30/04/2026
WESLEY Y EL TRABAJO , A PROPÓSITO DEL 1 DE MAYO.
Estamos por celebrar el día de los/as trabajadores/as. Vemos diariamente en noticieros de todo el mundo occidental, cómo se alzan voces y reclamos acerca de la pérdida de derechos laborales y sociales. Hay diferentes voces teológicas que se alzan para reflexionar y denunciar proféticamente esta coyuntura mundial. Un sitio web que recomiendo es https://www.religionandjustice.org/ (sitio de la Universidad metodista de Vanderbilt). Allí pueden encontrar diferentes recursos (libros, artículos, podcast, entre otros, en ingles, pero se puede traducir), que desde la reflexión teológica y de las ciencias sociales se abordan temas de justicia económica, ecológica y sus implicaciones para las comunidades religiosas y la sociedad en general.
Juan Wesley y el movimiento metodista original fueron defensores del trabajo digno y fueron muy críticos de las tragedias humanas que generaba la revolución industrial en su país y el Imperio Británico en el siglo 18 – en especial con el tema de la esclavitud- en sus colonias.
En nuestro sitio como CMEW podemos encontrar otros ensayos sobre este tema, para los que quieran seguir profundizando o recordar: uno es Metodismo y clase trabajadora en Inglaterra del Siglo 19, (Daniel Bruno, 30/04/24 https://iglesiametodista.org.ar/metodismo-y-clase-trabajadora-en-inglaterra-del-siglo-19/), donde nos muestra que pasado casi un siglo después del nacimiento del metodismo, líderes sindicales pudieron testificar que su educación fue en domingo, gracias a las escuelas dominicales metodistas. Y muestran la importancia que las mismas tuvieron, en los comienzos de la organización obrera en Inglaterra, mediante la educación básica de la clase trabajadora.
El otro es Los Mineros de Kingswood y el renacer profético del movimiento metodista. (Pablo Oviedo https://iglesiametodista.org.ar/los-mineros-de-kingswood-y-el-renacer-profetico-del-movimiento-metodista-primera-entrega/, 28-07-21 y segunda-entrega/ 3-08-21). Donde se discute desde la mirada de historiadores, los aportes del metodismo originario en el nacimiento de los gremios y la organización de la clase obrera en Inglaterra. Y como la práctica de la predicación al aire libre y en el campo fue central y clave. Ya que constituyó al mismo como un espacio socio político de renacimiento de lo común y de la defensa de los derechos de los trabajadores.
En esa línea Juan Wesley lanza un panfleto en 1774 titulado “Reflexiones sobre la esclavitud”, con el fin de cambiar la mentalidad de la opinión pública de la nación inglesa y del parlamento sobre el tema. Va describiendo como se esclavizaba a los africanos por la fuerza, embriagándolos, raptándolos o comprándolos. E irónicamente afirma:
“así es como los cristianos predican el evangelio a los paganos”.
Explica que el tiempo de trabajo en las colonias y en las indias occidentales era desde el amanecer hasta el mediodía y desde las 2 de la tarde hasta el anochecer. Donde eran vigilados por capataces, que azotaban a los esclavos sin piedad en todo su cuerpo. Acaba recomendando que tienen que ser justos, que todo ser humano tiene derecho a la libertad y a un trabajo digno y termina con esta oración:
“Dios de amor y de todo ser viviente, cuya misericordia está presente en todas sus obras… ten compasión de estos seres humanos desechados que son hollados como estiércol sobre la tierra. Levanta y ayuda a estos que no tienen quien les ayude, ¡cuya sangre es derramada como agua! …No son ellos también obra de tus manos, que fueron comprados por la sangre de tu Hijo?, tú que eres El Salvador de todos, hazlos libres, para que sean verdaderamente libres”.
