21/02/2013
¿LA REGENERACIÓN PRECEDE A LA FE?
La regeneración es el acto soberano de Dios por medio del cual imparte Su Misma vida y Su Misma naturaleza la pecador creyente (Juan 1:12-13; Tito 3:5). El primer nacimiento del hombre es natural; su segundo nacimiento es espiritual y es sobrenatural. Su primer nacimiento lo hace miembro de una raza caída; su segundo nacimiento lo hace miembro de una raza redimida. Su primer nacimiento le da una naturaleza corrupta (Efesios 2:3); su segundo nacimiento lo hace participante de la naturaleza divina (2 Pedro 1:4). En el momento en que una persona nace de nuevo, recibe una nueva vida (Juan 6:47; 1 Juan 5:12) y una nueva posición como un hijo de Dios (Juan 1:12; 1 Juan 3:1-2). Resumiendo, es una nueva criatura en Cristo (2 Corintios 5:17).
Es imposible ser salvo y no ser regenerado. Es imposible ser regenerado y no ser salvo. Toda persona nacida de nuevo es salva.
Es absurdo Y NO BÍBLICO sugerir que una persona es salva y regenerada y que en un tiempo posterior llega a ser un creyente en Cristo. La fe y la regeneración tienen lugar simultáneamente. Ambos suceden en el mismo instante de tiempo. Una es la respuesta de un hombre pecador perdido al evangelio; lo otro es la obra sobrenatural de Dios.
Quienes enseñan que la regeneración precede a la fe dicen que una persona tiene que nacer de nuevo antes de creer. Y que una persona tiene que tener la VIDA de Dios antes de que pueda creer en Cristo. C.D.Cole lo explica de esta manera: “El calvinista dice que la vida tiene que preceder la fe, y que es por lógica la causa de la fe. La fe no generó el nuevo nacimiento, el nuevo nacimiento generó la fe”. (De un tratado titulado Which Comes First on Conversión- Life or Faith? Por C.D.Cole).
¿Por qué esos hombres enseñan esto? “Hay quienes ponen el nuevo nacimiento antes de la fe, puesto que creen que seres humanos, espiritualmente mu***os, no pueden ejercer fe y, por lo tanto, necesitan nacer de nuevo antes de poder creer” [C.Gordon Olson, Beyond Calvinism and Arminianism, p.39]. La doctrina de la total depravación del hombre ha sido llevada al extremo por algunos, resultando en un entendimiento equivocado de la incapacidad del hombre. Ellos creen que el pecador está mu**to en pecado, que es como un cadáver, totalmente incapaz de hacer cosa alguna. Ellos creen que primero tiene que ser regenerado y que tiene que tener vida y que solo entonces podrá creer el evangelio. Pero las Escrituras enseñan que primero tiene que creer para luego poder tener vida (Juan 20:31).
El carcelero de Filipo preguntó una vez, “¿Qué debe hacer para ser salvo?” (Hechos 16:30). Pablo no le dijo: “No puedes hacer nada para ser salvo, absolutamente nada. Estás mu**to en pecado y un hombre mu**to no puede hacer nada. Si Dios no te regenera, estás perdido”.
¡Cuán diferente fue la respuesta de Pablo! El le dijo: “Cree en el Señor Jesucristo y serás salvo” (Hechos 16:31).
El argumento común de algunos es este: “Se dice que el pecador depravado está MU**TO (Efesios 2:1). Puesto que está mu**to, es imposible que él crea. Un cuerpo mu**to nada puede hacer”. Pero en Efesios 2:1, Pablo está hablando de muerte espiritual y comparar muerte espiritual con muerte física es problemático. Una persona que está mu**ta físicamente no puede hablar, no puede respirar, no puede reír, no puede caminar, etc. Pero una persona espiritualmente mu**ta puede hacer todas estas cosas. Es erróneo decir que una persona espiritualmente mu**ta no puede hacer nada. Quien es sincero podría admitir que puede rechazar a Jesucristo, que puede orar, que puede leer la Biblia, que puede pecar y que hasta puede hacer buenas obras en un vano esfuerzo por ganar su salvación. Tiene la habilidad de hacer todas estas cosas.
¿En qué consiste la incapacidad del pecador corrupto?
