26/08/2026
“Señor, tú que lo sabes todo, ¡acuérdate de mí y ven en mi ayuda!” Jeremías 15,15
Se cuenta que cierta vez “don Pedro, un veterano y humilde cristiano, que vivía solo, se gozaba únicamente en la bendita compañía de su Salvador y Señor. Se las arreglaba sólo percibiendo una modesta pensión ferroviaria. ¡Sólo nunca!, decía siempre don Pedro, mi Señor está conmigo. Él puso a prueba muchas veces a prueba las promesas de su Señor, y su sencilla fe nunca fue defraudada. Un día se encontró en dificultades. El pago de la pensión se atrasó, ya no tenía nada de dinero y en casa no había nada para comer. Como siempre, elevó a Dios su oración: Señor, tú sabes que no tengo nada para comer hoy, y tengo hambre. Dame lo que necesito. Llegó la hora de almorzar, don Pedro, tendió su rústica mesa, se sentó, inclinó su cabeza y dio gracias a Dios por los alimentos. No había pronunciado en amén cuando golpearon a su puerta. Era un vecino que traía una fuente llena de pescado cosido. No se ofenda vecino, le dijo, ayer fui a pescar y traje tanto a casa que nos ha sobrado, y mi señora me dijo: Juan, lleva todo esto a don Pedro, puede ser que él lo necesite. Don Pedro tomó la fuente y elevando sus ojos al cielo dijo: Gracias, Señor. El vecino se fue pensando: Qué atento está hoy don Pedro, siempre me llama Juan a secas, pero hoy me trató de Señor.” El apóstol Pablo afirma: “La Escritura dice: El que confíe en él, no quedará defraudado (Romanos 10,11).” Confiar por sobre todas las cosas ¡que ese sea nuestro sentir!