Parroquia Nuestra Señora de Caacupé

Parroquia Nuestra Señora de Caacupé Parroquia Santuario Nuestra Señora de Caacupé- Arzobispado de Buenos Aires Horarios de Misas VERANO

Lunes, Martes, Miércoles, Jueves, Viernes: 19 hs.

Sábados: 19 HS. Domingos: 10, 11, y 19 hs.

24° Domingo T. Ordinario   12 y 13 setiembre de 2026La liturgia de este domingo se centra en el perdón de las ofensas y ...
11/09/2026

24° Domingo T. Ordinario
12 y 13 setiembre de 2026

La liturgia de este domingo se centra en el perdón de las ofensas y nos llama a perdonar a todas las personas y cualquier ofensa que hayamos recibido porque el Padre celestial nos perdona a todos cuando desde lo profundo de nuestro corazón nos arrepentimos y, con humildad, pedimos el perdón.

Fuimos salvados por los méritos obtenidos por Jesucristo en su muerte en la cruz. Él, por la infinita misericordia de Dios, pagó por todas nuestras culpas y pecados. Por ello sólo nos queda un agradecido arrepentimiento unido a la súplica del perdón y el deber de perdonar de corazón a nuestros hermanos todas sus ofensas.

Jesucristo saldó la deuda por todos nosotros. En el tiempo presente, durante nuestra vida en la tierra, estamos en tiempo de obtener misericordia. Todos tenemos oportunidad de perdonar a nuestros hermanos para ser perdonados. Esta es la enseñanza que nos hace la primera lectura indicándonos el deber de perdonar para recibir Su gracia redentora cuando nos acercamos a pedir el perdón del Señor (Eclesiástico 27, 30-28,7). Es necesario perdonar de corazón a todas las personas y cualquier ofensa, sin distinción, porque la misericordia infinita de Dios se derrama sobre quien no guarda rencor y perdona al prójimo los agravios.

No es fácil para el hombre perdonar. Las heridas del pecado original dejaron la secuela en el orgullo humano que muchas veces obstaculiza tanto el pedir perdón como el aceptar el pedido de otra persona. A la luz de las enseñanzas que nos da la liturgia este domingo preguntémonos: ¿Pedimos al Señor la gracia de saber perdonar? ¿Creemos de verdad que dar el perdón es la puerta que nos lleva a ser perdonados por Dios? ¿Contribuimos desde nuestros lugares para construir un mundo donde reine la paz y la misericordia?

El Salmo 102 (1-4. 9-12) canta la bondad del Señor pues Él perdona siempre todas nuestras culpas con su amor sin límites. La segunda lectura (Carta de San Pablo a los cristianos de Roma 14, 7-9) nos recuerda que tanto en la vida como en la muerte pertenecemos al Señor, somos sus hijos y, por ello, podemos ir confiados a implorar el perdón cuando nuestra conciencia nos advierte los pecados cometidos. Cristo, con su muerte en la cruz, ya pagó por nosotros al Padre celestial y, cuando nos arrepentimos, nos renueva el perdón y nos concede su gracia.

San Mateo, en el Evangelio (18, 21-35), nos recuerda que Dios nos perdona siempre . pero pone una condición: para que seamos perdonados debemos perdonar de corazón a nuestros hermanos, como rezamos en la oración del Padrenuestro. El hombre pone en evidencia su ser cristiano en la capacidad de amar al prójimo como a sí mismo y en la capacidad de reconciliarse con el hermano, de dar y pedir el perdón ante cualquier ofensa.

El sacrificio de Cristo en la cruz por la salvación de todos los hombres nos lleva, en ocasiones, a suplicar perdón y, en otras, a darlo. Jesús perfeccionó la ley del perdón ampliándola a todo hombre y a cualquier ofensa. Cuando Pedro pregunta a Jesús si debe perdonar al hermano hasta siete veces, el Señor le responde: “No te digo hasta siete veces, sino hasta setenta veces siete” (Mt, 18, 21.22), expresión que implica un número ilimitado de veces. Así es como se manifiesta la bondad del Señor, perdonando las reiteradas ofensas ante el arrepentimiento y la súplica del pecador arrepentido, necesitado de misericordia.

