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17/07/2025

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13/03/2021

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02/03/2021
Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 1,21-28Jesús entró en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, fue a ...
31/01/2021

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 1,21-28

Jesús entró en Cafarnaún, y cuando llegó el sábado, fue a la sinagoga y comenzó a enseñar. Todos estaban asombrados de su enseñanza, porque les enseñaba como quien tiene autoridad y no como los escribas.
Y había en la sinagoga un hombre poseído de un espíritu impuro, que comenzó a gritar: «¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? ¿Has venido para acabar con nosotros? Ya sé quién eres: el Santo de Dios».
Pero Jesús lo increpó, diciendo: «Cállate y sal de este hombre». El espíritu impuro lo sacudió violentamente y, dando un gran alarido, salió de ese hombre.
Todos quedaron asombrados y se preguntaban unos a otros: «¿Qué es esto? ¡Enseña de una manera nueva, llena de autoridad; ¡da órdenes a los espíritus impuros, y estos le obedecen!» Y su fama se extendió rápidamente por todas partes, en toda la región de Galilea.
Palabra del Señor.

❤ El domingo es un hermoso día para descansar y para hacer un poco más de silencio después de tanto ruido "semanal". Es necesario, aunque nadie nos enseñe a vivirlo, aunque no haya escuela para aprender a hacerlo. El que necesita ruido para tapar más ruido, es porque todavía no termina de encontrarse consigo mismo, con los demás y con Dios. Probemos en este día apagar un poco todos los aparatos que nos aturden tanto y no nos dejan escucharnos entre nosotros y mucho menos a Dios. El silencio no debería ser desesperación, sino encuentro, sirve para encontrarnos mutuamente, para amarnos mejor. El silencio en realidad es, para dar espacio al diálogo, para poder escuchar mejor y poder hablar bien a los otros, lo justo y necesario. Solo el que sabe hacer silencio puede escuchar realmente a los otros y hablar bien a los otros, sin gritar a los demás. El día del Señor debería ser para nosotros esa oportunidad, por lo menos un inicio. Eso no quiere decir que nuestra casa se tenga que transformar en un monasterio, sino que hagamos el intento de escucharnos un poco más entre nosotros, de bajar los "volúmenes" que nos aturden por todos lados, para que nos demos cuenta que las verdaderas palabras que hacen bien son las de Dios.
Sin embargo, mientras tanto, cada día escuchamos palabras, palabras y palabras, muchas palabras vacías. En nuestro país, en el mundo. Las noticias que escuchamos todos los días son informes de los problemas que pasan, pero rara vez alguien se hace cargo de eso que dice que pasa. Las lindas noticias parecen ser cosas excepcionales… Así está el mundo de hoy y en medio de este mundo nosotros confesamos que "el Reino de Dios está cerca". El Reino de Dios está entre nosotros y para nosotros esa es nuestra alegría. Esto quiere decir que Él está entre nosotros, aun cuando no lo parece, aun cuando pareciera que todo está medio perdido. Pero si no cambiamos, si no nos convertimos y creemos, difícilmente lo experimentaremos y nos alegraremos con esta hermosa noticia.
En el Evangelio de hoy Jesús aparece como el Profeta, el verdadero Profeta que habla con autoridad, no solo porque "sabe" lo que dice o porque lo dice es hermoso, sino porque vive realmente lo que dice. Eso es tener autoridad, experimentar en carne propia lo enseñado, por eso "todos estaban asombrados de su enseñanza" y además, porque su palabra hacía lo que decía. Jesús nos maravilla porque no habla por hablar; no miente al hablar; ni impone al hablar; no embauca al hablar; no engaña a nadie al hablar; no grita al hablar; no genera miedo al hablar. Sino todo lo contrario. Habla cuando tiene que hablar; habla con firmeza, pero con amor; habla para sanar y consolar; habla para decir la verdad; habla para mostrar el camino; habla para dar vida; habla con autoridad, vive lo que dice y después lo dice.
Por eso Jesús termina de enseñar y demuestra su autoridad expulsando un demonio que lo quiere increpar ¿Qué quieres de nosotros, Jesús Nazareno? Jesús quiere que el demonio se calle, que nos deje de molestar, que nos deje de engañar. Jesús no solo vino a enseñar una doctrina, sino que vino a vencer al que deforma al ser humano, haciéndolo inhumano por el pecado. Él nos quiere ayudar a distinguir su voz de la del demonio que siempre nos está llamando por la otra oreja.
No dejemos que las voces de este mundo sin autoridad, nos llenen la cabeza y el corazón. No dejemos que la voz del maligno nos haga "creer" que Jesús no está o no actúa. No nos dejemos engañar por el demonio que desea justamente que nos olvidemos de que Él también actúa. No nos olvidemos que Jesús ya lo venció, que solo Él tiene el verdadero poder.
Pidamos al Señor Jesús hoy dos gracias. Maravillarnos de las Palabras, del modo de enseñar de Jesús, de su autoridad, preguntándonos cómo estamos ejerciendo nuestra autoridad como profetas en medio de este mundo. ¿Hablamos por hablar o hablamos de lo que vivimos? Y, por otro lado, pidamos saber distinguir las Palabras de Dios, de las del demonio que andan dispersas por ahí queriéndonos engañar. Jesús es más fuerte, no tengamos miedo.
Que tengan un hermoso y bendecido domingo en familia. Paz y Bien

