La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días es una restauración del cristianismo del Nuevo Testamento según lo enseñaron Jesús y Sus apóstoles. No es protestante, evangélica, católica ni ortodoxa. Sin embargo, los valores básicos que sigue la Iglesia en cuanto a la moralidad, el civismo y la familia son similares a los de la mayoría de las religiones cristianas. Los miembros de la I
glesia hallan refugio contra las incertidumbres del mundo en los mensajes de esperanza y felicidad del Evangelio. La realidad de que la vida tiene un propósito divino, que Dios se interesa en cada persona y que todos tienen la capacidad de mejorar por medio de decisiones correctas, es una parte central del pensamiento mormón. Se pueden encontrar a miembros de La Iglesia de Jesucristo de los Santos de los Últimos Días (comúnmente conocidos como mormones) en cualquier nivel social: en el campo de de los negocios y de la agricultura, en la docencia y en las ciencias, en partidos políticos y en cargos gubernamentales, en la industria del entretenimiento y en los medios informativos. Describiendo el carácter de los Santos de los Últimos Días, la revista Newsweek escribió: “No importa donde vivan los mormones, se sienten parte de una red de apoyo mutuo; en la teología mormona, todos son de ministros de igual manera, todos tienen la facultad en cierto sentido de hacer el bien a los demás, y que el bien se haga a ellos: es un convenio de generosidad del siglo XXI”. Esta generosidad no se limita a los miembros de la Iglesia, sino que se extiende mucho más allá. Según el Presidente de la Iglesia, Thomas S. Monson: “Como Iglesia tendemos una mano amiga no sólo a nuestra gente sino a todas las personas de buena voluntad en todo el mundo con ese espíritu de hermandad que viene del Señor Jesucristo”.