Este domingo imploremos al Señor para que se reavive en nosotros el deseo y la confianza en su perdón y podamos formular una vez más el propósito de nuestra conversión, amparados en su gran misericordia. A la vez, roguemos al Señor para que podamos perdonar a toda persona que nos ofenda, como nosotros somos perdonados por Dios. Es muy importante que en la vida de familia y en las pequeñas comunidades la convivencia se establezca sobre la base del amor y del perdón mutuo. En recuerdo del perdón recibido, sólo cabe la oración agradecida y la donación generosa del perdón al prójimo.

23ª DOMINGO  Tiempo Ord.  A                                                                5 -6 de septiembre 2026La lit...
04/09/2026

23ª DOMINGO Tiempo Ord. A 5 -6 de septiembre 2026

La liturgia de este 23º Domingo del Tiempo Ordinario nos presenta el misterio de amor de Jesús que siempre cuida nuestro bien y nuestro progreso en el camino de la virtud y la santidad. Su palabra cada día nos enseña a amar a nuestros hermanos, a respetarlos y, si se equivocan, ayudarlos a cambiar su conducta demostrando empatía y caridad, con palabras y ejemplos de verdadero amor fraterno.
En este tiempo se nos puede hacer difícil cómo encontrar la buena senda en un mundo tan convulsionado donde impera la individualidad y con ella el egoísmo, la autosuficiencia y la apatía ante las necesidades del prójimo. La Palabra y la fe compartida nos sostienen en el buen camino. Junto a ello la Iglesia actúa como un atalaya desde donde podemos apreciar todo lo que la fe ofrece y todo lo que Dios , en su infinita misericordia, es capaz de realizar por el hombre. Ella nos guía para encontrar a Jesús, la verdadera luz que allana el camino hacia Dios. La Iglesia debe trabajar con ahínco y esperanza para acrecentar la unidad entre hermanos ya que por ellos Jesús sufrió, murió y resucitó.
Somos miembros de una Iglesia centrada en un Dios Trinitario que nos quiere unidos a Él en una familia nutrida por el ejemplo de amor de Jesús por todos y cada uno de sus miembros, y por el amor mutuo entre hermanos. Por amor a Él debemos trabajar para mantenernos unidos, arraigados en la fe que compartimos y que se manifiesta en nuestro sentir y actuar cotidiano.
Los cristianos, como misioneros y discípulos de Jesús, tenemos la tarea de enseñar a descubrir la estrella de la fe y reestablecer el sentido de hermandad que nos enseñó Jesús, otorgando el perdón al hermano extraviado y ofreciendo una corrección fraterna signada por el amor. Debemos ayudarlo a reemprender el camino, desistiendo del pecado y procurando hacer el bien. El perdón nutrido de amor reconforta y sana al que lo otorga, a la vez que recupera y revive al que se ha apartado del camino de salvación.
El pecado nos aparta de Dios y rompe esta estructura de unión saludable afectando la integridad de toda la Iglesia. La liturgia de hoy nos insta a construir una comunidad cristiana basada en el perdón y el amor para lograr una verdadera conversión. En la primera lectura ( Ezequiel 33, 7-9) el profeta nos advierte la responsabilidad que tenemos en el cuidado de nuestros hermanos para que también ellos alcancen la salvación, y en el evangelio (Mateo18, 15-20) , San Mateo nos enseña a estar atentos cuando hay conflictos en el seno de la comunidad y actuar siempre con verdadera caridad. En ese espíritu Jesús enseña a sus discípulos a discernir la naturaleza y gravedad de los pecados que acechan la unidad de la comunidad de fe, junto con una eficaz pedagogía del perdón y la perseverancia en los méritos de la corrección fraterna. El pecado conduce a la alienación y disolución de la familia cristiana, y es nuestro deber asistir al hermano a lograr una reparación completa y duradera en su vida de fe, procurando recuperar a todos los miembros que han perdido el camino. Necesitamos nutrir nuestra labor comunitaria del amor de Dios y actuar con compasión, paciencia, empatía y amor por nuestros hermanos para atraer y mantener a todos en la fe que compartimos y en la familia de Dios.
Reflexionemos: ¿Cómo vivimos nuestra responsabilidad pastoral dentro y fuera del ámbito de la iglesia? ¿Seguimos el camino que Jesús nos propone en la corrección fraterna? ¿Nos acercamos y dialogamos con el hermano caído con delicadeza y discreción, evitando herirlo o humillarlo? En mi familia y en mi comunidad ¿actúo como instrumento de reparación y reconciliación, libre de soberbia, prepotencia o prejuicio? ¿Cómo tomo la corrección fraterna que recibo por mis actos, esa crítica amistosa , esa observación leal y oportuna, el consejo sincero cuando me he extraviado?
Cuando caminamos juntos, Jesús nos promete estar entre nosotros. Él se hace presente en la Palabra, en nuestra oración, en los sacramentos que recibimos y en el conjunto de hermanos con quienes compartimos la fe. Con esa certeza, nuestra labor dentro de la Iglesia nos encamina a vivir en la gracia de Dios, creciendo en una comunidad cimentada en el amor de Cristo Jesús. ¿Escuchamos la llamada del Señor a corregirnos mutuamente y ayudarnos a ser mejores ?
Pidamos a Dios que nos ayude a evitar los tropiezos y caídas en nuestro camino de salvación y que sepamos rescatar al hermano que ha desoído su voz y se ha alejado de su lado y de la vida en comunidad como nos enseñó Jesús. Roguemos al Espíritu Santo que nos ayude a encontrar espacios de oración, de reflexión y ocasiones de encuentro con otros en nombre de Jesús para aprender a vivir desde su mirada de misericordia y en coherencia con sus enseñanzas. Que sepamos ser una iglesia de hermanos que se aman y perdonan y una iglesia que vive y crece con la oración y la presencia de Dios.

