Madrugadores del Nueve

Madrugadores del Nueve Corriente de vida. Grupo de oración de varones

16/08/2026

Charla de Nuestro Obispo Ariel Torrado Mosconi

PLÁTICA EN EL ENCUENTRO NACIONAL DE MADRUGADORES EN TUCUMÁN

​El arte de integrarlo todo: Fe, Empresa y Familia al estilo de Enrique Shaw

​1. INTRODUCCIÓN: El mito de la vida dividida
​Buenas tardes a todos, hermanos.

​Quiero empezar haciéndoles una pregunta muy sencilla, de esas que no hace falta responder en voz alta, pero que nos queman por dentro: ¿Sienten a veces que están viviendo dos o tres vidas diferentes al mismo tiempo?

​Existe una tentación muy grande en nuestro mundo actual: la tentación de compartimentar. De ser un hombre piadoso, atento y paciente los domingos en la Misa; transformarnos en un ejecutivo frío, implacable y enfocado solo en los números de lunes a viernes; y llegar a casa por las noches convertidos en un fantasma cansado, presente en cuerpo, pero ausente en mente y alma.

​Nos han hecho creer que para triunfar en los negocios hay que dejar la fe colgada en el perchero de la entrada. Nos han dicho que el mundo de la empresa es una selva y que la fe es para el templo. Nos enseñaron a resignarnos a darle a nuestra familia los restos de nuestro tiempo y nuestras sobras de energía.

​Hoy les quiero decir que eso es una mentira. Y no se los digo con teorías abstractas. Se los digo presentando a un hombre de carne y hueso que caminó por nuestras mismas calles, enfrentó nuestras mismas presiones financieras y vivió nuestras mismas luchas familiares.

​Les hablo del Venerable Enrique Shaw.

​Enrique nació en 1921 y falleció en 1962, a los 41 años. Fue oficial de la Marina de Guerra, fue un alto ejecutivo que llegó a ser Director General de Cristalerías Rigolleau —una empresa con miles de trabajadores—, fue esposo de Cecilia Bunge, padre de nueve hijos y fundador de la Asociación Cristiana de Dirigentes de Empresa (ACDE).

​Enrique Shaw no fue un santo de hornacina ni un monje retirado en un monasterio. Fue un hombre de traje y corbata, de balances, de reuniones de directorio, de pañales, de tareas escolares y de Misa diaria. Él demostró que se puede ser un gran empresario, un esposo enamorado, un padre presente y un santo, todo al mismo tiempo.

​Enrique decía una frase que debería estar grabada en cada una de nuestras oficinas:

​"En la empresa hay que humanizar el trabajo. La empresa no es solo producción, es una comunidad de personas".

​Hoy venimos a aprender de su vida para romper el mito del hombre dividido y descubrir cómo integrarlo todo bajo una misma bandera: la bandera de Cristo.

​2. La Empresa como vocación de servicio
​Hablemos de nuestro trabajo, del mundo empresarial y profesional. ¿Cómo miraba Enrique Shaw su rol de directivo?

​Para muchos en la sociedad moderna, la empresa es un botín, o una máquina de hacer dinero a cualquier costo. Para otros, es una carga pesada. Para Enrique, la empresa era una misión encomendada por Dios para el bien común. Él no veía a su fábrica como un conjunto de máquinas y balances, sino como un lugar donde Dios le pedía cuidar almas.

​Miren si habrá tenido presiones. Durante las crisis económicas que le tocó gobernar en Rigolleau, cuando los números no cerraban y las juntas directivas pedían recortes drásticos, la primera opción del mundo es recortar personal. Enrique Shaw se negó rotundamente a que la crisis la pagaran los más débiles. Llegó a proponer reducir los sueldos de los altos ejecutivos —empezando por el suyo— antes que despedir a un solo obrero.

​Él conocía a los trabajadores por su nombre. Sabía si la esposa de un operario estaba enferma, si a otro le faltaba techo para su casa, o si sus hijos necesitaban becas de estudio. Creó sistemas de previsión social, de salud y de ayuda mutua dentro de la empresa mucho antes de que las leyes lo exigieran.

​Pero no nos confundamos: Enrique no era un ingenuo ni un filántropo blando. Era un ejecutivo hipercompetente. Exigía eficiencia, trabajo bien hecho y puntualidad. Pero entendía que la verdadera rentabilidad no se mide solo en el margen de ganancias, sino en la dignidad de las personas que hacen posible esa ganancia.

