03/07/2021
CAPÍTULO 3, VERSÍCULOS 4 AL 6:
4.- “Y tenía Juan su vestido de pelos de camellos, y una cinta de cuero alrededor de sus lomos; y su comida era langostas y miel silvestre”.
5.- “Entonces salía a él Jerusalén, y toda Judea, y toda la provincia de alrededor del Jordán”;
6.- “Y eran bautizados de él en el Jordán, confesando sus pecados”.
Vistiendo y comiendo con toda sencillez, Juan el Bautista atendía con grande ejemplo de recta moral a todas las gentes de las comarcas circunvecinas, que habiendo oído hablar de su autoridad moral y servicio espiritual, acudían a él para recibir de su alma bienhechora la ayuda que necesitaban para satisfacer sus inquietudes, y mas aun los sentimientos y anhelos de otra vida mejor.
A orillas del Jordán realizaba el Bautista su elevado servicio, y en las aguas de este señalado rio los bautizaba, haciendo ellos confesión o manifestación de sus pecados; para que sus almas libres del estado pecaminoso, pudieran purificarse y tomar el camino recto, el camino de la elevación espiritual.
El bautismo de Juan, era un acto de verdadero servicio en amor de Dios, de ayuda para aquellas almas necesitadas, por cuyos sentimientos de elevación se realizaba en sus almas un principio de consagración a la nueva vida, a la vida más en Ley de Dios. Pues todo acto que se realiza con unción espiritual en alma y en cuerpo, infunde en el hombre una nueva fuerza de devoción, una poderosa fuerza de fe, que se mantiene como un vigoroso ánimo para más grandes esfuerzos y consecuente consecución.
La confesión, que debe ser hecha plenamente ante nuestro espíritu y en èl ante Dios, produce a la persona todo el necesario remordimiento, y con èl el arrepentimiento, con los cuales enmendarse y entrar en directa purificación. la confesión, para que tenga el verdadero efecto de liberación para el pecador de sus delitos o cadenas, tiene que hacerse, como decimos, en espíritu y ante Dios; como lo vemos en estas manifestaciones y enseñanzas de Las Sagradas Escrituras, Jehova por medio del profeta Isaias, en libro de èste, capitulo 45, versículo 23, y expresado este por el Apóstol Pablo en su Epístola a los Romanos, 14:11, “Porque escrito està: Vivo yo, dice el Señor, que a mí se doblará toda rodilla, y toda lengua confesará a Dios”, bien aclarado en los dos siguientes de Pablo, “De manera que, cada uno de nosotros dará a Dios razón de sí”, y “Así que, no juzguemos más los unos de los otros, antes bien juzgad de no poner tropiezo o escándalo al hermano”. Es justamente esta razón de sí que debemos dar a DIos, como aquí nos dice el Apóstol Pablo, abriendo nuestras almas con toda sinceridad, recta y conciencia y amoroso propósito, en reconocimiento y enmienda propios por verdadero arrepentimiento y purificación; para que así entremos en un nuevo estado y condiciones, más merecidamente cerca de Dios o en más acercamiento a Dios.
El bautismo y la confesión constituyen, el primero, el principio de verdadera religiosidad para entrar en amoroso y respetuoso culto más en relación con Dios; por la ayuda recibida espiritualmente, uto con la disposición de la propia alma en propio espíritu, y en participación y unión con aquellos que ya van un poco más adelante guiando sus pasos para que puedan tener verdadero adelantamiento hacia el reino celestial. Y la confesión limpiando y rectificando nuestras vidas, y haciendo fértil el campo de esta nuestra existencia, y luego labrarlo y sazonarlo, sembrar y cuidar la plantación, para lograr la buena cosecha. Por el bautismo nos sentimos fortificados, y por la confesión aliviados del peso alcanzando un estado de pureza y rectitud, y de buena disposición y aptitud para la verdadera elevación.