06/11/2018
“Y le trajeron todos los que tenían dolencias, los afligidos por diversas enfermedades y tormentos, los endemoniados, lunáticos y paralíticos; y los sanó”.
San Mateo 4:24b (RVR1960)
Jesucristo vino al mundo para ‘deshacer toda obra del diablo’, para darnos victoria en cada área de nuestro ser: en las emociones, en lo físico, en la economía, en nuestras relaciones interpersonales, y en todo lo que pertenezca y afecte nuestra vida. La salud física es parte del plan perfecto de Dios para quienes creemos en Él.
Desde la creación del hombre y la mujer, Dios se ha manifestado como ‘el Proveedor’ de todo lo que necesitamos para vivir; y además de sustento y abrigo, Su voluntad es que vivamos sanos. Y si prestamos atención a lo que Jesucristo hizo en Su ministerio terrenal, comprobaremos que adonde iba llevaba sanidad, liberación, restauración a los enfermos, y a quienes vivían en pobreza física y material. Y Mateo –el Apóstol- testificó diciendo: “Recorrió Jesús toda Galilea, enseñando…, predicando…, y sanando toda enfermedad y toda dolencia en el pueblo…”. Y fíjese que no dice: sanó a ‘algunos’ ni ‘mejoró a varios’, sino que ¡los sanó a todos! Y aún lo sigue haciendo; aún trae sanidad y liberación a quien viene a Él, creyendo en Su amor y en Su poder.
Y si necesitas ser sanado de una dolencia o enfermedad, no pienses cuánto hace que la padeces, ni cuán grave o difícil es para la ciencia tu curación. ¡Ten fe en Dios!; y dile: ‘Señor, sáname; renuncio a seguir soportando esta enfermedad, y me predispongo a recibir Tu poder sanador que me libera y me restaura totalmente’.
Y así como lo hizo en Galilea, a través del Espíritu Santo el Señor te tocará y te sanará; porque Su voluntad es que vivas sano, exaltando Su Nombre, y contándole a otros cuán poderoso es Jesucristo, nuestro Salvador y Sanador.