CCV Catedral Cristo Vive

CCV Catedral Cristo Vive Somos una Iglesia abocada en dar a conocer el mensaje de Jesucristo. Nuestro Enfoque: Un lugar Familiar destinado a ayudar a la comunidad.

Cultos para toda la familia:
Jueves 19 hs > Saliquelló 590
Domingos 19 hs > Saliquelló 590

Catedral Cristo Vive nació el 14 de Julio de 1991, en Aldea Romana, Bahía Blanca, Provincia de Buenos Aires y forma parte de la Unión de las Asambleas de Dios. Nuestros Pastores fundadores son Santiago y Marta Buenanueva, comenzando y desarrollando su ministerio con amor, dedicación, y esfuerzo alcanzando y

ayudando a decenas de familias en todos estos años de trayectoria, a encontrar la verdad y amor de Dios, tanto en Bahía Blanca como alrededores. En el presente están a cargo de la obra nuestros Pastores Sebastian y Melina Buenanueva, con gran devoción y entrega al servicio, continúan llevando así el evangelio y poder de Dios. A encontrar; una palabra de Dios que nos guíe a obtener:
-Recuperación
-Sanidad
-Restauración
Y lo más valioso para nosotros SALVACIÓN. Somos una gran familia y te invitamos a que formes parte de ella. Bienvenido/a a Catedral Cristo Vive

El bautismo en aguas es un paso de fe, una decisión de amor y un nuevo comienzo. Este sábado 28 de febrero a las 20hs va...
27/02/2026

El bautismo en aguas es un paso de fe, una decisión de amor y un nuevo comienzo.

Este sábado 28 de febrero a las 20hs vamos a vivir un tiempo muy especial, y nos encantaría que seas parte.

Si sentís en tu corazón dar este paso, escribinos para recibir más información.

Te esperamos en 📍Salliqueló 590

Semillas del cielo: Firmes cuando llega la tormentaUn árbol no demuestra la profundidad de sus raíces cuando todo está e...
25/02/2026

Semillas del cielo: Firmes cuando llega la tormenta

Un árbol no demuestra la profundidad de sus raíces cuando todo está en calma, sino cuando sopla el viento. Lo mismo sucede con nuestra vida espiritual: la firmeza no se prueba en los días fáciles, sino en los momentos difíciles.
Jesús enseñó que el hombre prudente es aquel que edificó su casa sobre la roca. Y dijo algo importante: “Descendió lluvia, vinieron ríos, soplaron vientos y golpearon contra aquella casa; y no cayó, porque estaba fundada sobre la roca” (Mateo 7:25).
La diferencia no fue la tormenta —porque llegó para todos— sino el fundamento.
Las raíces profundas no evitan los procesos, pero sí evitan que nos derrumbemos. Cuando estamos arraigados en Cristo, podemos atravesar temporadas de incertidumbre, pruebas o cansancio sin perder la fe, porque nuestra seguridad no depende de lo que vemos, sino de Aquel en quien estamos plantados.
Pablo escribió: “Estad firmes y constantes, creciendo en la obra del Señor” (1 Corintios 15:58). La firmeza espiritual no es dureza emocional, es confianza en Dios aun cuando no entendemos todo.
Tal vez las tormentas revelan áreas débiles, pero también son oportunidades para que nuestras raíces se profundicen más en Él. Dios no busca creyentes sin luchas, sino creyentes que permanezcan firmes en medio de ellas.
Cerramos este mes recordando esto: las raíces fuertes no se forman evitando las tormentas, sino permaneciendo conectados a Cristo dentro de ellas. Y el que está firme en Él, permanece.

Semillas del cielo: Permanecer cuando nadie ve.Las raíces verdaderas se forman en lo oculto. No crecen en los momentos v...
25/02/2026

Semillas del cielo: Permanecer cuando nadie ve.

Las raíces verdaderas se forman en lo oculto. No crecen en los momentos visibles, sino en la constancia diaria, cuando nadie aplaude y cuando parece que nada está pasando.
Jesús dijo: “Permaneced en mí, y yo en vosotros” (Juan 15:4).
La clave no es solo comenzar bien, sino permanecer. Muchos comienzan con entusiasmo, pero las raíces profundas se desarrollan en la perseverancia.
Hay temporadas donde no sentimos mucho, donde la oración parece silenciosa o donde el crecimiento no se nota. Sin embargo, es justamente ahí donde Dios está afirmando nuestras raíces. Porque la fe madura no depende de emociones, sino de convicción.
El Salmo 1 describe al justo como un árbol plantado junto a corrientes de aguas, que da su fruto a su tiempo y cuya hoja no cae. Notá algo importante: primero está plantado, después viene el fruto. Dios trabaja primero en la estabilidad antes que en los resultados.
Permanecer significa seguir buscando a Dios aun cuando estamos cansados, seguir creyendo aun cuando no vemos cambios inmediatos y seguir obedeciendo aun cuando nadie lo reconozca.
Gálatas 6:9 nos anima diciendo: “No nos cansemos de hacer el bien, porque a su tiempo segaremos, si no desmayamos”. Las raíces crecen mientras permanecemos.
Dios está formando creyentes firmes, no momentáneos. Personas que no solo viven de experiencias espirituales, sino de una relación constante con Él.
Las raíces fuertes nacen cuando aprendemos a permanecer… incluso en lo invisible.