En síntesis, Wesley fue un crítico feroz de la política imperial británica y de la trata de personas. Sus ideas principales incluyen la denuncia de la deshumanización, las condiciones infrahumanas y la defensa del derecho a la libertad. Wesley sostuvo que, por ser la «criatura más noble del mundo visible», todo ser humano tiene un derecho inalienable a la libertad. No cesó hasta su muerte en esta lucha, siendo una de sus últimas cartas al parlamentario William Wilberforce, para que no parara hasta conseguir la abolición de la esclavitud, que se efectivizó en el siglo siguiente.
Y con respecto al trabajo, para Wesley no era solo una actividad económica, sino un ejercicio de mayordomía ante Dios, con claras limitaciones éticas. Defendió que todo ser humano tiene derecho a un trabajo digno y que el fin de la actividad económica debe ser la eliminación del sufrimiento y la ansiedad. En el sermón nº24 “Sobre el sermón de nuestro Señor en la montaña explica que el trabajo es parte de nuestra adoración a Dios:
“¿Qué cosa es adorar a Dios, un Espíritu, en espíritu y en verdad? Es adorarle en nuestro espíritu; adorarle como sólo los espíritus pueden adorar. …Por consiguiente, uno de los modos de adorar a Dios en espíritu y en verdad es guardar sus mandamientos exteriores. Es glorificarle, pues, en nuestros cuerpos, lo mismo que en nuestras almas. Desempeñar nuestras obras externas con nuestros corazones levantados hacia él. Hacer de nuestras ocupaciones diarias un sacrificio a Dios. Comprar y vender, comer y beber para su gloria. Esto es adorar en espíritu y en verdad tanto como hacerle nuestras oraciones en el desierto”.
Su famosa frase: “gana todo lo que puedas, ahorra todo lo que puedas y da todo lo que puedas” – que muchas veces la utilizamos olvidando la última parte- era una parte mínima apenas de sus planteos sobre el trabajo. Wesley propuso una filosofía económica práctica para que seamos buenos administradores – mayordomos- de lo que Dios nos da para cuidar. Pero incluso si nos quedamos solo en esa frase, el planteaba como debía vivirse. Justamente para evitar que al amor a la riqueza destruya la gracia y el crecimiento espiritual:
Gana todo lo que puedas: Debe hacerse de forma honorable, sin dañar la propia salud física o mental, y sin perjudicar al prójimo en sus bienes o cuerpo (por ejemplo, evitando vender productos que dañen la salud).
Ahorra todo lo que puedas: Implica evitar gastos vanos, lujos innecesarios, «elegante epicureísmo» o cualquier cosa que solo satisfaga el deseo de la carne o la vanidad.
Da todo lo que puedas: El excedente tras cubrir las necesidades razonables de la familia pertenece también a Dios y debe entregarse a los pobres. Para Wesley, gastar en lujos es, en realidad, robar a los necesitados.
Observó que la fe cristiana producía en los pobres una «nueva clase de laboriosidad» y administración del tiempo, lo que inevitablemente conducía a la riqueza. Sin embargo, esto le preocupaba, pues temía que el amor al dinero reemplazara la gracia de Dios. Juan Wesley siempre tuvo claro que el dinero es un excelente regalo de Dios. Fue cuidadoso al insistir en que es el amor al dinero, no el dinero en sí mismo, lo que es la raíz de todo mal.
Sin embargo, Wesley se preocupó profundamente al ver al final de su vida que los metodistas, «con pocas excepciones» se enriquecían y al mismo tiempo menguaban en gracia, a medida que aumentaba su riqueza. A aquellos metodistas, Wesley imploró:
“El Señor de todo… preguntará: ‘¿Cómo empleaste los bienes materiales que deposité en tus manos…? ¿De qué manera empleaste ese talento integral, el dinero?’ [Primero] satisfaciendo tus propias necesidades razonables, junto con las de tu familia; luego devolviéndome el resto, a través de los pobres, a quienes había designado para recibirlo”….: “¿Qué camino podemos tomar entonces… para que nuestro dinero no nos hunda en el más profundo in****no? Hay un camino, y no hay otro bajo el cielo. Si quienes ‘ganan todo lo que pueden’ y ‘ahorran todo lo que pueden’ también ‘dan todo lo que pueden’, entonces, cuanto más ganen, más crecerán en la gracia y más tesoros acumularán en el cielo”.