​Enrique decía que el empresario no es el "dueño" absoluto de sus bienes, sino un administrador de los bienes de Dios.

​Hermanos, hagámonos hoy esta pregunta de hombres:

​¿Cómo miramos a nuestros empleados, a nuestros socios, a nuestros proveedores o a nuestros clientes?
​¿Son números en un libro contable o son personas con historias, dolores y familias a su cargo?
​¿Usamos nuestro liderazgo profesional para servir o para ser servidos?
​Santificar la empresa no significa poner un crucifijo en la recepción —que está muy bien—, sino liderar con justicia, pagar salarios dignos, decir la verdad en los contratos, no ceder a la corrupción y tratar al último de los empleados con el mismo respeto con el que trataríamos a Cristo.

​3. La Familia como la principal empresa
​Pasemos al segundo pilar: la casa, el hogar.

​A menudo los hombres de empresa nos justificamos diciendo: "Trabajo 14 horas al día por mi familia, lo hago por ellos". Pero la realidad es que a veces la familia no quiere más cosas ni más estatus; nos quiere a nosotros. Nos quiere enteros, no agotados y de mal humor.

​Enrique Shaw tenía responsabilidades gigantescas. Dirigía miles de empleados, viajaba, participaba en conferencias internacionales, redactaba libros. Y sin embargo, su esposa Cecilia y sus 9 hijos sabían, sin lugar a dudas, que ellos eran su prioridad número uno después de Dios.

​Cuando Enrique cruzaba la puerta de su casa, no entraba el Director General a dar órdenes; entraba el esposo y el padre. Se quitaba el saco y se tiraba al piso a jugar con sus hijos. Se tomaba el tiempo para escuchar las historias de la escuela de cada uno. Tenía una libreta donde anotaba las virtudes, los defectos y las necesidades espirituales de cada uno de sus 9 hijos para rezar por ellos de manera personalizada.

​Se daba tiempo para tener citas a solas con su esposa Cecilia. La cuidaba, la escuchaba y mantenía vivo el amor conyugal. No permitía que el estrés del trabajo contaminara el clima de su hogar.

​Cuando le preguntaban cómo hacía para tener tiempo para todo, él dejaba en claro que no es un problema de reloj, sino de corazón. A lo que amamos, le encontramos tiempo.

​Hombres, la empresa más importante que Dios nos ha confiado no cotiza en bolsa, no tiene RUC ni CUIT, ni da dividendos en dólares. Nuestra empresa más importante se llama Familia.

​¿Qué tipo de dividendos estamos dando en casa?
​¿Llegamos a ser los líderes espirituales de nuestros hogares, o dejamos esa tarea exclusivamente a nuestras esposas?
​¿Cuándo fue la última vez que te sentaste a solas con tu hijo a preguntarle qué le da miedo o qué le hace feliz?
​¿Cuándo fue la última vez que miraste a tu esposa a los ojos y le agradeciste por caminar a tu lado?
​Enrique Shaw nos enseña que el éxito profesional no compensa el fracaso familiar. La santidad del hombre empieza en la mesa de su comedor.

​4. La Fe como el motor invisible
​Ahora bien, ¿de dónde sacaba Enrique la fuerza para sostener todo esto? ¿Era un superhombre? No. Su secreto era su motor invisible: su profunda vida de fe.

​Enrique no actuaba por mera filantropía, por ética profesional o por un barniz de "buena educación". Enrique estaba enamorado de Jesucristo.

​Se levantaba temprano para ir a Misa antes de entrar a la fábrica. Leía la Biblia y libros de teología en sus viajes en tren o en avión. Tenía una devoción filial a la Virgen María y rezaba el Rosario. Su fe no era un accesorio; era el aire que respiraba.

​Cuando a los 36 años le diagnosticaron un cáncer de melanosarcoma agresivo, en lugar de amargarse o rebelarse contra Dios, ofreció su enfermedad por la conversión de los trabajadores y la paz en su país.

​Y aquí ocurrió uno de los hechos más conmovedores de la historia empresarial de América Latina. Cuando Enrique estaba internado en sus últimos días, necesitó múltiples transfusiones de sangre. ¿Saben quiénes fueron a donarle sangre? Decenas y decenas de obreros de la fábrica de Rigolleau hicieron fila en el hospital para donar su propia sangre por su director.