El no puede porque no quiere. Un ejemplo de esto se encuentra en Génesis 37:4 – los hermanos de José “no podían hablarle pacíficamente”. No eran capaces. ¿En qué consistía su incapacidad? ¿Algo o alguien mantenía sus bocas cerradas para que no pudiesen hablar? ¿Fueron llevados a cientos de millas de distancia de José, de modo que les era imposible hablarle? No, ellos no podían porque no querían. Ellos no querían hablarle de esa manera por causa de la depravación de sus corazones pecaminosos y envidiosos. ¿Por qué no pueden creer los hombres? ¿Por qué los hombres no vienen a Cristo? “Y no queréis venir a Mí para que tengáis vida” (Juan 5:40). O, literalmente, “No estáis dispuestos a venir a Mí para que tengáis vida” (traducción de William Kelly). Su incapacidad de venir a Cristo se debía a su rechazo de venir a ÉL para tener vida, [Nota importante: si el calvinista fuese consistente con su creencia, tendría que volver a escribir Juan 5:40 de esta manera:
“Y no tendréis vida para que podáis venir a Mí”. Esto es porque el calvinista enseña que un pecador mu**to no puede venir a Cristo o creer en ÉL a menos que primero tenga vida].
Estamos de acuerdo en que nadie puede creer en Cristo sin la gran y bondadosa obra que Dios realiza en el corazón, que incluye capacitación e iluminación (Juan 6:44,65; Mateo 11:27; 16:16-17; Hechos 16:14). Es inconcebible que Dios mande a una persona hacer algo que es totalmente incapaz de hacer por sí misma. Un ejemplo es el hombre de la mano seca (Marcos 3:1-5). Cristo le dio la orden, “Extiende tu mano”. ¿Cómo podría hacer esto si sufría de parálisis? Cristo mandó, el hombre obedeció y Dios capacitó. Cristo lo capacitó para hacer lo imposible. De igual manera, al pecador se le ordena creer en Cristo. Si el pecador falla en obedecer este mandato, entonces es culpable de desobedecer el evangelio:
“En llama de fuego, para dar retribución a los que no conocieron a Dios, ni obedecen al evangelio de nuestro Señor Jesucristo” (2 Tesalonicenses 1:8).
Nunca podrá usar esta excusa: “Señor, la razón por la cual no creí en Cristo es porque yo era totalmente corrupto y era incapaz de creer”. No, si Dios ordena, el hombre es responsable de obedecer:
“Pero ahora, Dios manda a todos los hombres en todo lugar, que se arrepientan” (Hechos 17:30).
¿La regeneración precede a la fe? En realidad, ambas cosas suceden al mismo tiempo. En el momento en que una persona cree en el Señor Jesucristo, él es regenerado (nacido de nuevo).
En el momento en que recibe a Cristo por fe, también recibe el don de Dios de la vida eterna. Todo esto sucede en un instante.
Pero por lógica, cuando pensamos en esta gran transacción, tenemos que ponerle algún orden:
¿Indica la Biblia que una persona tiene que ser regenerada para que pueda creer o enseña la Biblia que una persona tiene que creer para ser regenerada?
¿Necesitamos vida para poder creer o necesitamos creer para tener vida?
La Biblia enseña claramente esto: cree y vivirás:
“De cierto, de cierto os digo: el que cree en Mí, tiene vida eterna” (Juan 6:47). “Para que todo aquel que en ÉL cree, no se pierda, mas tenga vida eterna” (Juan 3:15).
El calvinista dice, “vive y creerás”. Ruego notar que NO es esto lo que dice Juan 1:12:
“Pero a todos los que fueron regenerados, les dio poder de creer en Su nombre, dándoles potestad de ser hechos hijos de Dios”. ¡La Biblia NO enseña tal cosa!
Note también que Juan 20:31 dice, “Para que creyendo tengáis vida”. No dice, “Para que teniendo vida, podáis creer”.
En su condición perdida y sin esperanza, al pecador se le dice que MIRE al Señor Jesucristo Y VIVA:
“Y como Moisés levantó la serpiente en el desierto, así es necesario que el Hijo de Hombre sea levantado, para que –TODO AQUEL- que en él cree, no se pierda mas tenga vida eterna” (Juan 3:14-15).
