28/08/2026
Evangelio de 28 de agosto 2026
Evangelio
Mateo 25, 1-13
En aquel tiempo Jesús dijo a sus discípulos esta parábola: "El Reino de los cielos es semejante a diez jóvenes que tomando sus lámparas salieron al encuentro del esposo. Cinco de ellas eran descuidadas y cinco previsoras. Las descuidadas llevaron sus lámparas pero no llevaron aceite para llenarlas de nuevo; las previsoras en cambio llevaron cada una un frasco de aceite junto con su lámpara. Como el esposo tardaba les entró sueño a todas y se durmieron.
A medianoche se oyó un grito: '¡Ya viene el esposo! ¡Salgan a su encuentro!' Se levantaron entonces todas aquellas jóvenes y se pusieron a preparar sus lámparas y las descuidadas dijeron a las previsoras: 'Dennos un poco de su aceite porque nuestras lámparas se están apagando'. Las previsoras les contestaron: 'No porque no va a alcanzar para ustedes y para nosotras. Vayan mejor a donde lo venden y cómprenlo'.
Mientras aquéllas iban a comprarlo llegó el esposo y las que estaban listas entraron con él al banquete de bodas y se cerró la puerta. Más tarde llegaron las otras jóvenes y dijeron: 'Señor señor ábrenos'. Pero él les respondió: 'Yo les aseguro que no las conozco'.
Por eso estén preparados porque no saben ni el día ni la hora".
Reflexión
El Evangelio de hoy nos recuerda la necesidad de vivir en un estado de constante atención y madurez espiritual; a través de este relato de las jóvenes previsoras y las descuidadas, el Señor nos advierte sobre el riesgo de quedarnos en una fe superficial que se apaga si somos pasivos, porque la vida cristiana requiere un abastecimiento continuo de combustible que la haga arder, un aceite interior que mantenga encendida nuestra luz y que nadie más puede comprar o conseguir por nosotros.
Jesús nos quiere hacer un llamado a cuidar la constancia de nuestro amor en los detalles que nadie ve; en nuestra vida matrimonial y familiar, el aceite de nuestra lámpara se llena a través de la paciencia diaria, el perdón rápido y la capacidad de mantenernos presentes.
Es fácil iniciar una relación con el entusiasmo de la juventud y la novedad, pero el verdadero reto es mantener encendido ese mismo amor cuando llega la rutina, el cansancio o las crisis. Abastecer la lámpara en casa significa elegir los buenos detalles en cada ocasión, renovar constantemente el compromiso con la pareja y dar un tiempo de calidad a los hijos, asegurándonos de que el egoísmo no apague la calidez del hogar; en el entorno laboral y social, la prudencia de mantener el aceite se traduce en la integridad y en el sentido del deber.
Significa no trabajar solo por el entusiasmo del momento o cuando hay un bono de por medio, sino mantener la honestidad, el buen trato y la responsabilidad a lo largo de todo el tiempo, incluso cuando el ambiente se pone pesado, monótono o en los momentos difíciles, se demuestra al ser ese compañero confiable cuya ética y disposición no dependen de las circunstancias externas.
Al meditar sobre este Evangelio, San Agustín explicaba el significado con claridad, decía, ese aceite es el amor auténtico, el que se guarda en el interior del corazón. Muchos hacen buenas obras para ser vistos por los hombres, pero su lámpara se apaga pronto porque no tiene aceite dentro.
Busca que tu amor sea real ante los ojos de Dios, que ve en lo secreto y así tu lámpara brillará siempre, sin importar lo larga que sea la noche. No olvidemos rellenar diariamente nuestras lámparas con una vida de oración que nos mantenga bien preparados, acudamos a los Sacramentos que nos purifican y alimentan.
Tengamos siempre a la mano la luz de la Palabra que nos instruye y guía, mantengámonos con nuestras lámparas siempre listas y encendidas para iluminar todas nuestras decisiones. Tengamos encendido el fuego de su amor en todo momento, preparados para el encuentro con Él y poder disfrutar del gran banquete de la vida eterna.