04/09/2026
🛍️ ¡Domingo 20 septiembre, vení a nuestra Feria Americana! Desde las 10:00 de la mañana hasta las 14:00 o hasta agotar s...
26/08/2026

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Celebración del próximo Domingo21° Domingo Tiempo Ordinario     22 y 23 agosto, 2026“¿Quién dice la gente que soy yo?” (...
21/08/2026

Celebración del próximo Domingo

21° Domingo Tiempo Ordinario
22 y 23 agosto, 2026

“¿Quién dice la gente que soy yo?” ( Mateo 16,13-20)
Reflexionamos mucho sobre la necesidad de seguir a Jesús y sus enseñanzas en la convicción de que nos conducen a la felicidad y alimentan la esperanza de g***r junto a Dios en la vida eterna. Pero ¿quién es ese hombre, tan humano como divino, al cual seguimos?
En el evangelio encontramos varias respuestas que nos ayudan a descubrir quién es Jesús. Sin embargo, cada cristiano debe profundizar quién es Jesús para él en lo íntimo de su corazón para disponerse a seguirlo incondicionalmente. Él es la persona decisiva que nos ilumina para discernir nuestra orientación en la vida, a escuchar la llamada a vivir una vida verdaderamente cristiana, el que nos ofrece la esperanza que sostiene nuestra fe.
En nuestra vida cotidiana nos cuesta hablar de Dios, Uno y Trino al tiempo de
expresar nuestras convicciones religiosas, nuestras creencias o cuando necesitamos defender nuestras ideas sobre la vida, la familia y la sociedad a la luz del Evangelio.
En la lectura evangélica de hoy (Mateo 16, 13-20), como lo hiciera en su encuentro con sus discípulos, Jesús nos interpela: el Señor nos ha nutrido con la multiplicación del Pan de Vida, nos ha sanado en numerosas ocasiones como lo hizo con la hija de la mujer cananea y en tantas otra manifestaciones de su infinita misericordia por cada uno de nosotros.
Hoy Él viene a nuestro encuentro una vez más, y nos invita a reflexionar sobre qué pensamos de nuestra fe y de nuestra esperanza, de nuestro seguimiento y de nuestra entrega, de su persona y de sus palabras. Viene a restaurar nuestras convicciones religiosas porque conoce nuestra debilidad, nuestra inconsistencia al tiempo de saber con claridad a quién seguimos, quién es Él y por qué le seguimos.

Desde lo profundo del corazón nos preguntamos: en nuestras conversaciones cotidianas ¿cuántas veces hablamos de Dios?
¿Le conocemos en profundidad o sólo superficialmente? ¿Escuchamos y practicamos su Palabra o simplemente asistimos a su lectura? ¿Vivimos en comunión con Jesucristo, reconociéndolo como Hijo de Dios y nuestro Salvador?
¿Vemos con claridad que Jesús ha venido para develarnos el verdadero rostro de Dios: la fuerza y primacía del amor fraterno?