“Mirad a mí, y sed salvos todos los términos de la tierra” (Isaías 45:22).
“MIRAD A MÍ”: ESA FUE LA EXPERIENCIA PERSONAL DE CHARLES SPURGEONG. (Él no fue salvo por medio del evangelio de la “Salvación por Señorío).
Lo siguiente fue tomado de la biografía de Spurgeon de
Arnold Dallimore (Moody Press, 1984), p.18-20
La historia de la conversión de Spurgeon es ampliamente conocida, pero bien puede ser repetida, y no podrá ser mejor relatada que con sus propias palabras:
A veces pienso que yo podría estar en tinieblas y desesperación hasta ahora, si no hubiese sido por la bondad de Dios que envió una tormenta de nieve un día domingo en la mañana, mientras me dirigía a un lugar de adoración. Doblé por una calle lateral y llegué a una pequeña Iglesia Metodista. En esa capilla habría unas doce o quince personas. Yo había oído hablar de estos metodistas, de cómo cantaban tan fuerte, que a las personas llegaba a dolerles la cabeza; pero eso no me importó. Yo quería saber cómo podía ser salvo….
El pastor no llegó esa mañana; supongo que la nieve se lo impidió. Por último, un hombre muy delgado, un zapatero o un sastre o algo parecido, subió al púlpito para predicar. Es de esperar que los predicadores sean instruidos, pero este hombre era realmente inepto. Estaba obligado a atenerse estrictamente al texto, por la sencilla razón de que él no tenía mucho más que decir. El texto era “MIRAD A MÍ, Y SED SALVOS, TODOS LOS TÉRMINOS DE LA TIERRA” (Isaías 45:22).
Ni siquiera pronunciaba bien las palabras, pero eso no importaba. Algún destello de esperanza había para mí en ese texto, pensaba yo.
El predicador comenzó así: “Este texto es a la verdad muy sencillo. Dice ‘Mirad’. Ahora, mirar no cuesta mucho. No tienes que levantar tu pie o tu dedo; es solamente ‘mirar’. Bueno, un hombre no tiene que ir a la escuela para aprender a mirar. Puedes ser el tonto más grande, pero puedes mirar. Un hombre no necesita ganar un gran salario para poder mirar. Cualquiera puede mirar; hasta un niño puede mirar.
“Pero luego el texto dice, ‘Mirad a mí’. ¡Ay!” dijo en su dialecto, “muchos de ustedes se están mirando a sí mismos, pero de nada sirve mirar allí. Nunca encontrarán consuelo en ustedes mismos. Algunos dicen mira a Dios el Padre. No, mira a ÉL. Jesucristo dice, ‘Mirad a mí’. Algunos dicen ‘tenemos que esperar la obra del Espíritu’. Eso no es de ayuda ahora. Mira a Cristo. El texto dice, ‘Mirad a mí’.”
Luego el buen hombre siguió con su texto de esta manera: “Mirad a Mí; estoy sudando gruesas gotas de sangre. Mirad a Mí; estoy colgando de una cruz. Mirad a Mí, estoy mu**to y fui sepultado. Mirad a Mí, resucité nuevamente. Mirad a Mí, he ascendido al cielo. Mirad a Mí: estoy sentado a la diestra del Padre. ¡Oh, pobre pecador, mira a Mí! ¡Mira a Mí!”
Después de darle vueltas a esto durante unos diez minutos, había llegado al final de sus fuerzas. Luego me miró a mí en la galería, y me atrevería a decir que, con tan pocos presentes, él sabía que yo era un extraño.
Fijando sus ojos en mí, como si conociera mi corazón, él dijo, “Joven, pareces muy miserable”. Cierto, me sentía miserable, pero hasta ahora, no estaba acostumbrado que se hicieran comentarios desde el púlpito sobre mi apariencia. Sin embargo, fue un buen golpe que dio justo en el blanco. El continuó, “Y serás miserable siempre — miserable en la vida y miserable en la muerte—si no obedeces mi texto; pero si lo obedeces, ahora, en este momento, serás salvo”. Luego, levantando sus manos, exclamó, como solo un metodista puede hacerlo, “Joven, mira a Jesucristo. ¡Mira! ¡Mira! ¡Mira! ¡Nada tienes que hacer sino mirar y vivir!”