Semillas del cielo: Lo que no sanás, te gobierna.Muchas veces creemos que madurar espiritualmente es saber más Biblia, s...
25/02/2026

Semillas del cielo: Lo que no sanás, te gobierna.

Muchas veces creemos que madurar espiritualmente es saber más Biblia, servir más o hacer más cosas para Dios. Pero una gran parte de la madurez cristiana tiene que ver con sanar lo que está roto por dentro.
La Palabra nos advierte:
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón” (Proverbios 4:23).
Porque de ahí nacen nuestras decisiones, nuestras reacciones y nuestra manera de vivir la fe.
Hay heridas que no se ven, pero condicionan todo: rechazo, ofensa, abandono, traición, frustraciones no resueltas. Cuando esas cosas no son sanadas, se convierten en raíces torcidas que luego dan frutos incorrectos: enojo constante, dureza, falta de perdón, desconfianza, queja, frialdad espiritual.
La Biblia dice:
“Mirad bien… no sea que brote alguna raíz de amargura y cause dificultades” (Hebreos 12:15).
La raíz no tratada siempre termina afectando a otros.
Jesús no vino solo a perdonar pecados, vino a restaurar el corazón. Él no tapa las heridas, las sana. Pero para eso necesitamos traerlas a su luz y dejar de justificarlas.
El perdón no cambia el pasado, pero libera el presente. Y cuando decidimos perdonar, no le damos la razón al daño, le damos lugar a Dios para sanar.
“Él sana a los quebrantados de corazón, y venda sus heridas” (Salmos 147:3).
Si queremos raíces fuertes, necesitamos corazones sanos. Porque lo que no sanamos, tarde o temprano termina gobernando nuestra vida.
Este mes Dios nos invita a revisar el corazón, soltar cargas viejas y permitir que Él haga una obra profunda. Las raíces sanas sostienen una vida firme.

DOMINGO DE BAUTISMO EN AGUAS 💙Este sábado 28 a las 20 hs te esperamos en Saliqueló 590 para vivir una noche muy especial...
24/02/2026

DOMINGO DE BAUTISMO EN AGUAS 💙

Este sábado 28 a las 20 hs te esperamos en Saliqueló 590 para vivir una noche muy especial.

Un momento de decisión, de fe y de comenzar una nueva vida.
✨ “Yo nací de nuevo” ✨

Si sentís en tu corazón dar este paso y querés bautizarte, escribinos por mensaje privado.
¡Queremos acompañarte en este día tan importante!

Semillas del cielo: Arraigados en CristoMuchas personas se enfocan en lo que se ve: dones, ministerios, resultados, frut...
06/02/2026

Semillas del cielo: Arraigados en Cristo
Muchas personas se enfocan en lo que se ve: dones, ministerios, resultados, frutos. Pero Dios mira primero lo que no se ve: las raíces. Porque no importa cuán alto crezca un árbol, si sus raíces son débiles, tarde o temprano caerá.
La Biblia dice:
“Arraigados y sobreedificados en Él, y confirmados en la fe” (Colosenses 2:7).
Nuestra estabilidad no viene de las circunstancias, viene de estar conectados a Cristo.
Las raíces crecen en silencio. Nadie las aplaude, nadie las ve, pero sostienen todo. Así también es nuestra vida espiritual: se forma en lo secreto, en la oración, en la Palabra, en la comunión con Dios.
Cuando estamos arraigados en Cristo:
— No nos derrumba cualquier problema.
— No nos mueve cualquier opinión.
— No abandonamos fácilmente.
Jesús enseñó que el que oye su palabra y la hace es como un hombre prudente que edificó su casa sobre la roca (Mateo 7:24). La roca no evita las tormentas, pero impide que la casa se caiga.
Dios no busca creyentes impresionantes, busca creyentes firmes. Personas con raíces profundas, que permanecen aun cuando no sienten, aun cuando cuesta, aun cuando no entienden.
Este febrero, como iglesia, elegimos profundizar nuestras raíces. Porque cuando estamos bien arraigados en Cristo, todo lo demás empieza a crecer sano.