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 4, 35-41 Al atardecer de aquel día, Jesús dijo a sus discípulos: ...
30/01/2021

Evangelio de nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 4, 35-41

Al atardecer de aquel día, Jesús dijo a sus discípulos: «Crucemos a la otra orilla.» Ellos, dejando a la multitud, lo llevaron a la barca, así como estaba. Había otras barcas junto a la suya.
Entonces se desató un fuerte vendaval, y las olas entraban en la barca, que se iba llenando de agua. Jesús estaba en la popa, durmiendo sobre el cabezal.
Lo despertaron y le dijeron: «¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos?»
Despertándose, él increpó al viento y dijo al mar: «¡Silencio! ¡Cállate!» El viento se aplacó y sobrevino una gran calma.
Después les dijo: «¿Por qué tienen miedo? ¿Cómo no tienen fe?»
Entonces quedaron atemorizados y se decían unos a otros: «¿Quién es este, que hasta el viento y el mar le obedecen?»
Palabra del Señor.

❤ ¡Qué hermoso sería tener más tiempo cada día para dedicarnos en serio a la lectura y meditación de la Palabra de Dios!, o por lo menos hacernos el tiempo, porque la verdad es que lo tenemos. Nuestros corazones cambiarían, el mundo cambiaría.
¿Nos faltará tiempo o nos falta amor?
San Juan Pablo II nos solía decir "El cristiano que dice que no tiene tiempo para rezar lo que le falta no es tiempo, sino amor" ¿Hace falta que explique esta frase? Creo que no. No nos falta tiempo en nuestro día, aunque a veces quisiera que el día dure un poco más. Lo que nos falta, lo que nos falta es un poco más de fe y de amor, para saber que Jesús siempre está para escucharnos, aunque parezca dormido, que siempre está en cada Sagrario, en cada adoración, en cada instante del día. No nos falta tiempo, ni a vos ni a mí, nos falta amor. Amamos poco la verdad al Señor Jesús. El que ama en serio se hace tiempo para estar con el que ama. Nos falta hacernos el tiempo para lo que realmente vale la pena.
Esta semana estuvimos reflexionando sobre la conversión, el cambio que Dios nos pide. Esto nos debe ayudar a pensar en la dimensión de lo que nos perdemos cuando escuchamos mal, cuando no ponemos algo más de nosotros, cuando queremos que las cosas sean fáciles, sin lucha, sin constancia; y nos olvidamos que la gracia actúa en nuestras vidas, pero que también necesita de nosotros, de nuestro esfuerzo. Nunca tenemos que olvidar que la Palabra de Dios, tiene una gran fuerza por sí misma, aunque nosotros no lo percibamos, pero que al mismo tiempo necesita tierra fértil, necesita conversión de nuestra parte.
Tenemos que recordar también que el Reino de Dios no es nuestro, sino es de Dios. No es el Reino mío, en donde todo depende de nosotros, de nuestro esfuerzo, sino que es el Reino del Padre, con su Hijo y sus hijitos, que somos nosotros. Él no quiere que ninguno se pierda. Él necesita de cada uno de nosotros para continuar su obra, pero al mismo tiempo puede hacerlo sin nosotros, no somos absolutamente indispensables. El Reino crece mientras dormimos, nos levantamos. Crece porque Él lo hace crecer, aunque parezca a veces dormido.