De pronto vi el camino de salvación. Yo no sé qué otra cosa dijo – no tomé nota – estaba tan posesionado con un pensamiento….Había estaba esperando que tendría que hacer como cincuenta cosas, pero cuando escuché la palabra “¡Mira!”, ¡qué palabra tan encantadora me pareció! ¡Oh! yo miré hasta que casi se me salieron los ojos.
Allí y entonces se disiparon las nubes, las tinieblas se esfumaron y en ese momento divisé el sol; podría haberme levantado en ese instante para cantar con los más entusiastas de ellos de la preciosa sangre de Cristo y de la fe sencilla que mira solamente a ÉL. Oh, que alguien me hubiese dicho esto antes, “Confía en Cristo y serás salvo”. Sin embargo, sin duda que todo estaba ordenado con sabiduría, y ahora puedo decir –
Ve a la cruz…y vivirás,
Ve a Cristo y vivirás.
Es de Dios el santo amor, ¡aleluya!
Ve tan sólo a Cristo y vivirás.
Aquel día feliz en que encontré al Salvador y aprendí a aferrarme a Sus queridos pies, fue un día que nunca he olvidado…Escuché la Palabra de Dios y ese precioso texto me llevó a la cruz de Cristo. Puedo testificar que la alegría de ese día fue absolutamente indescriptible. Podría haber saltado, podría haber danzado; no había expresión, por fanática que fuera, que hubiese estado fuera de lugar con la alegría de esa hora. Desde entonces han transcurrido muchos días de experiencia cristiana, pero nunca ha habido uno que haya estado tan lleno de regocijo, de efervescente delicia, como ese primer día.
Pienso que podría haber saltado de mi asiento y que podría haber gritado con los más bulliciosos de estos hermanos metodistas… “¡He sido perdonado! ¡He sido perdonado! ¡Un monumento a la gracia! ¡Un pecador salvado por gracia!”
Mi espíritu vio sus cadenas quebradas en pedazos. Sentí que era un alma libertada, un heredero del cielo, un perdonado, acepto en Jesucristo, arrancado del lodo cenagoso y sacado del horrible abismo, con mis pies sobre la roca y mis pasos enderezados…
Entre las diez y media horas, cuando entré a esa capilla, y las doce y media, cuando estuve de vuelta en casa, ¡qué cambio hubo en mí! Simplemente por mirar a Jesús había sido librado de mi desesperación y había sido llevado a tal estado de regocijo, que cuando me vieron en mi casa, me dijeron, “Algo maravilloso te ha sucedido,” y yo estaba muy dispuesto a contarles todo lo que me había pasado. ¡Oh! Había alegría en casa ese día cuando todos escucharon que el hijo mayor había encontrado al Salvador y que sabía que había sido perdonado.
(Tomado de Iain Murray, The Early Years).
Observaciones:
1. Note cuán Cristo-céntrico fue la presentación del mensaje.
2. Note que fue dado el debido énfasis a la muerte y resurrección de Cristo, el todo-suficiente Salvador (1 Co.15:3-4)
3. Note cómo Dios usó la “locura de la predicación” para salvar a Spurgeon, y que el enfoque estaba sobre Cristo y ÉL crucificado (comparar 1 Co.1:20-25).
4. Note cómo Spurgeon fue conminado a mirar lejos de SÍ MISMO y a enfocarse en el SALVADOR.
5. Note que el énfasis del sermón fue sobre MIRAR, no sobre HACER. El debía mirar en la dirección de Cristo y no se le dijo que se enfocara en cumplir ciertos requisitos. El único requisito era que él MIRARA.
6. Note cuán simple eran los requisitos de la salvación: “Mira y vive”. “Confía en Cristo y serás salvo”.
7. Note que el predicador suplente nada dijo sobre los términos del discipulado o las demandas apremiantes para cada persona salva de seguir y obedecer a Cristo.
8. Note que el predicador suplente no dijo a Spurgeon que se “sometiera al Señorío de Cristo” o “que cumpliera los requisitos del discipulado” o “que se volviera y olvidara todo pecado” o que “odiara a su madre y padre, esposa, hijo, etc.” Estas cosas son los resultados de la salvación, pero no son requisitos para ser salvo.