Semillas del cielo: Cosecharás lo que siembresDios estableció un principio espiritual que no cambia con el tiempo: todo ...
30/01/2026

Semillas del cielo: Cosecharás lo que siembres

Dios estableció un principio espiritual que no cambia con el tiempo: todo lo que sembramos, tarde o temprano, lo vamos a cosechar. No es castigo, no es suerte, es ley espiritual.
“No os engañéis; Dios no puede ser burlado: pues todo lo que el hombre sembrare, eso también segará” (Gálatas 6:7).
Muchas veces queremos cosechar paz, pero sembramos enojo. Queremos cosechar relaciones sanas, pero sembramos palabras duras. Queremos cosechar una vida espiritual fuerte, pero sembramos descuido. El problema no está en la cosecha, sino en la semilla.
Comenzar bien el año implica hacernos una pregunta honesta:
¿Qué estoy sembrando cada día?
La Biblia dice:
“El que siembra para su carne, de la carne segará corrupción; pero el que siembra para el Espíritu, del Espíritu segará vida eterna” (Gálatas 6:8).
Sembrar para el Espíritu es elegir obedecer aun cuando cuesta. Es elegir perdonar cuando la carne quiere vengarse. Es elegir orar cuando dan ganas de abandonar. Es elegir hablar vida cuando sería más fácil callar o criticar.
Las semillas casi nunca producen fruto inmediato. Primero crecen bajo tierra, en silencio. Pero un día brotan. Por eso no debemos desanimarnos si hoy no vemos resultados. Dios trabaja en procesos.
“A su tiempo segaremos, si no desmayamos” (Gálatas 6:9).
Que este cierre de enero nos encuentre conscientes de que cada decisión, cada palabra y cada actitud es una semilla. Y que elijamos sembrar aquello que glorifica a Dios, porque esa es la única cosecha que vale la pena.

Semillas del cielo: Un corazón no contaminadoSi queremos comenzar bien este nuevo año, no alcanza con cuidar nuestras pa...
22/01/2026

Semillas del cielo: Un corazón no contaminado
Si queremos comenzar bien este nuevo año, no alcanza con cuidar nuestras palabras; es necesario cuidar el lugar de donde nacen. Jesús enseñó que “de la abundancia del corazón habla la boca” (Mateo 12:34). La queja, la crítica o el desánimo no aparecen de la nada: son el fruto de un corazón que se fue contaminando con el tiempo.
El corazón se contamina de a poco. Una decepción no sanada, una ofensa guardada, una frustración repetida. Nada parece grave al principio, pero cuando no se trata a tiempo, empieza a condicionar nuestra manera de pensar, de hablar y de actuar. Por eso la Escritura nos exhorta:
“Sobre toda cosa guardada, guarda tu corazón, porque de él mana la vida” (Proverbios 4:23).
Dios no solo mira nuestras acciones, Él mira el estado del corazón. Un corazón cargado termina endureciéndose, y un corazón endurecido deja de percibir la voz de Dios. Hebreos advierte: “Antes exhortaos los unos a los otros cada día… para que ninguno se endurezca por el engaño del pecado” (Hebreos 3:13).
Comenzar bien el año es permitir que el Espíritu Santo limpie, sane y renueve el corazón. David oró diciendo: “Crea en mí, oh Dios, un corazón limpio” (Salmos 51:10). No pidió solo un cambio externo, pidió una transformación profunda.
Un corazón sano produce palabras sanas, decisiones sabias y relaciones restauradas. No se trata de perfección, sino de sensibilidad espiritual. Cuando cuidamos el corazón, cuidamos todo lo que viene después.
Que este tiempo sea una oportunidad para revisar qué estamos permitiendo entrar en nuestro interior. Porque las semillas que se siembran en el corazón hoy, son las que darán fruto mañana.

Motivados por DiosCada día enfrentamos desafíos distintos: el trabajo, la familia, las decisiones, las relaciones. Mucha...
20/01/2026

Motivados por Dios
Cada día enfrentamos desafíos distintos: el trabajo, la familia, las decisiones, las relaciones. Muchas veces buscamos motivación en nuestras fuerzas, en palabras humanas o en circunstancias favorables, pero todo eso es limitado. La verdadera motivación que sostiene, renueva y transforma viene de la Palabra de Dios.
La Biblia nos recuerda: “Porque Dios es el que en vosotros produce así el querer como el hacer, por su buena voluntad” (Filipenses 2:13). No solo necesitamos saber qué hacer, sino tener el corazón dispuesto para hacerlo, y eso lo produce Dios en nosotros cuando permanecemos en Su Palabra.
Necesitamos la motivación de Dios para trabajar con integridad, aun cuando nadie nos ve; para ser padres pacientes y sabios; para ser hijos obedientes y agradecidos; para ser amigos leales y sinceros. También la necesitamos para perdonar cuando duele, para amar cuando cuesta, para decidir correctamente cuando hay confusión y para actuar con fe cuando hay temor.
Jesús dijo: “Separados de mí nada podéis hacer” (Juan 15:5). Esto no es una amenaza, es una invitación a depender de Él cada día. Cuando nos alimentamos de la Palabra, nuestra mente se renueva y nuestro corazón se fortalece.
Ser buenos cónyuges, caminar en amor y vivir conforme al propósito de Dios es fruto del esfuerzo y por sobre todo de una vida motivada por Su presencia. Que cada día busquemos en la Palabra la fuerza, la dirección y la motivación que solo Dios puede darnos.