“Y vosotros ¿quién decís que soy yo?” Esta pregunta, que Jesús le hace a sus discípulos, es fundamental para todo cristiano hoy y siempre. En realidad, no es tanto una pregunta sobre Jesús, sino una invitación a iniciar una búsqueda enriquecedora en lo profundo de nosotros mismos: qué creo, cómo vivo, a qué aspiro, a qué y con quién me comprometo. Cuánto busco vivir las virtudes teologales de Fe, Esperanza y Caridad en mi vida diaria a la luz de la Palabra y las enseñanzas que nos da Jesús.
Hoy, al igual que Pedro entonces, como iglesia seguimos respondiendo: Tú, Señor, eres el Hijo de Dios. Pero sólo podremos descubrir quién es Jesús si vivimos la fe practicada desde lo que hay de divino en nosotros desde el bautismo , cuando nacimos como hijos de Dios.
Cuando reveo el camino de salvación que ya he recorrido de la mano de Jesús , puedo recordar algunos momentos u ocasiones en las que creo haber actuado como un cristiano comprometido con el mensaje del Evangelio. Pero en cada encuentro, Jesús nos sorprende. Él rompe nuestros esquemas, abre nuevos caminos y nos atrae a una vida nueva nutrida en la fe y el amor. Junto con ello nos ofrece una nueva oportunidad de reavivar nuestra fe y consolidar nuestra adhesión a su Persona y al plan de Salvación que Dios ha concebido para cada uno de nosotros. Ante este descubrimiento fundamental para nuestra existencia ¿Soy un cristiano agradecido? ¿ Me acerco bien dispuesto a recibir la Palabra y entregar mi existencia al Padre?
Inmerso en mi entorno y comunidad cristiana ¿Trato de contagiar a otros la mirada, los sentimientos y visión de la vida que nos enseña Jesucristo?
En este encuentro con Jesús que nos presenta la Palabra , Pedro y los apóstoles reciben la valiosa tarea de actuar en Su nombre para gobernar, “atar” y “desatar”, de santificar, enseñar y sostener la Iglesia como una comunidad consolidada sobre la roca de la fe y el imperio del amor a Dios y a los hermanos.
La Iglesia nos quiere cristianos comprometidos, en cuyos corazones habite la Palabra, hecha carne en Jesús. Nuestra Madre llevó esa Palabra en su seno y lo entregó al mundo. Hagamos lo mismo Recémosle para que nos acompañe a lo largo de esta semana para imitar a Jesús y llevar una vida agradable a Dios.

21/08/2026

21 de agosto | Día del Catequista ✨

Hoy queremos dar gracias a Dios por cada uno de los catequistas de nuestra Parroquia, que con generosidad, paciencia y amor ponen su tiempo y su vida al servicio del anuncio del Evangelio. 🙏💙

Gracias por acompañar a niños, adolescentes, jóvenes y adultos en el camino de la fe; por enseñarles a conocer y amar a Jesús, por escuchar, alentar, sembrar esperanza y ayudar a que la Palabra de Dios eche raíces en cada corazón.

Ser catequista es mucho más que transmitir conocimientos: es ser testigo, caminar junto al otro y mostrar con la propia vida que vale la pena seguir a Jesús.

Que el Señor recompense tanta entrega y que Nuestra Señora de Caacupé los cubra siempre con su manto y los sostenga en esta hermosa misión.

🌟 ¡Feliz día, queridos catequistas!
Gracias por ser luz en el camino de la fe de nuestra comunidad.

Parroquia de Caacupé 💙

Entrega de ropa a los hermanos asistidos del Comedor Parroquial.
18/08/2026

Entrega de ropa a los hermanos asistidos del Comedor Parroquial.

Este domingo la Iglesia nos presenta el poder sanador de Jesús que se manifiesta cuando nos entregarnos con humildad y c...
16/08/2026

Este domingo la Iglesia nos presenta el poder sanador de Jesús que se manifiesta cuando nos entregarnos con humildad y confianza a su misericordia y pedimos el bien que necesitamos con oración perseverante. La fe en la bondad del Señor alienta en nosotros la esperanza de obtener lo que necesitamos; sin embargo, nuestra súplica necesita tener presente que el Señor podrá regalarnos el bien que pedimos u otro que en su infinita sabiduría sea mejor.

