14/04/2026
¿Cuánto debe ganar un pastor…?
La Escritura no romantiza la pobreza ministerial ni glorifica el sacrificio mal entendido. Al contrario, establece principios claros: “el obrero es digno de su salario” (Lucas 10:7) y “los que anuncian el evangelio, que vivan del evangelio” (1 Corintios 9:14). Negarle sustento a quien ha sido llamado a cuidar el rebaño no es espiritualidad… es injusticia disfrazada de devoción.
Ahora bien, tampoco se trata de convertir el ministerio en un negocio. La misma Biblia que respalda el sustento digno, también advierte contra la avaricia y el amor al dinero. Por eso, el tema no es si debe o no recibir salario, sino cómo debe ser ese salario: justo, digno y coherente con la realidad de la iglesia y del pastor.
Una congregación madura entiende que un pastor a tiempo completo no solo predica los domingos. Invierte horas en oración, estudio, consejería, formación espiritual y cuidado pastoral. Lleva cargas emocionales, familiares y espirituales que no siempre se ven. Por eso, la iglesia debe evaluar con responsabilidad su capacidad económica, las necesidades reales del pastor y su familia, y procurar un sustento que no lo obligue a sobrevivir, sino que le permita servir con libertad y enfoque.
Pero también hay una advertencia necesaria: cuando el salario se vuelve el centro, el ministerio se corrompe. Y cuando la iglesia usa la “fe” como excusa para no sostener, también peca. El equilibrio no es opcional, es bíblico.
Ni explotación disfrazada de humildad, ni abundancia desmedida sin rendición de cuentas. El salario pastoral debe reflejar honra, justicia y temor de Dios.
Porque una iglesia que cuida a sus pastores honra a Dios, pero un pastor que administra con integridad lo que recibe, también predica con su ejemplo.