Semillas del cielo: La queja trae maldiciónPara comenzar bien el 2026 es necesario atender a esta enseñanza:Muchas veces...
15/01/2026

Semillas del cielo: La queja trae maldición

Para comenzar bien el 2026 es necesario atender a esta enseñanza:
Muchas veces la rutina, el cansancio y las presiones de la vida hacen que nazca en nuestro corazón una raíz de amargura. No siempre es contra alguien, sino contra situaciones o etapas que no entendemos. Cuando esa amargura no es tratada, se expresa a través de la queja, y la queja termina saliendo por nuestra boca.
La Biblia advierte:
“Mirad bien… que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe” (Hebreos 12:15).

La queja no produce fruto. Dios no cambia una situación respondiendo a berrinches o caprichos. La queja no transforma la realidad. Dios sí obra cuando encuentra corazones fieles en lo poco, agradecidos y llenos de fe.

“El que es fiel en lo muy poco, también en lo más es fiel” (Lucas 16:10).

Muchas veces nos quejamos de nuestro cuerpo, olvidando que somos templo del Espíritu Santo (1 Corintios 6:19).

Otras veces lo hacemos dentro de nuestra casa, en el matrimonio o la familia, sin recordar que nuestras palabras tienen peso espiritual.

“La muerte y la vida están en poder de la lengua” (Proverbios 18:21).

La queja constante apaga la fe y crea ambientes pesados, mientras que la gratitud abre la puerta a la obra de Dios. Esto no significa negar los problemas ni confesar falsamente lo que no sentimos, sino caminar con sabiduría. Cuando no tenemos algo bueno para decir, muchas veces es mejor guardar silencio.

“El que guarda su boca preserva su alma” (Proverbios 13:3).

Santiago nos recuerda que de una misma boca no pueden salir bendición y maldición (Santiago 3:10).
La queja trae maldición, pero la gratitud trae vida. Cuando cuidamos nuestras palabras en lo personal y en nuestra casa, nos convertimos en canales de bendición para nosotros y para los que nos rodean.

A las puertas de la Tierra PrometidaJosué estaba frente a Jericó. La promesa estaba delante de sus ojos, pero antes de a...
13/01/2026

A las puertas de la Tierra Prometida

Josué estaba frente a Jericó. La promesa estaba delante de sus ojos, pero antes de avanzar sucede algo clave. “Aconteció que estando Josué cerca de Jericó, alzó sus ojos y vio a un varón que estaba delante de él con una espada desenvainada en su mano” (Josué 5:13).

En ese encuentro, Josué entiende que no es Dios el que debe ponerse de su lado, sino que él debe ubicarse bajo la autoridad del Señor. Por eso pregunta, y la respuesta es clara: “No; mas como Príncipe del ejército de Jehová he venido ahora” (Josué 5:14).

La conquista no comienza cuando avanzamos, sino cuando nos alineamos.
Entonces Dios le pide algo que parece simple pero es profundamente espiritual: “Quita el calzado de tus pies, porque el lugar donde estás es santo” (Josué 5:15).

Quitarse el calzado es reconocer que no se puede pisar tierra santa llevando el polvo del camino recorrido. El desierto había quedado atrás, pero no se entra a la promesa con lo viejo puesto. Antes de hablar de estrategias, Dios trata con el corazón; antes de la conquista, viene la consagración.
En ese momento, Josué comprende quién va al frente del ejército. La batalla no dependería de su experiencia ni de su capacidad, sino del gobierno de Dios. Jericó no caería por fuerza humana, sino porque el Señor mismo tomaría el control, tal como luego se confirma cuando Dios dice: “Mira, yo he entregado en tu mano a Jericó” (Josué 6:2).

Hoy también estamos a las puertas de lo que Dios prometió. Este no es un tiempo para apurarnos, sino para ordenarnos delante de Él. Cuando reconocemos Su autoridad, nos despojamos de lo que estorba y caminamos con reverencia, Dios abre el camino y cumple todo lo que habló.

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