18/03/2026
Treintena a San José día 29
Para obtener alguna gracia extraordinaria
¡Oh amabilísimo Patriarca San José! Desde el abismo de mi pequeñez y miseria te contemplo con emoción y alegría de mi alma en tu trono del cielo, como gloria y gozo de los Bienaventurados, pero también como padre de los huérfanos en la tierra, consolador de los tristes, amparador de los desvalidos, auxiliador de los Ángeles y Santos ante el trono de Dios, de tu Jesús y de tu santa Esposa.
Por eso yo, pobre, desvalido, triste y necesitado, a ti dirijo hoy y siempre mis lágrimas y p***s, mis ruegos y clamores del alma, mis arrepentimientos y mis esperanzas; y hoy especialmente te traigo ante tu altar y tu imagen una pena que consueles, un mal que remedies, una desgracia que impidas, una necesidad que socorras, una gracia que obtengas para mí y para mis seres queridos.
Y para conmoverte y obligarte a oírme y conseguírmelo, te lo pediré y demandaré durante treinta días continuos, en reverencia a los treinta años que viviste en la tierra con Jesús y María; y te lo pediré, urgente y confiadamente, invocando todos los títulos que tienes para compadecerte de mí, y todos los motivos que tengo para esperar que no tardarás en oír mi petición y remediar mi necesidad; siendo tan cierta mi fe en tu bondad y poder, que al sentirla te sentirás también obligado a obtener y darme más aún de lo que te pido y deseo.
Te lo pido por:
La bondad divina que obligó al Verbo Eterno a encarnarse y nacer en la pobre naturaleza humana, como Hijo de Dios, Dios Hombre y Dios del hombre.
Te lo suplico por tu ansiedad inmensa al sentirte obligado a abandonar a tu santa Esposa.
Te lo ruego por tu resignación dolorosísima para buscar un establo y un pesebre para palacio y cuna de Dios nacido entre los hombres.
Te imploro por la dolorosa y humillante Circuncisión de tu Jesús, y por el santo, glorioso y dulcísimo nombre que le pusiste por orden del Eterno.
Te lo demando por tu sobresalto al oír del Ángel la muerte decretada contra tu Hijo Dios, por tu obedientísima huida a Egipto, por las penalidades y peligros del camino, por la pobreza extrema del destierro y por tus ansiedades al volver de Egipto a Nazaret.
Te lo pido por tu aflicción dolorosísima de tres días al perder a tu Hijo, y por tu consolación suavisima al encontrarle en el templo, y por tu felicidad inefable de los treinta años que tuviste en Nazaret con Jesús y María sujetos a tu autoridad y providencia.
Te lo ruego y espero por el heroico sacrificio con que ofreciste la víctima de tu Jesús al Dios Eterno para la cruz y para la muerte por nuestros pecados y nuestra redención.
Te lo demando por la dolorosa previsión que te hacía todos los días contemplar aquellas manos infantiles, taladradas después en la cruz por agudos clavos; aquella cabeza que se reclinaba dulcísimamente sobre tu pecho, coronada de espinas; aquel cuerpo divino que estrechabas contra tu corazón, desnudo, ensangrentado y extendido sobre los brazos de la Cruz, aquel último momento en que le veías expirar y morir.
Te lo pido por tu dulcísimo tránsito de esta vida en los brazos de Jesús y María y tu entrada en el Limbo de los Justos y al fin en el cielo.
Te lo suplico por tu gozo y tu gloria cuando contemplaste la Resurrección de tu Jesús, su subida y entrada en los cielos y su trono de Rey inmortal de los Siglos.
Te lo demando por tu dicha inefable cuando viste salir del sepulcro a tu santísima esposa resucitada, y ser subida a los cielos por los Ángeles y coronada por el Eterno, y entronizada en un solio junto al tuyo.
Te lo pido, ruego y espero confiadamente por tus trabajos, penalidades y sacrificios en la tierra, y por tus triunfos y glorias y feliz bienaventuranza en el cielo con tu Hijo Jesús y tu esposa Santa María.
¡Oh mi buen Patriarca San José! Yo, inspirado en las enseñanzas de la Iglesia Santa y de sus Doctores y Teólogos, y en el sentido universal del pueblo cristiano, siento en mí una fuerza misteriosa que me alienta y obliga a pedirte, suplicarte y esperar que me obtengas de Dios la grande y extraordinaria gracia que voy a poner ante tu imagen y ante tu trono de bondad y poder en el cielo.
(Aquí, levantando el corazón a lo alto, se le pedirá al Santo, con amorosa instancia, la gracia que se desea)
Obtenme también para los míos y los que me han pedido que ruegue por ellos, todo cuanto desean y les es conveniente.
V. San José, ruega por nosotros. R. Para que seamos dignos de alcanzar las promesas de Jesucristo.
ORACIÓN: Oh Dios, que con inefable providencia te dignaste escoger al bienaventurado José por Esposo de tu Madre Santísima; concédenos que, ya que le veneramos como protector en la tierra, merezcamos tenerle como intercesor en los cielos. Oh Dios, que vives y reinas por los siglos de los siglos. Amén.
ORACIÓN A SAN JOSÉ
A ti recurrimos en nuestra tribulación, bienaventurado José; y después de haber implorado el auxilio de tu Santísima Esposa, solicitamos también confiadamente tu Patrocinio.
Por el afecto que te unió a la Virgen Inmaculada, Madre de Dios; por el amor paternal que profesaste al Niño Jesús, te suplicamos que vuelvas benigno los ojos a la herencia que Jesucristo conquistó con su Sangre, y que nos socorras con tu poder en nuestras necesidades.
Protege, prudentísimo Custodio de la Divina Familia, el linaje escogido de Jesucristo; presérvanos, Padre amantísimo, de todo contagio de error y corrupción; sé propicio y asístenos desde el Cielo, poderosísimo Protector nuestro, en el combate que ahora libramos contra el poder de las tinieblas.
Y del mismo modo que, en otra ocasión, libraste del peligro de la muerte al Niño Jesús, defiende ahora a la Santa Iglesia de Dios contra las trampas de sus enemigos y contra toda adversidad. Ampara a cada uno de nosotros con tu perpetuo patrocinio; a fin de que, siguiendo tus ejemplos y sostenidos por tus auxilios, podamos vivir santamente, morir piadosamente y obtener la felicidad eterna del Cielo. Amén.
Padre Nuestro, Ave María y Gloria