(citado en Rueben P. Job, A Wesleyan Spiritual Reader, A. press, Nashville, 1998, p. 32, traducción propia)
Y también lo advertirá en su sermón “El Misterio de la Iniquidad”:
“A medida que se incrementa el dinero, también aumenta el amor por él, y siempre será así, salvo que medie un milagro de la gracia. Entonces, por más que otras causas puedan sumarse, no obstante, en todas las épocas ésta ha sido la principal causa del deterioro de la religión auténtica en cualquier comunidad cristiana. Mientras en cualquier lugar los cristianos eran pobres, eran devotos de Dios… Pero simplemente recuerden que las riquezas, en todas las épocas, fueron la ruina del genuino Cristianismo.”
En síntesis, para Juan Wesley -con las limitaciones de pensamiento de su tiempo- la medida de cualquier sistema económico y laboral no es la acumulación, sino que debe ser la justicia social, calidad y dignidad de vida que proporciona, permitiendo que todas las personas compartan el descanso y la recreación como parte de su destino común.
En este nuevo tiempo que vivimos de desigualdad extrema mundial y nacional, donde el 1% de los multimillonarios acumula más riqueza que el 95% de la población mundial (liderados por 3 grandes gestoras de fondos de inversión, BlackRock, State Street y Vanguard) según Oxfam Intermon (ver https://www.infobae.com/espana/2024/09/23/), somos llamado/as a recordar nuestra identidad cristiana y metodista con relación al trabajo, el uso de las riquezas y el dinero.
Y también recordamos a los mártires de Chicago –donde hubo lideres metodistas perseguidos-, a nuestros hermanos metodistas que defendieron los derechos laborales a principios del siglo XX en las luchas obreras argentinas y en las siguientes hasta hoy. Recordamos a hermanos y hermanas que están luchando día a día por no perder su trabajo, por quienes que pierden el trabajo, por los pequeños y medianos empresarios que hacen todo lo posible para no cerrar su negocio y por los que luchan por los derechos inalienables de trabajo, empleo y descanso digno. Como dijo nuestro único Señor y Maestro Jesucristo: «El día de reposo se hizo por causa del género humano, y no el género humano por causa del día de reposo. De modo que el Hijo del Hombre es también Señor del día de reposo.» (Marcos 2:27-28), como así también del trabajo.
Terminamos con una porción de la Afirmación de Principios de nuestra Iglesia Evangélica Metodista Argentina, realizada en 1969, que sigue vigente hoy.
“Afirmamos que la historia y la sociedad son escenarios de la acción de Dios en la instauración de su Reino, como lo proclaman las Escrituras. Afirmamos que esta acción de Dios está dirigida hacia el ser humano, en quien Él creó posibilidades de libertad, creatividad y amor, que fueron plenamente realizadas en Jesucristo.
Afirmamos que el ser humano está llamado a realizar la voluntad de Dios y nosotros, como cristianos, con esta comprensión, debemos comprometernos en la búsqueda activa de un orden económico-social que no limite, sino que estimule las posibilidades humanas para el bien.
Afirmamos que el sentido de nuestra vida está dado en el servicio y la liberación de nuestro prójimo, con quien Jesucristo se identifica.
Afirmamos que el ser humano se encuentra alienado en todo sistema económico-social que lo transforme en instrumento de este, impidiendo la formación de una comunidad en la que los recursos naturales y los productos del esfuerzo humano sean aprovechados íntegra y equitativamente, en la que todo ser humano tenga acceso a las condiciones que posibilitan una vida verdaderamente humana, sea partícipe de la cultura y de la educación, y tenga la posibilidad de expresarse creativamente.
Afirmamos que es nuestro deber trabajar por alcanzar tal comunidad y vivir de acuerdo con lo que vemos en Jesús, en quien el Reino del amor, verdad, libertad, justicia y paz, se hace presente entre los seres humanos…”
Que así sea.
Pablo G. Oviedo para CMEW