Congregación Evangélica San Antonio - IERP

Congregación Evangélica San Antonio - IERP Congregación Evangélica San Antonio. Perteneciente a la Iglesia Evangélica del Río de la Plata. Fundada el 2 de noviembre de 1913.

“Señor, tú que lo sabes todo, ¡acuérdate de mí y ven en mi ayuda!” Jeremías 15,15Se cuenta que cierta vez “don Pedro, un...
26/08/2026

“Señor, tú que lo sabes todo, ¡acuérdate de mí y ven en mi ayuda!” Jeremías 15,15

Se cuenta que cierta vez “don Pedro, un veterano y humilde cristiano, que vivía solo, se gozaba únicamente en la bendita compañía de su Salvador y Señor. Se las arreglaba sólo percibiendo una modesta pensión ferroviaria. ¡Sólo nunca!, decía siempre don Pedro, mi Señor está conmigo. Él puso a prueba muchas veces a prueba las promesas de su Señor, y su sencilla fe nunca fue defraudada. Un día se encontró en dificultades. El pago de la pensión se atrasó, ya no tenía nada de dinero y en casa no había nada para comer. Como siempre, elevó a Dios su oración: Señor, tú sabes que no tengo nada para comer hoy, y tengo hambre. Dame lo que necesito. Llegó la hora de almorzar, don Pedro, tendió su rústica mesa, se sentó, inclinó su cabeza y dio gracias a Dios por los alimentos. No había pronunciado en amén cuando golpearon a su puerta. Era un vecino que traía una fuente llena de pescado cosido. No se ofenda vecino, le dijo, ayer fui a pescar y traje tanto a casa que nos ha sobrado, y mi señora me dijo: Juan, lleva todo esto a don Pedro, puede ser que él lo necesite. Don Pedro tomó la fuente y elevando sus ojos al cielo dijo: Gracias, Señor. El vecino se fue pensando: Qué atento está hoy don Pedro, siempre me llama Juan a secas, pero hoy me trató de Señor.” El apóstol Pablo afirma: “La Escritura dice: El que confíe en él, no quedará defraudado (Romanos 10,11).” Confiar por sobre todas las cosas ¡que ese sea nuestro sentir!

“Lavadas ya mis manos y limpias de pecado, quiero, Señor, acercarme a tu altar, y entonar cantos de alabanza, y proclama...
25/08/2026

“Lavadas ya mis manos y limpias de pecado, quiero, Señor, acercarme a tu altar, y entonar cantos de alabanza, y proclamar tus maravillas. Yo amo, Señor, el templo donde vives, el lugar donde reside tu gloria.” Salmo 26,6-8

Cuando en nuestra situación de vida, la maldad y el pecado vienen a nosotros y nos cercan. Cuando las manchas e impurezas nos corroen el cuerpo y corrompen el alma. Cuando las consecuencias de nuestros actos es solo castigo y muerte eterna. Es cuando la misericordia de Dios se hace presente en toda su hondura para rescatarnos y darnos vida. Entonces, ¿cómo no cantar alabanzas y proclamar sus maravillas por lo que ha obrado a nuestro favor? Freddy Rodríguez es un joven cantante y pastor evangélico colombiano, entre sus muchas composiciones hay una que se titula ‘Proclamo tus maravillas’ y dice: “Mi alma alaba tu grandeza, hoy me gozo en ti, Señor. Ya no hay en mí temor, Cristo es mi redentor. Proclamo tus maravillas. Te alabo, te alabo Dios. Proclamado sea tu nombre. Con mi vida yo te alabo y con gritos yo te exalto. Ven y alaba al Señor con todo tu corazón. Proclamad sus maravillas. Te alabamos, te alabamos Dios. Proclamado sea tu nombre.” La experiencia del salmista, es la misma experiencia de todo aquel que se sabe alcanzado por la bondad del Señor. Seguramente no alcanza nuestra vida para agradecer tanto amor, pero, ¡si tan solo pudiéramos dar testimonio de tanto milagro ciertamente bastaría! No hay corazón roto, vida destruida, que nuestro buen Dios no pueda reparar. Por eso, también nosotros podemos elevar nuestras voces y cantar: ‘Ya no hay temor, Cristo es mi redentor, proclamo sus maravillas.’