Hoy, el Evangelio es tan hermoso, podemos tomar la imagen de Jesús durmiendo mientras todo parece que se va llenando de agua, se hunde. Increíble ¿Quién de nosotros no hubiese tenido la misma actitud de los discípulos? ¿Quién de nosotros no tuvo alguna vez la misma reacción para con Jesús? ¡Maestro! ¿No te importa que nos ahoguemos? ¿Jesús, no te importa que nos tape el agua de la injusticia, de la maldad, de la insensatez, de la amargura, del pecado, de los vicios, de la pobreza, de nuestras debilidades, de la depresión, de todo lo que nos ahoga y nos hace vivir inestables, pensando que en cualquier momento todo esto se viene abajo, todo se puede hundir? ¿No te importa, Jesús? Decinos la verdad, ¿No te importa?
Una imagen puede más que mil palabras y a veces el silencio de Dios es también un modo de comunicarse. Dios no se comunica con nosotros solo hablando, sino también durmiendo, simbólicamente; sino también con sus silencios que a veces nos abruman y nos desesperan. ¡Qué extraño!, ¿No? El silencio de Dios es también semilla del Reino sembrada en nuestros corazones que dará fruto a su tiempo.
A Jesús sí le importa que nos "ahoguemos", aunque no parezca, por eso se levanta cuando es necesario y hace "callar al viento y al mar", que se pone violento y nos quiere tapar con su fuerza. Pero lo que realmente le importa a Jesús es que perdamos la fe, es que dudemos de Él, de su presencia en la barca de este mundo, de nuestra vida. Eso en realidad es "ahogarse" es perder la confianza, dejar de creer que Él está actuando cuando a veces parece dormido. Él siempre está actuando.
Es ahí cuando tenemos que sentirnos ahogados en serio, cuando perdemos esa confianza. No cuando las cosas del mundo nos sobrepasan, cuando lo externo parece que nos "inunda", sino cuando el corazón se inunda de angustia, cuando deja de creer, de confiar, cuando deja de hablar con Jesús, cuando deja de escuchar. Cuando estamos así, ahí nos debemos procurar, ahí gritemos en serio. Mientras tanto, todo lo demás es solucionable de una manera u otra.
Escuchemos a Jesús tranquilos, en el silencio. Mientras todo el mundo anda de acá para allá buscando no sé qué, nosotros busquemos lo importante, escuchemos su voz que nos pregunta ¿Por qué tienes miedo? ¿Cómo no tienen fe?
Que tengan un hermoso y bendecido día. Paz y Bien

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 4,26-34Jesús decía a la multitud:«El Reino de Dios es como un hom...
29/01/2021

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 4,26-34
Jesús decía a la multitud:
«El Reino de Dios es como un hombre que echa la semilla en la tierra: sea que duerma o se levante, de noche y de día, la semilla germina y va creciendo, sin que él sepa cómo. La tierra por sí misma produce primero un tallo, luego una espiga, y al fin grano abundante en la espiga. Cuando el fruto está a punto, él aplica en seguida la hoz, porque ha llegado el tiempo de la cosecha.»
También decía: «¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? ¿Qué parábola nos servirá para representarlo? Se parece a un grano de mostaza. Cuando se la siembra, es la más pequeña de todas las semillas de la tierra, pero, una vez sembrada, crece y llega a ser la más grande de todas las hortalizas, y extiende tanto sus ramas que los pájaros del cielo se cobijan a su sombra.»
Y con muchas parábolas como estas les anunciaba la Palabra, en la medida en que ellos podían comprender. No les hablaba sino en parábolas, pero a sus propios discípulos, en privado, les explicaba todo.
Palabra del Señor.

