21/05/2026
EvDH:Jesús levantó los ojos al cielo y oró diciendo:
"Padre santo, no ruego solamente por ellos, sino también por los que, gracias a su palabra, creerán en mí.
Que todos sean uno: como tú, Padre, estás en mí y yo en ti, que también ellos sean uno en nosotros, para que el mundo crea que tú me enviaste. Les di a conocer tu Nombre, y se lo seguiré dando a conocer, para que el amor con que tú me amaste esté en ellos, y yo también esté en ellos".
Saberlo es un regalo, y sin dudarlo Jesús pidió y pide por nosotros, estando a nuestro lado como lo prometió. Pero no sobra saber que en ese momento de total angustia y tristeza intercedió por cada uno de nosotros, que somos fruto de esas personas llenas y llevadas por El Espíritu Santo que nos compartieron a Jesús.
Es maravilloso como Juan condensa y simplifica todo en donde debe de estar y con quien debe de estar: en Jesús.
Es creer en Jesús, es creerle a Jesús.
No habla de nuevas reglas, o formas de religiosidad, o de expresión de la Fe. Finalmente esas son riquezas y colores del mismo Espíritu Santo para el cuerpo de Cristo. Pero lo que sostiene todo y en Quien todo se concentra y se explica, es en la Persona de Jesús. Pues en Él está depositado TODO el Amor del Padre (se escribe y se dice rápido, nos sobrepasa el entenderlo, pero no el aceptarlo).
El Padre y El Hijo en Comunión del Espíritu Santo son UNO, pero no desaparecen, se completan, se habitan. La invitación del Cielo es a ser promotores y animadores de la Unidad, (no de la uniformidad, el almidón no se agrega en las cosas de Dios). Cierto es que se paga un precio por aceptar ser cómplice de Dios en la Unidad, pero el mismo Amor del Padre con que amó Jesús se alegra y se manifiesta en nuestra vida, y eso lo compensa todo.
Pedimos al Espíritu Santo ser producto de esta oración de Jesús y ser cómplices en los frutos de Unidad que esta oración pide.