“Señor, hazme justicia, pues mi vida no tiene tacha. En ti, Señor, confío firmemente; examíname, ¡ponme a prueba!, ¡pon ...
24/08/2026

“Señor, hazme justicia, pues mi vida no tiene tacha. En ti, Señor, confío firmemente; examíname, ¡ponme a prueba!, ¡pon a prueba mis pensamientos y mis sentimientos más profundos! Yo tengo presente tu amor y te he sido fiel…” Salmo 26,1-3

El pedido de justicia es uno de los gritos que más se escucha en los últimos tiempos, no sólo en las grandes ciudades sino, también, en las pequeñas aldeas y colonias. Es que la injusticia, con todas las consecuencias nefastas que esta conlleva, pareciera estar siempre presente en las decisiones de los poderosos. Ernesto Cardenal, poeta, sacerdote, teólogo, escritor, traductor, escultor y revolucionario nicaragüense, publicó a principios de la década del sesenta un libro de poesía titulado ‘Salmos’. En uno de ellos, escribe: “Hazme justicia Señor porque soy inocente, porque he confiado en ti y no en los líderes. Defiéndeme en el Consejo de Guerra, defiéndeme en el Proceso de testigos falsos y falsas pruebas. No me siento con ellos en sus mesas redondas ni brindo en sus banquetes. No pertenezco a sus organizaciones ni estoy en sus partidos ni tengo acciones en sus compañías ni son mis socios Lavaré mis manos entre los inocentes y estaré alrededor de tu altar Señor. No me pierdas con los políticos sanguinarios en cuyos cartapacios no hay más que el crimen y cuyas cuentas bancarias están hechas de sobornos No me entregues al Partido de los hombres inicuos, ¡Libértame Señor! Y bendeciré en nuestra comunidad al Señor, en nuestras asambleas.” Ante el aura de corrupción que, muchas veces, rodea la mesa de la justica y, también, a quienes tienen que impartirla, bien vale recordar la máxima conocida: Nadie escapa de la justicia divina.

“Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del...
23/08/2026

“Cuando Jesús llegó a la región de Cesarea de Filipo, preguntó a sus discípulos: ¿Quién dice la gente que es el Hijo del hombre? Ellos contestaron: Algunos dicen que Juan el Bautista; otros dicen que Elías, y otros dicen que Jeremías o algún otro profeta. Y ustedes, ¿quién dicen que soy?, les preguntó. Simón Pedro le respondió: Tú eres el Mesías, el Hijo del Dios viviente.” Mateo 16,13-16

Cortland Myers, pastor bautista, conto alguna vez la siguiente anécdota: “Cierto individuo fue una vez a escuchar la predicación de Spurgeon y cuando regresó a la casa de su amigo, con el cual estaba viviendo, éste le preguntó: ¿Qué piensa usted acerca de la predicación de Spurgeon?, a lo que él contestó: Nada. Su amigo al haber obtenido esta contestación se sorprendió, y le volvió a hacer la misma pregunta, recibiendo de nuevo la misma respuesta: Yo no pienso nada acerca de su predicación, y mientras se restregaba los ojos a fin de quitarse algo que molestaba su vista (eran unas lágrimas), continuó, pero nunca podré olvidar a su Salvador.” A este Salvador es quien debemos nuestra prédica y testimonio. No solo en palabras, sino también en gestos y obras. Más allá de la elocuencia de nuestro discurso, lo que debe movernos es compartir aquello concreto que Dios a través de Jesucristo ha hecho en nuestras vidas y nuestros corazones. Él no solo es el Hijo del Dios viviente, es quien le da un sentido y un propósito acabado a nuestras vidas. Es quien una y otra vez derrama su generoso perdón en nosotros y restituye por amor la dignidad perdida. No Juan el Bautista, no un profeta: Tú eres el Mesías.

