21/05/2026
LA LEY DE DIOS ES EL DESAFÍO DEFINITIVO
“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1).
“¿Luego por la fe invalidamos la ley? En ninguna manera, sino que confirmamos la ley” (Romanos 3:31). Anular la ley no es abolirla, ya que nadie puede abolir la ley. Anular la ley es mostrar, por los actos, que esta carece de importancia, anular la ley es eliminar la razón de ser de esta. Anulamos la ley de Dios cuando permitimos que no tenga poder en nuestra vida. Anular la ley es quebrantarla; pero la ley permanece tanto si se cumple como si no. Anularla sólo afecta al individuo.
Por tanto, el apóstol Pablo quiere decir que la fe no conduce a la violación de la ley, sino a la obediencia. No debemos decir que la fe lleva a la obediencia, sino que la fe misma obedece. La fe establece la ley en el corazón. Si lo que se espera es la justicia, la fe la establece. En lugar de que la fe conduzca al antinomianismo, la fe es lo único que es contrario al antinomianismo [la doctrina que enseña que la ley de Dios está abolida o que es imposible que alguien la cumpla verdaderamente].
Poco importa hasta qué punto una persona se gloríe en la ley de Dios; si rechaza o ignora la fe implícita en Cristo, no está en mejor posición que aquel ataca directamente la ley. El hombre de fe es el único que honra la ley de Dios verdaderamente.
En realidad, la fe hace lo imposible, eso es lo que Dios nos pide que hagamos. Cuando Josué dijo a Israel: “No podréis servir a Jehová, porque Él es Dios santo, y Dios celoso; no sufrirá vuestras rebeliones y vuestros pecados” (Josué 24:19), él dijo la verdad, pero era un hecho que Dios les exigía que le sirvieran. Nadie tiene la capacidad de hacer lo que es justo y recto, aunque lo desee. Por lo tanto, es un error decir que Dios espera que hagamos lo mejor que podamos. Aquel que no haga nada mejor que esto, no hará tampoco la obra de Dios. ¡No! Pues deberá hacer algo mejor de lo que es capaz de hacer.
Debemos hacer aquello que solo el poder de Dios actuando en nosotros, puede hacer. Es imposible para un ser humano caminar sobre el agua, y sin embargo Pedro lo hizo cuando empleó la fe; es decir cuando confió en Jesús.