❤El verdadero cambio se da en el corazón. Cuando el corazón de una persona cambia, por más que afuera siga todo igual, para esa persona todo cambia. El mundo cambiaría si los corazones de todos se decidieran a cambiar. Mientras tanto, todo seguirá igual. Son puras ilusiones las propuestas o planes de cambio que no implican el cambio del corazón. No alcanza todo el dinero del mundo para cambiar de raíz toda la maldad de este mundo, toda la superficialidad y mediocridad, incluso los problemas sociales, la pobreza, por ejemplo. Nuestra mayor pobreza, en realidad, es la del corazón, pobreza entendida como mezquindad, y por eso hay pobreza material, por eso hay tanta desigualdad. Todos experimentamos esta mezquindad de corazón, del dar amor. Tanto pobres, como ricos materialmente estamos atravesados por una gran debilidad del corazón y es la de esperar que el cambio venga desde afuera y no darnos cuenta que somos nosotros los que podemos empezar a cambiar desde ahora, en este instante, si lo quisiéramos. ¿Queremos cambiar? ¿Nos damos cuenta que podemos cambiar si lo quisiéramos? ¿Podríamos ser más generosos, menos ambiciosos? ¿Podríamos mostrarnos más sonriente con los demás, con los que nos cuesta? ¿Cuántas cosas podríamos cambiar si realmente nos lo propusiéramos?
Esto es algo que no tenemos que olvidar nunca. El cambio empieza desde el corazón, Jesús nos pidió que nos convirtamos desde adentro, quiere que cambiemos el corazón. Quiere darnos un corazón de carne, está cansado de nuestras durezas de corazón, de esas partes de nuestro corazón que se van haciendo de piedra. ¿Confías, crees que podés cambiar?
Podríamos dar mil ejemplos de esto, de cómo se cambia, pero podemos entenderlo con el Evangelio de hoy, con esta parábola maravillosa de hoy ¿Con qué podríamos comparar el Reino de Dios? El Reino de Dios, la propuesta de amor de Dios Padre hacia nosotros, por medio de su Hijo Jesús, es incomparable, no se puede agotar con imágenes, pero si se puede intentar comparar con algo que nos ayude. Como hoy, con un hombre que siembra, una semilla que crece más allá de sus esfuerzos, y una cosecha que llega a su tiempo, en el momento oportuno, cuando está maduro el grano, más allá de los apuros del sembrador, pero todo se da "desde adentro", en el silencio, de noche y de día.
Podríamos decir que escuchar, rezar y meditar la Palabra de Dios cada día es parecido a esto. Hay algo que nos supera y que produce fruto mientras dormimos, mientras descansamos, mientras nos enojamos, mientras nos entristecemos, mientras pensamos que no vale la pena, incluso mientras nos alejamos, mientras nos olvidamos, mientras nos encaprichamos, mientras nos superficializamos con este mundo consumista y egoísta, mientras todo gira a nuestro alrededor sin parar. Un protagonista de la parábola, y no menos importante, es la semilla, el mensaje, el amor que lleva en sí la Palabra, ya que tiene su propia fuerza, es viva, no es Palabra seca, vacía, mu**ta. ¡Qué linda noticia! ¿No nos alegra? Nos debe animar mucho, anima a poder cambiar.
Confiemos todos en la semilla que Dios siembra en nosotros, no tanto en nosotros. Confiemos en que la Palabra que Dios sembrada día a día en nuestras almas va a dar su fruto a su tiempo, nos va a ir cambiando lentamente el corazón, tarde o temprano, aunque estemos dormidos, distraídos, haciendo cualquier cosa. Lo importante es perseverar, permanecer. Es como la lluvia, que no vuelve al cielo sin haber empapado la tierra, sin haberla fecundado.
Qué bueno sería que todos podamos hacer eso, hacer el esfuerzo diario de escuchar juntos, para comprometernos a cambiar juntos. ¡Cómo cambiarían nuestras familias, qué bien nos haría a todos! No dejemos de escuchar nunca la Palabra de Dios, no nos cansemos de hacer el esfuerzo por prestarle atención a Jesús, que la cosecha llegará a su debido tiempo, cuando corresponda, cuando madure.
Que tengan un hermoso y bendecido día. Paz y Bien