“Dios nos ha dado diferentes dones…” Romanos 12,6“Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue u...
22/08/2026

“Dios nos ha dado diferentes dones…” Romanos 12,6

“Cuentan que en la carpintería hubo una vez una extraña asamblea. Fue una reunión de herramientas para arreglar sus diferencias. El ma****lo ejerció la presidencia, pero la asamblea le notificó que tenía que renunciar. ¿La causa? ¡Pues que hacía demasiado ruido!, además, se pasaba el tiempo golpeando. El ma****lo aceptó su culpa, pero pidió que también fuera expulsado el tornillo; dijo que había que darle muchas vueltas para que sirviera de algo. Ante el ataque, el tornillo aceptó también, pero a su vez pidió la expulsión de la lija. Hizo ver que era muy áspera en su trato y siempre tenía fricciones con el resto. La lija estuvo de acuerdo, a condición de que fuera expulsado el metro que siempre se pasaba la vida midiendo a los demás según su propia medida. En eso entró el carpintero, se puso el delantal e inició su trabajo. Utilizó el ma****lo, la lija, el metro y el tornillo. Finalmente, la tosca madera inicial se convirtió en un fino mueble. Cuando la carpintería quedó nuevamente sola, la asamblea reanudó la deliberación. Fue entonces cuando tomó la palabra el serrucho, y dijo: Señores y señoras, ha quedado demostrado que tenemos defectos, pero el carpintero trabaja con nuestras cualidades. Eso es lo que nos hace valiosos. Así que no pensemos ya en nuestros puntos malos y concentrémonos en la utilidad de nuestros puntos buenos. La asamblea encontró entonces que el ma****lo era fuerte, el tornillo unía y daba fuerza, la lija era especial para afinar y limar asperezas y observaron que el metro era preciso y exacto. Se sintieron entonces orgullosos de sus fortalezas y de trabajar juntos.”

21/08/2026
“…les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios.” Ro...
21/08/2026

“…les ruego por la misericordia de Dios que se presenten ustedes mismos como ofrenda viva, santa y agradable a Dios.” Romanos 12,1

“En una aldea alejada de la ciudad vivían Pedro y su hermanito. Habían oído hablar de las ofrendas de Navidad. Durante todo el año estuvieron haciendo planes para asistir. El 24 de diciembre, a primera hora de la mañana, se pusieron en camino. Al anochecer estaban ya muy cerca. Vieron entonces en el suelo a una pobre mujer que yacía tendida herida. Pedro se arrodilló junto a ella tratando de levantarla, pero no pudo. No puedo, hermanito, tienes que irte solo. Yo me quedaré con esta señora. ¿Yo solo? ¿Entonces no estarás en la función de las ofrendas? No puedo. Si dejamos aquí sola a esta mujer, se morirá de frío. Yo te espero aquí. Tráete alguien que nos ayude. Toma esta moneda y deposítala en el altar. Aquel año la función resultó más solemne que nunca. La tradición decía que cuando se depositara la mejor ofrenda, el órgano sonaría sin organista que lo tocara. En el momento de las ofrendas, el rey depositó en el altar una de sus coronas. Todos pensaron que el órgano sonaría, pero no. Fueron pasando los ricos del pueblo, cada uno ofreció lo mejor que tenía. El órgano siguió sin sonar. Algunos empezaron a dudar de que la tradición fuera verdadera. Otros pensaban que el órgano se había estropeado. La procesión de las ofrendas había terminado y el coro iba a empezar el canto final cuando el hermanito de Pedro subió al altar y depositó su moneda. En ese mismo instante sonó la música más melodiosa que jamás habían oído aquellos fieles.”

“Levanten los ojos al cielo, y miren abajo, a la tierra: el cielo se desvanecerá como el humo, la tierra se gastará como...
20/08/2026

“Levanten los ojos al cielo, y miren abajo, a la tierra: el cielo se desvanecerá como el humo, la tierra se gastará como un vestido y sus habitantes morirán como mosquitos. Pero mi salvación será eterna, mi victoria no tendrá fin.” Isaías 51,6

Hay un himno muy conocido, cuya letra dice: “Sublime gracia del Señor, que rescató mi ser. Andaba en la oscuridad: ¡Ahora puedo ver! Su gracia me enseñó a vencer; mis dudas ahuyentó ¡que gozo siento en mi ser! Mi vida él cambió. En los peligros y aflicción que yo he tenido aquí, su gracia siempre me libró y me guiará hasta el fin. Y cuando en Sión por los siglos mil alumbre como el sol, yo cantaré por siempre allí su amor que me salvó.” Su autor, John Newton, fue un pastor y poeta inglés. Según se sabe, el himno se escribió a partir de una profunda experiencia personal. Su madre murió de tuberculosis cuando era niño, por lo cual su padre se embarcó y le llevó con él. Así, crecería y pasaría entre el mar y los barcos gran parte de su juventud. En medio de ese ambiente de marineros y hombres duros y curtidos, Newton se apartó del ejemplo de fe que le había sido inculcado por madre de pequeño. En su periplo, llegó hasta Sierra Leona, en África, y allí se convirtió en comerciante de esclavos, destacándose por su crueldad y vileza. Una noche en alta mar, una tormenta azotó fuertemente la embarcación en que viajaba, la cual estuvo a punto de naufragar. Aterrorizado, imploró la ayuda de Dios, quien le salvó. Este fue el momento que marcó un nuevo comienzo para su vida.

