alcanza para “reordenar” su espiritualidad y “borrar” los pecados. Eso principalmente acontece en el occidente romanizado, donde el Sacramento de la Penitencia está pensado para borrar cualquier pecado –sin importar su relevancia para la vida de uno- como requisito para la participación del Sacramento de la Eucaristía en la Divina Liturgia; teniendo, por lo tanto, una interpretación alejada de la profundidad de dicho sacramento.
Justamente, el Sacramento de la Penitencia es el inicio del TRATAMIENTO que el fiel recibe de su guía espiritual, cuando el primero se abre en plenitud para hablar de sus problemas espirituales.