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 3, 1-6Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hom...
20/01/2021

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según san Marcos 3, 1-6
Jesús entró nuevamente en una sinagoga, y había allí un hombre que tenía una mano paralizada. Los fariseos observaban atentamente a Jesús para ver si lo sanaba en sábado, con el fin de acusarlo.
Jesús dijo al hombre de la mano paralizada: «Ven y colócate aquí delante». Y les dijo: « ¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla?»
Pero ellos callaron.
Entonces, dirigiendo sobre ellos una mirada llena de indignación y apenado por la dureza de sus corazones, dijo al hombre: «Extiende tu mano.» Él la extendió y su mano quedó sana.
Los fariseos salieron y se confabularon con los herodianos para buscar la forma de acabar con Él.
Palabra del Señor.

❤ Vamos madurando en la fe en la medida que somos nosotros mismos los que caminamos detrás de Jesús, algo que parece obvio, con nuestros propios pies, sin que nadie nos arrastre, sin que nadie nos lleve. Maduramos en la fe cuando somos capaces de escuchar de labios de Jesús ¿Qué querés? ¿Qué buscás? Y esas preguntas no nos asustan, sino todo lo contrario, nos ayudan a afirmarnos mejor; porque nos ayudan a sincerarnos con nosotros mismos y con Él. Maduramos en la fe es cuando no seguimos a Jesús únicamente porque alguien nos lo mostró o señaló alguna vez el camino, sino porque al descubrirlo personalmente, corazón a corazón, nos damos cuenta que Él tiene todas las respuestas a nuestros interrogantes más profundos, esos que nadie puede contestar. Sí, vamos con otros, pero no debemos ir arrastrados detrás de Jesús, sino libremente.
No se conocen las cosas, las personas mucho menos, por cuentos de otros, aunque nos aproximen un poco; se conocen cuando uno está cara a cara, corazón a corazón. ¡Qué lindo es reconocer que todavía no conocemos a Jesús realmente, que nos falta mucho, muchísimo! No es discípulo humilde el que se cree que ya lo conoce y que no necesita ir cada día hacia su corazón. ¡No es verdadero cristiano el que considera que por saber algo de Él, por haber recibido algunos sacramentos, por conocer el catecismo, por estar en la Iglesia, ya tiene todo resuelto, ya no tiene que seguir caminando y no le queda nada por delante! Todos tenemos que madurar día a día en la fe, desde el Papa hasta el último de los cristianos. Y hasta que no reconozcamos que esto es un camino incansable de toda la vida, no sabremos qué responderle a Jesús cuando nos pregunte ¿Qué querés? ¿Qué buscás? ¿Qué le responderías hoy a Jesús si te pregunta eso?
En el Evangelio de hoy, evidentemente, nos damos cuenta de que los fariseos no conocían verdaderamente a Jesús y tampoco les interesaba hacer el esfuerzo para hacerlo. Dice la Palabra de Dios que lo "observaban atentamente". Pero no con una observación de amor, sino para poder acusarlo, para encontrarle algo de qué acusarlo; y de hecho, lo logran. Consiguen que Jesús haga lo que ellos consideraban "ilegal" y de ahí se toman para empezar a planear su muerte. Jesús no entra en el juego, al contrario, les demuestra que Él no se deja aprisionar, por las miradas acusadoras de los demás y que el bien está por encima de la cerrazón de corazón de ellos y de su estrechez de mente.
Los fariseos no eran tan inteligentes como parecían o como se creían. Cuando la inteligencia de una persona, esa que al mundo le encanta exaltar, no va acompañada de un corazón de carne y misericordioso, sino que es de piedra y acusador, en realidad no es inteligencia; es astucia humana. No proviene de Dios, por más sagacidad que posea la persona, por más genio y creativo que sea, por más que todo el mundo lo aplauda, por más premio nobel que reciba. Hoy en día, y seguramente siempre, se exaltó la inteligencia de las personas. Se premia, se aplaude, se llena de elogios, entendiendo la inteligencia como su capacidad intelectual para hacer o resolver ciertas cosas, olvidando que también somos bastante de corazón.
Sin embargo, la verdadera ciencia, la sabiduría a la que estamos llamados, es la que no anula el corazón, es la que lo incluye y la que lo escucha siempre, en toda circunstancia y mucho más cuando se trata de tomar decisiones con personas de por medio.
Jesús les preguntó ¿Está permitido en sábado hacer el bien o el mal, salvar una vida o perderla? Pero ellos callaron. Los grandes inteligentes callaron. Finalmente, los que se las "sabían todas" callaron. Callaron porque iban a quedar esclavos de sus palabras o porque les iba a obligar a pensar más, a superar su estrechez de mente y cerrazón de corazón. La dureza de corazón, en el fondo, genera estrechez de mente y viceversa. El que es duro de corazón en realidad no es inteligente; se cree inteligente, pero en el fondo no lo es. El que usa realmente bien su capacidad de pensar que Dios le dio, jamás puede hacer algo más a los demás, con mala intención. Jamás puede tener un corazón tan duro, porque Él nos dio la mente para darnos cuenta de que estamos hechos para amar, para hacer el bien a los otros, para ir más allá de lo "estrictamente" mandado; y reconocer que cuando hay alguien que sufre, cuando hay alguien que la pasa peor que nosotros, no hay lugar para tantos cálculos, sino que hay que actuar como nos gustaría que lo hagan por nosotros.
Que tengan un hermoso y bendecido día. Paz y Bien