​Los médicos, impactados, dijeron: "Por las venas de este hombre corre sangre obrera". Cuando Enrique se enteró, lloró de emoción y dijo desde su cama de enfermo:

​"Ahora puedo decir que amo aún más a mis obreros, porque por mis venas corre la misma sangre que la de ellos".

​Eso no lo logra un salario. Eso no lo logra un bono de fin de año. Eso lo logra un hombre que ha aprendido a amar con el corazón de Cristo.

​5. CONCLUSIÓN Y LLAMADO A LA ACCIÓN
​Hermanos, el Venerable Enrique Shaw nos demuestra que la santidad no es para una élite, ni para gente sin ocupaciones. La santidad es para hombres de negocios, para ingenieros, para médicos, para comerciantes, para padres de familia.

​El mundo no necesita más hombres de éxito según los criterios del mundo. El mundo está hambriento de hombres de una sola pieza. Hombres integrós, que mantengan su palabra, que protejan a su familia, que santifiquen sus empresas y que no tengan vergüenza de arrodillarse ante el Santísimo Sacramento.

​No nos vayamos de este encuentro solo con un "qué bonita charla". Salgamos de aquí con compromisos concretos. Les propongo tres desafíos para empezar hoy mismo:

​En lo personal: Dedica a partir de mañana los primeros 10 minutos de tu día a la oración a solas con Dios, antes de tocar el teléfono o mirar el correo.
​En la empresa: Revisa esta semana qué decisión estás postergando por miedo a perder dinero, pero que sabes que es la decisión justa y humana que debes tomar con tu gente.
​En la familia: Esta misma noche, al llegar a casa, abraza a tu esposa, mira a tus hijos y bloquea en tu agenda un tiempo innegociable este fin de semana dedicado 100% a ellos.
​Pidámosle a Dios, por intercesión del Venerable Enrique Shaw, que nos dé el valor de ser verdaderos líderes: santos en el templo, justos en la empresa y amorosos en el hogar.

​Que Dios los bendiga a todos. Muchas gracias.

04/02/2026

Roma, 4 de febrero de 2026, memoria del beato Eduardo Francisco Pironio.

Queridos hijos, hermanos y fieles:

Al celebrar hoy la memoria litúrgica de nuestro beato Eduardo Francisco Pironio, instituida es este día en referencia a su bautismo recibido en la pila bautismal -que aún conservamos- de la entonces iglesia parroquial de Santo Domingo de Guzmán en Nueve de Julio, los exhorto y convoco a hacer memoria de su existencia toda, manteniendo y difundiendo su legado espiritual y pastoral.

Su rica enseñanza, transmitida en gestos y estilo, en predicación y escritos, que da hermosamente condensada en su Testamento espiritual. Allí, con hondo y sentido tono, tiene una palabra para cada miembro del pueblo de Dios. Y es una palabra que sigue iluminándonos aún hoy.

A los laicos y a los jóvenes los llamó siempre a ser sal y luz del Evangelio, contemplativos y testigos en medio del mundo, con entusiasmo y esperanza. A los religiosos los invitó siempre a vivir intensamente sus votos en la fraterna comunidad, para ser signos del Reino al que un día esperamos llegar y que ya llega por ese testimonio. A los pastores les enseñó no solamente con palabras sino, sobre todo, con su modo de ser cercano y sencillo, hecho de escucha y servicio atento y sereno.

Mientras invocamos hoy su intercesión por la Iglesia, el mundo y nuestras intenciones particulares, miremos su ejemplo que nos anima al seguimiento fiel y generoso del Señor Jesús, participando cotidianamente de su misterio pascual y bajo el amparo de María virgen madre fiel de la esperanza. Los bendice de corazón:

+Ariel Torrado Mosconi Obispo de Santo Domingo en Nueve de Julio

Este sábado 10 de enero de 2026, con la incorproación de un nuevo integrante, José Luis Santibalez, 65 varones se reunie...
11/01/2026

Este sábado 10 de enero de 2026, con la incorproación de un nuevo integrante, José Luis Santibalez, 65 varones se reunieron en la Catedral de Nueve de Julio para participar del primer encuentro de los ‘Madrugadores del 9’.

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