05/08/2016
Meditación sobre el Mensaje del 2 de agosto de 2016 - Aparición a Mirjana.
Reflexiones del Padre Gustavo Jamut
“Queridos hijos, he venido a ustedes, en medio de ustedes, para que me den sus preocupaciones, para que las presente a mi Hijo e interceda ante Él por ustedes y su bien.
Sé que cada uno de ustedes tiene sus preocupaciones, sus pruebas; por eso los invito maternalmente: vengan a la Mesa de mi Hijo. Él, por ustedes, parte el pan, se da a ustedes, les da la esperanza.
A ustedes les pide más fe, más esperanza y más vitalidad. Pide su lucha interior contra el egoísmo, contra el juicio y las debilidades humanas. Por eso yo, como Madre, les digo: oren, porque la oración les da la fuerza para la lucha interior.
Mi Hijo, de pequeño, me decía a menudo que muchos me habrían amado y llamado Madre. Yo, aquí en medio de ustedes, siento amor y les doy las gracias.
Por medio de este amor, ruego a mi Hijo para que ninguno de ustedes, hijos míos, vuelva a casa igual que antes, para que lleven siempre más esperanza, misericordia y amor; para que sean apóstoles del amor, aquellos que con su vida testimoniarán que el Padre Celestial es fuente de vida y no de muerte.
Queridos hijos, nuevamente y maternalmente les pido: oren por los elegidos de mi Hijo, por sus manos bendecidas, por sus pastores, para que puedan predicar a mi Hijo siempre con más amor, y así obrar conversiones. ¡Les doy las gracias! ”
Siempre hay alguien que te pide algo, y que necesita algo de ti… necesitan de tu tiempo y tu servicio, necesitan de tu escucha y de tus consejos, necesitan de tu dinero y de tus recursos materiales, necesitan de tu simpatía y de tu perdón…
Muchos necesitan algo de ti, y esto a tal punto que quizá te volviste algo desconfiado; y cuando alguien se acerca a ti, entonces te preguntas: “¿y ahora, que me irán a pedir?”
Permíteme informarte, que también la Virgen María te pide algo...
Pero, ¿qué podrá pedirte la Madre de Dios?
Ella te pide tus preocupaciones y todo aquello que te inquieta, para que se las entregues, y que de ese modo ella las presente a su Hijo e interceda ante Él por ti, para tu bien.
La definición que nos da el diccionario cuando habla de la preocupación es: “Sentimiento de inquietud, temor o intranquilidad que se tiene por una persona, una cosa o una situación determinada.”
Algunos sinónimos de preocupación que nos ayudarán a identificar mejor a los enemigos de la paz, de los cuales nos habla Nuestra Mamá, son: desasosiego, intranquilidad, ansiedad, nerviosismo, inquietud, pesadumbre, malestar, desazón, recelo, insomnio, angustia, manía, neurosis, afán, desvelo.
Pero a mi entender, el origen de la preocupación no es un sentimiento que se origine inicialmente en el corazón, sino que en muchas personas comienza a nivel de la mente, cuando dan lugar a pensamientos que le roban la paz.
En uno de mis libros de la colección “Paz Interior”, llamado: “Lo que nos roba la paz”, enumero una serie de pensamientos que comienzan a insinuarse muy inocentemente en nuestra mente, pero que de a poco nos van invadiendo y contaminando, hasta inquietar nuestro corazón, preocuparnos y robarnos la paz.
Estos pensamientos pueden ser producidos por acontecimientos externos, como un contratiempo, una enfermedad, la conducta errónea de un ser querido etcétera. Pero también pueden ser de origen espiritual, ya que Satanás no descansa y sabe que pensamientos de inseguridad, temor y ansiedad debe sembrar en nuestras mentes y corazones, para preocuparnos.
Hay personas que tienen la curiosa habilidad de “sembrar” preocupaciones en muchos que ingenuamente los escuchan y que a través de críticas o visiones apocalípticas y negativas, les absorben la paz interior y la alegría.
Es necesario aprender a ponernos una armadura espiritual, para que estas personas no nos contagien; sino que por el contrario, nosotros debemos contagiarle una visión de fe, colmada de esperanza en el poder de Dios y en su Misericordia por cada uno de nosotros sus pequeños hijos.