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 2,23-28.Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus dis...
19/01/2021

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Marcos 2,23-28.
Un sábado en que Jesús atravesaba unos sembrados, sus discípulos comenzaron a arrancar espigas al pasar. Entonces los fariseos le dijeron: «¡Mira! ¿Por qué hacen en sábado lo que no está permitido?»
Él les respondió: «¿Ustedes no han leído nunca lo que hizo David, cuando él y sus compañeros se vieron obligados por el hambre, cómo entró en la Casa de Dios, en el tiempo del Sumo Sacerdote Abiatar, y comió y dio a sus compañeros los panes de la ofrenda, que sólo pueden comer los sacerdotes?»
Y agregó: «El sábado ha sido hecho para el hombre, y no el hombre para el sábado. De manera que el Hijo del hombre es dueño también del sábado».
Palabra del Señor.

❤En el camino del seguimiento a Jesús hay que ir aprendiendo a dejarse purificar por Él, no es un simple sí, de un día, de una vez, es más complejo que eso y por eso es mucho más hermoso poder seguirlo. Cuando concebimos la vida cristiana, la fe, no como un camino, sino como un simple instante lindo, como un momento pasajero, como una respuesta aislada de la totalidad de nuestra vida, es cuando tarde o temprano nos quedamos al costado, de lo que en realidad era un camino, o nos cansamos, o decimos ¡Esto era ser cristiano! Lo que hay que saber es que Jesús no nos engaña, nunca engañó a nadie en los Evangelios, siempre fue claro y directo, en todo caso nos engañaron sin querer los que nos invitaron a seguirlo, nos engañaron por ser buenos, para atraernos y sumar fieles, o bien nos dejamos engañar nosotros, porque a veces nos gusta no escuchar todo, preferimos no escuchar toda la verdad.
En el Evangelio de hoy nos muestra que no todos los que se dicen ser "religiosos" lo son verdaderamente, en este caso los fariseos que eran supuestamente súper religiosos pero criticaban porque se creían los mejores, y también podríamos decir hoy, que no todos los que dicen seguir a Jesús o creer en Él, realmente lo siguen, porque a veces también juzgamos y se nos destraba la lengua.
Nos dice el apóstol Santiago que "La religiosidad pura y sin mancha delante de Dios nuestro Padre, consiste en ocuparse de los huérfanos, de las viudas cuando están necesitadas, y en no contaminarse con el mundo"
Diríamos que, en su esencia, es el amor concreto y sincero al prójimo, obviamente al que más necesita. También nos dice "Si alguien cree que es un hombre religioso, pero no domina su lengua, se engaña así mismo y su religiosidad es vacía"
Existe un gran peligro en el corazón del hombre, y todavía es peor cuando es llevado por una falsa religiosidad, y es, la excesiva preocupación por lo externo y no tanto por el corazón. Es un mal generalizado, es un virus que tenemos todos, los religiosos y los no religiosos, los creyentes y no creyentes, pero lo que pasa es que cuando este virus crece en una persona supuestamente religiosa, creyente, es mucho peor, porque se arraiga más, se infla más y, además, se camufla bajo apariencia de bien, bajo apariencia de "búsqueda" de santidad, casi que de salvar al mundo. Todos los nacidos en este mundo, casi inconscientemente nos dejamos llevar por las apariencias. La falla original con la cual nacemos nos hace olvidar que lo que define la vida de un hombre no es lo externo, sino que es el corazón, y que el corazón de los otros no lo conocemos realmente.
Los fariseos del Evangelio, juzgaron y juzgan por lo que ven con sus ojos, sin considerar las circunstancias, sin preguntar qué hay detrás, en definitiva, sin conocer el corazón de los hombres, ni el de Jesús, sino simplemente juzgan por las apariencias. Como tantas veces lo hacemos nosotros, vos y yo, de mil maneras diferentes, con buena o mala intención. La mayoría de las veces, seguro que juzgamos con buena intención, pero ahí no está el punto, sino que está, tanto para bien como para mal, en juzgar sin conocer el corazón de los otros. Por eso, la cuestión no está, en que si lo que digo es bueno o malo, si lo que digo lo digo con buena o mala intención, sino que juzgo sin conocer, creyendo que conozco, ese es el gran pecado de todos, esa es la gran falla que debemos pedirle al Señor que nos sane de una vez por todas. ¿Para qué seguimos a Jesús? ¿Para qué seguís a Jesús?
Para amarlo y para parecernos cada día más a Él y que jamás de nuestros labios salga un juicio hacia los otros.
Que tengan un hermoso y bendecido día. Paz y Bien