9. Note la gozosa conclusión de Spurgeon: “Simplemente por mirar a Jesús, yo había sido librado de la desesperación.”
“¡Oh! si alguien me hubiese dicho esto antes, “CONFÍA EN CRISTO Y SERÁS SALVO”.
¿LA REGENERACIÓN PRECEDE A LA FE? (Continuación)
Hay quienes creen que una persona tiene que tener vida para creer. El Señor Jesús enseñó todo lo contrario, él dice que una persona tiene que creer (venir a Cristo) para tener vida (Juan 5:40). Recuerde, “venir a Cristo” es sinónimo de “creer en ÉL” (ver Juan 6:35, 37, 40). ¿Por qué la gente no cree en Cristo? ¿Es porque no han sido regenerados o porque se niegan a venir a Cristo por fe: Vea lo que dice la Biblia:
“Y no queréis venir a mí para que tengáis vida… y con todo engaño de iniquidad para los que se pierden, por cuanto no recibieron el amor de la verdad para ser salvos” (Juan 5:40; 2 Tesalonicenses.2:10, 12).
R.C. Sproul cree que la regeneración precede a la fe. Pero a pesar de su doctrina, una vez escribió lo siguiente:
“Cuando Lutero captó la enseñanza de Pablo en Romanos, él nació de nuevo” (R.C.Sproul, La Santidad de Dios). Él tiene que haber escrito estas palabras de prisa, porque para ser consistente con su teología, debió haberlo dicho de esta manera:
“Cuando Lutero fue regenerado, él captó la enseñanza de Pablo en Romanos”.
Si la regeneración precede a la fe, esto haría la fe innecesaria, puesto que la persona ya sería salva. Si una persona ha sido regenerada, entonces ha nacido de Dios, es miembro de la familia de Dios y es poseedor de la vida eterna. Si tú eres un miembro de la familia de Dios y eres poseedor de la vida eterna, entonces ya eres salvo. Entonces, ¿qué necesidad hay de tener fe para ser salvo?
Charles Spurgeon reconoció la insensatez de decir que el pecador tiene que ser regenerado antes de pueda creer:
Si he de predicar la fe en Cristo a un hombre que ha sido regenerado, entonces el hombre, habiendo sido ya regenerado, ya es salvo y es innecesario y ridículo predicarle a Cristo y pedirle que crea para ser salvo, si ya es salvo, puesto que ya ha sido regenerado. ¿He de predicar la fe solamente a los que ya la tienen? Es absurdo, en verdad. ¿No sería esto como esperar que el hombre se sane para luego llevarle la medicina? Esto es predicar a Cristo a los justos y no a los pecadores.” [Sermón titulado The Warrants of Faith].
En cuanto a que la regeneración precede a la fe, algunos llevan esto a extremos ridículos. Aunque parezca increíble, ellos realmente enseñan que una persona puede haber sido regenerada por Dios y no llegar a tener fe en Cristo sino hasta años más tarde.
The Reformation Study Bible (llamada anteriormente The Geneva Study Bible) afirma ser una clara exposición de la teología Reformada. En la página 1664 hay un artículo sobre la Regeneración. Es una acotación chocante en cuanto a la salvación de infantes: Los infantes pueden nacer de nuevo, aunque la fe que ellos ejerciten no pueda ser tan visible como la de los adultos”. Escribí a R.C. Sproul (el editor general) para pedir una aclaración a esta acotación. Recibí una respuesta escrita de su asistente, V.A.Voorhis (con fecha 1.06.2000) en la cual hace la siguiente afirmación, que es aún más chocante:
Cuando la RSB habla en sus notas en Juan 3 de “infantes nacidos de nuevo”, está hablando de la obra de avivamiento que Dios hace en los que inclinan su voluntad hacia ÉL. En el Protestantismo, la regeneración siempre precede a la fe y si Dios los aviva, la persona ciertamente vendrá… A menudo, la regeneración y la subsecuente fe parecen suceder simultáneamente, pero por lógica, la regeneración tiene que preceder a la fe. La fe de un infante puede no venir hasta años después que Dios ha obrado por Su Santo Espíritu para regenerarlo (énfasis nuestro). Dos ejemplos bíblicos de infantes que fueron nacidos de nuevo se ven en el Salmo 22:2-10 y Lucas 1:15.
