03/01/2026
¡Feliz año nuevo?
Iniciamos un nuevo año bajo un signo de admiración y de pregunta al mismo tiempo. 2026 de nuestro calendario, según la tradición que ubica el año 0 con el nacimiento de Jesús. Tiempos e historia que nos traen sus relatos de tragedias y esperanzas, de dolores y alegrías, con sus guerras, hambrunas y pestes, pero también con ejemplos de humanidad y solidaridad, luchas por la verdad y la justicia.
El año que comienza no nos trae los mejores augurios. Guerras y amenazas de guerra, violencias en todos los niveles, desde los más domésticos y barriales, la violencia policial hasta el nivel global, incluyendo la violencia hacia la naturaleza. Nuestro propio continente americano lo vive dramáticamente: movimientos de tropas imperiales, bombardeos en alta mar y ataques terrestres, persecuciones y asesinatos políticos, deportaciones inconsideradas. Nuevamente la potencia y prepotencia imperial del norte invadiendo otros países, generando una situación de guerra en un continente que clama por la paz.
A nivel mundial crecen los presupuestos en armamentismo y disminuyen los de educación y servicios sociales. Vemos la soberbia de gobernantes para quienes no importan las leyes ni las vidas, ni el bienestar de las familias. Las grandes corporaciones económicas expoliando los recursos naturales y explotando a su favor a nuestros pueblos, nuestras naciones endeudadas y sometidas a las especulaciones de los poderes financieros. Nada de eso es nuevo, y el año que se inicia parece presagiar que continuará y que aún se incrementarán algunos de estos males.
Pero no es solo el poder material. En el ámbito espiritual y ético vemos una gran desorientación, como los nuevos instrumentos tecnológicos se usan para difundir mensajes de odio, prejuicios y mentiras, falsas noticias y ataques, apuestas y juegos de guerra, desafíos de violencia e individualismos egoístas. También están allí las tentaciones de la idolatría del dinero. Esto impacta fundamentalmente en nuestros jóvenes, incluso en las infancias. Sin que sea ésta la única explicación, en los últimos 30 años se triplicaron los casos de suicidio en la adolescencia. Una investigación muestra que, “esta es ya la tercera causa de muerte más frecuente a nivel mundial entre personas de 15 a 29 años”.
¿Qué nos queda a quienes queremos ser testigos de quien anunció: buenas nuevas a los pobres, sanidad para los corazones quebrantados, vista a los ciegos, libertad a los cautivos y oprimidos, el ‘año agradable del Señor’? El tiempo de nuestra historia actual reclama a la vez calma, confianza y valentía en el testimonio de la fe. Hoy más que nunca se hacen ciertas las palabras del apóstol Pablo: […] por medio de nuestro Señor Jesucristo tenemos entrada por la fe a esta gracia en la cual estamos firmes, y hacemos gala de la esperanza de la gloria de Dios. Y no solo esto, sino que también nos afirmamos en las aflicciones, sabiendo que la aflicción produce perseverancia, y la perseverancia, aprobación y la aprobación, esperanza; y la esperanza no nos defrauda, porque el amor de Dios ha sido derramado en nuestros corazones por el Espíritu Santo que nos fue dado (Rom 5:1-5). Solo así podemos esperar que nuestro Dios nos permita vivir un año nuevo.
Comité Movilizador Red CLAI