11/02/2025
SEMILLAS DE SABIDURÍA
Todos aquellos que han profundizado en la teoría de la relatividad, tarde o temprano han reconocido que debe haber una sustancia que llena el vacío del espacio, en otras palabras, que el éter es real y verdaderamente indispensable. Einstein es muy hábil, y aunque yo no soy partidario de él, debo hacer constar que: “Aconsejo a todos aquellos que diariamente utilizan el éter para fines electrónicos, ópticos y magnéticos, que se valgan de una nomenclatura en armonía con el sentido común; que den un nombre a la sustancia o medio en el cual ocurren todos sus fenómenos; que comprueben que donde quiera que hay un campo eléctrico o gravitatorio o un rayo de luz, debe haber algo que camina en este medio, algo que los físicos pueden esperar que se analice y se reduzca a leyes y a un orden determinado”.
“Lo que conocemos en una manera definida acerca del éter, es el coeficiente de trasmisión de las ondas y todas las consecuencias que de esto se deducen. Sabemos también que tiene propiedades semejantes a la inercia y a la elasticidad, que se patentizan en la electricidad y el magnetismo y que la combinación de estas dos propiedades da nacimiento a la perturbación especial que estimula la retina y es responsable de todo lo que se observa en la telegrafía inalámbrica”.
Todo viene del éter, todo vuelve al éter. Tal es la conclusión de M. Tillieux. Lo ponderable se compone de astros, cuerpos terrestres, moléculas, átomos y electrones. Lo imponderable es el éter: campo eléctrico, naturaleza del éter, sus tensiones, su energía cinética o campo magnético, inercia o inducción electromagnética y oscilaciones. En el mundo material, todo vive en el éter.
Eintein rechaza el éter y acepta la materialización de la energía. Si llamara él a eso éter resultaría lo mismo, cuestión de palabra.
Dr. Krumm – Heller
Libro: EL TATWAMETRO O Las Vibraciones del Éter