Si tú te guardas las preocupaciones, éstas ocuparán un lugar precioso de tu mente y de tu corazón, y entonces al estar ocupado por esos pensamientos sombríos y emociones negativas, allí no podrá entrar la fe y la paz que le permite al Espíritu Santo susurrarte lo que debes hacer para abrir la puerta correcta, y darte la autoridad espiritual para mover montañas.
La preocupación crónica es como si amarrases las manos del Señor, con lo cual le impedirás derramar sus Bendiciones.
Es normal preocuparse en un primer momento, cuando surge la dificultad; pero no puedes vivir siempre preocupado. Se aplica a esto el refrán que dice: “no puedes evitar que los pájaros vuelen sobre tu cabeza, pero si puedes evitar que hagan nido en ella.”
La Reina de la Paz en esta aparición a Mirjana, también nos dice:
“Yo, aquí en medio de ustedes, siento amor y les doy las gracias. Por medio de este amor, ruego a mi Hijo para que ninguno de ustedes, hijos míos, vuelva a casa igual que antes, para que lleven siempre más esperanza, misericordia y amor; para que sean apóstoles del amor”.
Por eso, cuando en dos ocasiones cada año guio las peregrinaciones a Medjugorje -como un camino de aprendizaje de la oración realizada con el corazón y de sanación interior-, trato de hacer que coincidan con la aparición que tiene Mirjana el 2 de cada mes, ya que con el pasar de los años, he ido presenciando como los peregrinos presentes se sumergen en un clima de oración que los renueva y transforma, permitiendo que sus almas queden impregnadas del suave perfume de la Reina de la Paz, y que a partir de allí -con una fe fortalecida y renovada-, puedan hacer frente a todas las dificultades de la vida, sin que estas les roben la paz interior.
Lo más posible es que ellos no vean a la Virgen con los ojos del cuerpo, pero la mirada interior sabrá percibir la presencia de la Gozpa, que derrama sus rayos de amor en los corazones, y comienza a transformarlos desde el interior, para que lleven la misericordia de Dios a sus familias, parroquias, y a todos los ambientes.
Oremos:
Reina de la Paz, en tu mano izquierda extendida quiero poner todo aquello que me está preocupando y robando la paz (Toma un tiempo para entregar confiadamente lo que te preocupa)
Tú eres Madre la maternal “recicladora” que recibes nuestros pensamientos tóxicos y al pasarlos por tu Inmaculado Corazón los transformas en pensamientos puros, de fe, santo abandono, y confianza profunda.
Tú conoces Madre cada una de las situaciones que me preocupan y las pruebas por las que tanto yo, como otras personas que me son queridas estamos atravesando. Por eso quiero acercarme frecuentemente a la Mesa de tu Hijo, para que al alimentarme con su Cuerpo y con su Sangre, me colme de más fe, más esperanza y más vitalidad.
Ayúdame Madre a aprender a mantener con paz, la lucha interior contra los pensamientos negativos, el egoísmo, contra el juicio y las debilidades humanas.
Enséñame Madre, a orar y a ser perseverante en la plegaria, para que la oración me conceda la fuerza para la lucha interior.
Gracias por compartirnos la confidencia de tu Hijo, que de pequeño te decía a menudo que muchos te habrían amado y llamado Madre. Yo, estoy feliz de poder llamarte Mamá, y de que hayas elegido por hijo/a.
Ayúdame a no estar siempre igual que antes, ayúdame a convertirme cada día, para llevar siempre más esperanza, misericordia y amor; para ser apóstol del amor, cómo tu nos pides que seamos, y para testimoniar que la misericordia del Padre Celestial es fuente de vida en abundancia.
Querida Madre, hoy y cada día quiero pedirte que bendigas maternalmente a tus sacerdotes y obispos, que son los elegidos especiales de tu Hijo. Protégelos, guíalos, y que reciban una renovada efusión del Espíritu Santo, para que puedan predicar a tu Hijo cada día con más amor, y así Dios pueda obrar un sinnúmero de conversiones. Que así sea.