27/11/2025
(Parte II)
Obedecer a Jesús
Jesús enseñó que creer en Él requiere obediencia:
“Muchos me dirán: Señor, Señor, ¿no profetizamos en tu nombre, y en tu nombre expulsamos demonios e hicimos muchos milagros? Entonces les diré: Jamás los conocí. ¡Aléjense de mí, hacedores de maldad!” (Mt 7:22-23)
“No todo el que me dice: Señor, Señor, entrará en el reino de los cielos, sino solo el que hace la voluntad de mi Padre.” (Mt 7:21)
Creer en Jesús significa obedecerlo y hacer su voluntad. La fe se manifiesta en acción, especialmente a través del bautismo:
“El que crea y sea bautizado será salvo, pero el que no crea será condenado.” (Mc 16:16)
Los apóstoles bautizaban a los creyentes siguiendo las instrucciones de Jesús, y los creyentes aceptaban el bautismo como el único medio de recibir el perdón de sus pecados: a través del bautismo, morimos y resucitamos espiritualmente con Cristo, recibiendo una vida nueva en Él.
En Hechos 16, vemos cómo el carcelero y su familia creyeron y fueron bautizados de inmediato:
“…les proclamaron la palabra de Dios a él y a todos los de su casa. Luego se los llevó a su casa, les lavó las heridas y fueron bautizados él y toda su familia. Se alegraron mucho por haber creído en Dios.” (Hch 16:32-34)
Su fe incluyó aceptar a Cristo, obedecer la palabra de Dios y ser bautizados, recibiendo vida nueva y alegría.
La fe exige un compromiso de vida
El evangelio nos saca de la oscuridad del pecado y nos conduce a la luz de Cristo. La conversión no es un instante; es un compromiso diario:
“He sido crucificado con Cristo, y ya no vivo yo, sino que Cristo vive en mí. Lo que ahora vivo en el cuerpo, lo vivo por la fe en el Hijo de Dios, quien me amó y dio su vida por mí.” (Gá 2:20)
Si decimos conocer a Jesucristo pero no seguimos sus enseñanzas, Él aún no es nuestro Señor. La gracia de Dios es un regalo, pero depende de nosotros aceptarla mediante arrepentimiento, fe, obediencia y un compromiso de vida con Cristo, hasta que Él regrese para recibirnos en su reino eterno.