De acuerdo con esta enseñanza un niño puede haber nacido de nuevo o haber sido regenerado como un infante y no venir a tener fe en Cristo hasta años más tarde. Esto puede o no puede haber sido la enseñanza de los Reformadores, pero ciertamente NO ES LA ENSEÑANZA DE LA PALABRA DE DIOS.
Asumamos sólo por un momento que lo que están diciendo sea cierto:
Si la regeneración precede a la fe, ¿qué tiene que hacer un pecador para ser regenerado? Ellos nunca ha respondido a esto satisfactoriamente. La respuesta de Shedd es típica. Por cuanto el pecador no puede creer, es instruido a cumplir con los siguientes deberes:
(1) Leer y oír la divina Palabra.
(2) Prestar seria atención a la verdad.
(3) Orar por el don del Espíritu Santo para convicción y regeneración.
[W.G.T.Shedd, Dogmatic Theology,Vol.II, pages 472, 512, 513].
La respuesta de Roy Aldrich a esto es incisiva: “Una doctrina de total depravación que excluye la posibilidad de –LA FE-, también tiene que excluir la posibilidad de –OÍR LA PALABRA-, prestar –SERI ATENCIÓN- a la verdad divina y –ORAR- por el Espíritu Santo para convicción y regeneración.
Después de todo: ¡EL CALVINISTA PARECE QUE ESTÁ TRATANDO MÁS BIEN CON UN CADÁVER ESPIRITUAL VIVO!”. [Roy L. Aldrich, “The Gift of God”, Biblioteca Sacra, July 1965, pages 248-253].
El problema de esta posición es que –PERVIERTE- el evangelio. Se le dice al pecador que la condición para ser salvo es -ORACIÓN- en vez de -FE-.
Es muy contrario a Hechos 16:31, donde NO se le dice al pecador que ore por convicción y regeneración. Al pecador se le dice sencillamente que crea en el Señor Jesucristo.
Los comentarios siguientes fueron escritos por Douglas K.Kutilek y son usados con su permiso:
Cuando Pablo describe al hombre no regenerado como “mu**to en delitos y pecados” (Efesios 2:1), yo creo que esta es una metáfora que ha sido exagerada por algunos escritores calvinistas de entre mis conocidos. La típica justificación para su punto de vista de “regeneración antes de la fe” (aunque, inmediatamente anterior, lo cual resulta inevitablemente y de inmediato en fe salvadora) es que un “hombre mu**to no puede responder a nada – no puede oír, ver, sentir, pensar, tocar, gustar, hacer O CREER, y por ello, Dios TIENE que regenerarlo y darle vida antes de que pueda creer”.
Yo veo, lo que para mí es un problema insuperable en este punto de vista – estos calvinistas no tienen problema con un hombre siendo convicto de pecado antes de la regeneración, en algunos casos la convicción perdura por muchos días, meses o aun años – pero: ¿Como puede un hombre “mu**to” (tal como ellos entienden el término) estar bajo convicción, sentir culpa, sentirse atraído a Cristo, más de lo que pueda creer?
Para ser consistentes, ellos deberían enseñar también la regeneración antes de la convicción –pero entonces no habría necesidad de convicción.
Pablo usa una metáfora cuando dice que el pecador está “mu**to” – el hombre está separado de Dios por su pecado, culpa, etc., y está corrompido y todo su ser está manchado por el pecado – su cuerpo, emociones, intelecto, voluntad, etc., todo está contaminado. Esto no quiere decir que siempre sea tan malo en sus pensamientos y hechos como podría en la práctica serlo, tampoco quiere decir que el hombre no regenerado sea incapaz de actos de amor, auto-sacrificio, amabilidad, moralidad, etc. Pero, tal como Adán, él está separado de Dios por el pecado y no es capaz de reconciliarse a sí mismo, reestablecerse a sí mismo en el favor de Dios y, sin la ayuda de Dios, tampoco puede creer.
Antes de la regeneración, tiene que haber una obra de convicción del Espíritu Santo (la esencial atracción del Padre es ejecutada por la acción del Espíritu Santo).
Douglas K.Kutilek