29/08/2026
Ningún medio masivo de comunicación creado por el hombre vino a reemplazar a otro invento ya existente. Cuando la televisión fue creciendo, muchos creyeron que el cine desaparecería y no hizo más que reinventarse: se generó el sistema de “famosos” y ambos medios siguen funcionando. Menos poderosos, más solapados, pero la cultura permanece.
Algo similar sucedió con la telefonía. Cuando dejamos de depender del cableado para realizar llamadas, aún con los ‘smartphone’, los malos augurios proclamaban el olvido de las cabinas telefónicas. En el Reino Unido se convirtieron en un ícono del turismo, aquí los más nostálgicos guardaron los cospeles. Creemos que los niños y adolescentes no entienden de qué estamos hablando pero el aparato tiene un funcionamiento tan sencillo que permite un aprendizaje rápido.
Hace unos meses, un técnico en telefonía de Buenos Aires comenzó a difundir su tarea: conectar teléfonos públicos en aquellos poblados de mínima cantidad de habitantes y con poca señal. Iván Engels recorre pueblos y les instala un punto de encuentro. ¿Por qué emprender esta tarea cuando ya casi nadie quiere recibir una llamada telefónica? ¿Para qué dar a conocer la travesía de Engels?
Las motivaciones en uno y otro caso pueden ser varias, y algunas más loables que otras. Será el interés de la empresa en dar a conocer su servicio, será la difusión de las redes sociales de este empleado-emprendedor, será el deseo de conectar pueblos aislados y casi olvidados, será la posibilidad de que esas personas puedan contar con acceso a otros servicios –como el de ambulancias–.
Tal vez sea un poco de cada una. Lo cierto es que aun en tiempos donde nos cuesta estar disponibles para atender y sostener la conversación telefónica con un amigo, el llamado sigue siendo a construir comunidades que superen las distancias, incluso con quienes tenemos más cerca.
Mariana Montaña