La Liturgia de la Palabra, en la Primera Lectura nos presenta al profeta Isaías (56, 1. 6-7) quien invita al pueblo a vivir con rectitud para participar con el Señor en su Casa de oración. Dios es indulgente con todos los hombres y pueblos, por ello la antífona del Salmo nos invita a ser agradecidos: ¡Que los pueblos te den gracias, Señor!

El Señor, misericordioso con todos, está cerca de los que practican la justicia, aman y respetan su nombre. San Pablo, uno de los testigos más elocuentes de la suma bondad de Dios, a quien el Señor manifestó vivamente su amor, después de su conversión predicó incansablemente para que sus hermanos de raza no quedasen excluidos de la salvación y pudiera llegar también a ellos la misericordia de Dios (Carta de San Pablo a los cristianos de Roma 11, 13-15; 29-32). Nosotros también hemos recibido, sin ningún mérito propio, la misericordia del Señor. ¿De qué modo expresamos el aprecio y la valoración por un don tan grande? ¿Nos esforzamos para que nuestros familiares y amigos puedan conocer a Dios, rico en misericordia?

La incredulidad de buena parte del pueblo judío preocupó a San Pablo y también a la Iglesia en los primeros siglos de cristianismo, hasta que el Señor permitió que se viera claramente que la salvación y los méritos de Cristo pueden llegar a todas las personas que obran rectamente y con buena voluntad. San Juan Pablo II, refiriéndose al pueblo judío, los llamaba nuestros hermanos mayores, con aprecio por su defensa del único Dios y del culto religioso.

El Evangelio de este día (Mateo 15, 21-28) relata el pedido de ayuda de una mujer cananea a Jesús para obtener la salud de su hija. El Señor tiene un pequeño diálogo con ella, alaba la fe y humildad de esta mujer y, ante la insistencia y perseverancia en el pedido de curación de la hija, el Señor accede y realiza el milagro. Dios tiene misericordia de todos los hombres y mujeres, y por medio de su Hijo Jesús hace llegar la salvación a todo el mundo, sin condicionamientos de origen o raza determinada. Después Jesús se retira solo, al monte, a orar con su Padre.

¿Nosotros nos apartamos cada día unos momentos de nuestras tareas, obligaciones y también de las otras personas para tener un encuentro a solas con el Señor? Cuando acudimos al Señor para pedir algún bien que necesitamos para nosotros o para un ser querido, ¿pedimos con fe? ¿Confiamos en que nuestra oración va a ser escuchada? ¿Somos perseverantes en la petición? ¿Agradecemos poder dialogar con el Señor?

Cada vez que nos acercamos a orar con fe, el Señor nos recibe y nos escucha con todo su amor. Está siempre dispuesto a calmar nuestras tempestades interiores con sus palabras oportunas. Sólo necesitamos abrir nuestro interior con sinceridad y manifestar nuestra gratitud por el momento compartido en su compañía y por contar con su incondicional amor.

Hoy, 15 de agosto, los paraguayos ponemos a nuestro querido pueblo bajo la mirada maternal de Nuestra Señora de la Asunc...
15/08/2026

Hoy, 15 de agosto, los paraguayos ponemos a nuestro querido pueblo bajo la mirada maternal de Nuestra Señora de la Asunción, Patrona del Paraguay. 🇵🇾🙏

Madre de la Asunción, cuidá a nuestro Paraguay, bendecí a nuestras familias, acompañá a quienes sufren, fortalecé a quienes trabajan por un futuro mejor y regalá a toda nuestra nación paz, justicia, fraternidad y esperanza.

Que tu manto proteja también a tantos paraguayos que viven lejos de su tierra y que, dondequiera que estén, llevan al Paraguay en el corazón.

Bendice también a la Argentina 🇦🇷 y su gente por recibirnos con tanta fraternidad.

Nuestra Señora de la Asunción, Patrona del Paraguay, ruega por tu pueblo.
¡Viva la Virgen! ¡Viva el Paraguay! ¡Viva la Argentina! 🇵🇾🇦🇷🇵🇾

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Avenida Rivadavia 4879
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1424

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