“…seré bondadoso con Sión, la ciudad que estaba toda en ruinas. Convertiré las tierras secas del desierto en un jardín, ...
19/08/2026

“…seré bondadoso con Sión, la ciudad que estaba toda en ruinas. Convertiré las tierras secas del desierto en un jardín, como el jardín que el Señor plantó en Edén.” Isaías 51,3

“Uno de mis mayores deseos al llegar a Roma era visitar el Arco de Tito. Una de las atracciones del arco, son los detalles del relieve que muestran a soldados romanos cargando el candelabro hebreo. Ese relieve constituye una de las representaciones más precisas de ese estilizado mueble. Uno de los elementos distintivos del candelabro eran sus copas con forma de flor de almendro. El almendro era el primer árbol en florecer, el presagio de la primavera. No es una simple casualidad que en Éxodo 40,24 se nos diga que el candelabro fue colocado al lado sur del santuario. ¿Por qué al lado sur? El sur, encierra la idea de una zona de terror, una tierra de dificultades y angustia. Y ahí fue donde Dios colocó el candelabro con sus flores de almendros. El candelabro proclamaba que no hay espacio en esta tierra que no pueda ser alumbrado y transformado por la presencia del Señor. Al estar colocado en el sur, la Tierra seca de dificultades y angustia, nos recuerda la promesa divina: Convertiré las tierras secas del desierto en un jardín, como el jardín que el Señor plantó en Edén. Ahí, en medio de la sequedad espiritual que sentimos, en medio de nuestro desierto personal, la presencia divina puede producir en nosotros frutos dignos de arrepentimiento. Hoy el Señor puede dar inicio a una permanente primavera espiritual colocando su luz en nosotros.” Tomado del devocional diario ‘Yo estoy contigo promesas bíblicas para vivir confiados’ de J. Vladimir Polanco.

“Cuando me encuentro en peligro, tú me mantienes con vida…” Salmo 138,7¡Sí! Él nos mantiene con vida, sólo hay que estar...
18/08/2026

“Cuando me encuentro en peligro, tú me mantienes con vida…” Salmo 138,7

¡Sí! Él nos mantiene con vida, sólo hay que estar atento a sus señales. “Se cuenta que en un pequeño pueblo se inició una fuerte lluvia . Tres días después el pueblo estaba completamente inundado, pero los cuerpos de rescate habían realizado una excelente labor poniendo a casi todo el pueblo a salvo, solo quedaba un hombre subido al techo de su casa. Un bote de rescate se apresuró a dirigirse al lugar en donde se encontraba aquel hombre, a lo que este respondió: No se preocupen por mí, Dios me salvará. Y el hombre se quedó allí en el techo de su casa mientras el bote se alejaba. La lluvia no se detenía y luego de algunas horas el agua le daba a la cintura, y otro bote salvavidas se acercó a él, a lo que el hombre volvió a responder: No se preocupen por mí, Dios me salvará. Y nuevamente el hombre se quedó allí. Pasaron varias horas y el agua ya llegaba hasta el cuello del hombre, y un helicóptero de rescate se acercó a él y le lanzó una escalera para que pudiera subir, pero el hombre se negó a subir diciendo: No se preocupen por mí, Dios me salvará. Así que el hombre, con el agua hasta el cuello, se quedó allí mientras el helicóptero se alejaba. Luego de un rato murió ahogado. Al llegar al cielo se dirigió a Dios, reclamándole: Señor, si tanto confíe en ti hasta el final ¿Por qué dejaste que me ahogará? A lo que Dios respondió: ¿Te parece poco que haya ido en tu ayuda tres veces?”

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