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan 1,35-42Estaba Juan con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que...
17/01/2021

Evangelio de Nuestro Señor Jesucristo según San Juan 1,35-42
Estaba Juan con dos de sus discípulos y, mirando a Jesús que pasaba, dijo: «Este es el Cordero de Dios.»
Los dos discípulos, al oírlo hablar así, siguieron a Jesús. Él se dio vuelta y, viendo que lo seguían, les preguntó: «¿Qué quieren?» Ellos le respondieron: «Rabbí -que traducido significa Maestro- ¿dónde vives?» «Vengan y lo verán», les dijo. Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde.
Uno de los dos que oyeron las palabras de Juan y siguieron a Jesús era Andrés, el hermano de Simón Pedro. Al primero que encontró fue a su propio hermano Simón, y le dijo: «Hemos encontrado al Mesías», que traducido significa Cristo. Entonces lo llevó a donde estaba Jesús. Jesús lo miró y le dijo: «Tú eres Simón, el hijo de Juan: tú te llamarás Cefas», que traducido significa Pedro.
Palabra del Señor.

❤ Jesús se hizo hombre, se manifestó a María y a José, a unos humildes pastores, se dejó encontrar por los magos de Oriente, por los paganos; o sea, quiso y quiere manifestarse a todo el mundo, sin distinción de raza. Se dejó bautizar para hacerse uno de nosotros siendo humilde y ahora podríamos decir que en este día se deja señalar por Juan el Bautista para que todos sepamos quién es realmente y empecemos a seguirlo para enamorarnos de Él. Todo tiene, por decirlo así, su lógica. Y el Evangelio de hoy nos ayuda a pensar, en dos cosas fundamentales, muy hermosas, que nos pueden ayudar.
Lo primero es que necesitamos de alguien para saber quién es Jesús realmente. Los de ese entonces tuvieron a Juan que "miró" a Jesús y que lo señaló también, podríamos decir, como el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, y de alguna manera se los señaló a otros. Es lindo pensar en esto. Es lindo pensar que necesitamos de otro para conocerlo, es necesario, y es lindo saber que otros necesitan de nosotros para conocer a Jesús. Nadie puede conocer a Cristo si alguien no se lo señala, no se lo muestra, si alguien no vivió la experiencia previamente, si alguien no dice "ahí está, es ese". Él que se cruzó por mi vida es el que quiero que se cruce por la tuya. Es manso, ese cordero, quita el pecado, no reta, no grita, no juzga, no critica, no mira mal, no despotrica; sino que ama, perdona, abraza, corrige, es verdad, acaricia, nos da su misericordia sin límites. Ese es el Jesús que tenemos que mirar y señalar, ese es el Jesús que nos señalaron, o podemos preguntarnos ¿Es así el Jesús que señalo para que otros crean? ¿Es así el Jesús que me señalaron, y es así tan manso, tan cordero?, ¿o me señalaron a otro y yo seguí sin querer, sin darme cuenta quién era? Es para pensar, para cuestionarse, porque en definitiva ahí se juega mucho de nuestra fe, ahí se juega mucho sobre cómo siento y vivo la fe ¿Señalo a Jesús o me señalo a mí mismo, o señalo a un Jesús caricatura, deformado por ideas un poco baratas?
