20/05/2026
En aquel tiempo, Jesús, levantando los ojos al cielo oró diciendo: "Cuando estaba con ellos, yo los cuidaba en tu Nombre, pues tú me los habías encomendado y ninguno de ellos se perdió, excepto el que llevaba en sí la perdición, pues en esto había que cumplirse la Escritura".
Juan 17, 12
La tristeza envolvía como un sudario el alma de Jesús.
A lo largo del camino había formado con sus discípulos un hogar itinerante, sin morada fija; había sido entre ellos un Hermano entre hermanos, habían comido en una mesa común y dormido juntos, bajo las estrellas.
No faltaron los momentos difíciles: nacieron y crecieron en el huerto familiar las plantas de las rivalidades y envidias, que nunca faltan; pero Jesús les enseñó el difícil arte de arrancarlas de raíz. Por eso los llamó amigos, porque ya no había secretos entre ellos.
Fue con ellos sincero y veraz; exigente y comprensivo; les alertó en los peligros, les estilumuló en las dificultades. Cuidó de ellos más que una madre a su niño; y, ahora, con pena tiene que despedirse para volver junto al Padre, como vuelven en el verano las golondrinas. El Padre es su Hogar y su Patria; y, los pies de ellos no podrán seguir sus huellas por el momento, ...
Ellos se quedaban en el mundo; por eso, levantando los ojos al Padre con infinita ternura y reverencia, oró así:
"Cuando estaba con ellos, yo los cuidaba; ahora, cuídalos Tú".
Extractado del L. El Pobre de Nazaret
P. Ignacio Larrañaga
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