27/05/2026
El Reino de Dios contrasta con el orden vigente y gestiona nuevas maneras de ver las cosas y abordar las relaciones con la Divinidad, entre las personas y con la creación toda. Una de estas cuestiones es el deseo de tener dominio o autoridad sobre les otres.
El relato de hoy, en el Evangelio de Marcos 10:32-45, nos muestra a dos discípulos que, cuando Jesús anuncia su cercanía a la pasión, van a manifestarle intereses personales.
En contraposición, también, con falsos igualitarismos, Jesús no solo redefine el privilegio como abandono de toda ambición en la acción amorosa de entrega a les hermanes, sino que, además, niega la posibilidad de ser él quien puede determinar quiénes y como han de asumir cualquier responsabilidad.
Desde las iglesias elaboramos arduos discursos moralizantes hacia las personas y hacia quienes ejercen el poder en las instituciones del Estado. Parece que, muchas veces, olvidamos que la comunidad de fe es ese espejo donde el Reino de Dios ha de contrastar radicalmente con el mundo en su concepción de las cosas y su puesta en práctica.
De los Evangelios parece desprenderse que una de las tentaciones con las que Jesús ha tenido que lidiar con más energía es la del poder. Dejar actuar a Dios en la institución, en la comunidad y en nuestra propia vida, interpelando la devaluación que el mundo impone a cada cosa y a cada ser humano, parece ser el desafío más arduo que enfrentamos hoy.
Tal vez por eso, el leccionario nos dice también, desde 1 Pedro 1:18-25 “Ustedes saben que fueron rescatades de una vida sin sentido, la cual heredaron de sus mayores y ese rescate no se pagó con cosas corruptibles…“
Oremos:
Divinidad amorosa, te pedimos que nos capacites para servir en este mundo, haciendo frente a la adversidad, la desvalorización, el horror al compromiso y las exigencias materiales, pero sobre todas las cosas a nuestro propio y más íntimo egoísmo.
En el nombre de Jesús,
Amén.
Pastor Norberto D’Amico
San Marcos 10:32-45
[32]Iban por el camino, subiendo a Jerusalén, y Jesús iba al frente de los discípulos, los cuales estaban asombrados y lo seguían con miedo. Volvió entonces a llevar aparte a los doce, y comenzó a decirles lo que le iba a suceder.
[33]«Como pueden ver, ahora vamos camino a Jerusalén, y el Hijo del Hombre será entregado a los principales sacerdotes y a los escribas, los cuales lo condenarán a muerte y lo entregarán a los no judíos.
[34]Y se burlarán de él y lo escupirán, lo azotarán y lo matarán. Pero al tercer día resucitará.»
[35]Jacobo y Juan, los hijos de Zebedeo, se acercaron a él y le dijeron: «Maestro, queremos que nos concedas lo que vamos a pedirte.»
[36]Jesús les preguntó: «¿Qué quieren que haga por ustedes?»
[37]Ellos le respondieron: «Concédenos que, en tu gloria, uno de nosotros se siente a tu derecha y el otro a tu izquierda.»
[38]Jesús les dijo: «Ustedes no saben lo que piden. ¿Acaso pueden beber del mismo vaso del que yo bebo, o ser bautizados con el mismo bautismo que voy a recibir?»
[39]Ellos dijeron: «Sí podemos.» Entonces Jesús les dijo: «A decir verdad, beberán del vaso del que yo bebo, y recibirán el mismo bautismo que voy a recibir,
[40]pero no me corresponde concederles que se sienten a mi derecha o a mi izquierda, pues ya es de aquellos para quienes está preparado.»
[41]Cuando los otros diez oyeron esto, se enojaron contra Jacobo y Juan.
[42]Pero Jesús los llamó y les dijo: «Como ustedes saben, los gobernantes de las naciones las dominan, y los poderosos les imponen su autoridad.
[43]Pero entre ustedes no debe ser así. Más bien, aquel de ustedes que quiera hacerse grande será su servidor,
[44]y aquel de ustedes que quiera ser el primero, será su esclavo.
[45]Porque ni siquiera el Hijo del Hombre vino para ser servido, sino para servir y para dar su vida en rescate por muchos.»
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