Y lo segundo tiene que ver, por supuesto, con el encuentro con Jesús, que es real, es inolvidable. ¿Nos acordamos la hora y el lugar del momento en el que más disfrutamos estar con el Señor Jesús? Los apóstoles, no se lo olvidaron jamás. Dice así "Fueron, vieron dónde vivía y se quedaron con Él ese día. Era alrededor de las cuatro de la tarde". ¡Qué lindo debe haber sido! ¡Cómo habrán difrutado! La conclusión no es muy difícil aquel que está con Jesús y lo conoce de verdad, no lo olvida jamás en la vida; es más, como le pasó a Andrés, "al primero que encuentra" se lo cuenta.
Lo que escuchamos en la escena de hoy es una síntesis de cómo se conoce a Jesús, de qué se siente y qué produce al corazón. Pasa de todo en muy poco tiempo. Pero en definitiva lo que se nota es que ser discípulo de Jesús, ser cristiano en serio, es ir "tras sus pasos", es caminar tras de Él con una pregunta fundamental en el corazón ¿Dónde vives? Que sería como decir ¡Quiero conocerte! ¡Quiero estar con vos! Quiero saber dónde está tu casa y quiero entrar en ella, quiero ser tu amigo, quiero caminar mi vida junto a la tuya.
Ser discípulo de Jesús es dejarse también cuestionar por Él, dejar que Él nos pregunte ¿Qué querés?, ¿Qué buscás?, ¿Cuál es tu anhelo más profundo? Jesús nos pregunta no porque no sepa lo que necesitamos, sino porque quiere ayudarnos a que nos demos cuenta nosotros mismos, quiere ayudarnos a sacar "lo que ya está adentro" y no nos damos cuenta, aquello para lo que fuimos creados, para entrar en comunión con Él.
Ser discípulo de Jesús no es automático, no es de un día para el otro, no es definitivo en el sentido que ya está, pensar ya por el bautismo, la comunión o la confirmación y ya está... Uno "se va haciendo" de a poco. Ir siendo discípulo es escuchar a Jesús que siempre nos dice "Vengan y lo verán". Como si nos dijera "Ven, anímate a seguirme para conocer mi corazón". Vení, te ofrezco mi corazón, mi casa, te ofrezco conocerme. Mi casa está en el mundo. Mi casa está en tu corazón, mi casa está en el corazón de los hermanos. Mi casa está en la oración silenciosa, está en la Eucaristía, está en cada encuentro personal conmigo y Yo estoy en todos lados. En realidad, Jesús nos invita a su casa para terminar entrando a la nuestra, en nuestro corazón. Sí, es verdad que es un encuentro definitivo cuando realmente lo encontramos. Ya nunca queremos volver atrás.
Cuando hoy el sacerdote levante la hostia y diga en la Misa "Este es el Cordero de Dios que quita el pecado del mundo, dichosos los invitados a la cena del Señor", digámosle a Jesús con sinceridad que queremos seguirlo y, aunque no "somos dignos", queremos que Él también entre en nuestra casa. Una palabra suya, bastará para sanarnos. ¿Nos acordamos de la hora y el momento en la que conocimos al Salvador? ¿Nos acordamos de la hora y el momento en la que más disfrutaste estar con Jesús?
Que tengan un hermoso y bendecido domingo en familia. Paz y Bien

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