Prodigioso hallazgo de la imagen de Nuestra Señora de la Peña Admirable.—Al norte de Ortiz, capital del Distrito Roscio, del Estado Guárico, sobre el camino de San Juan de Los Morros, en un sitio inmediato al rio Flores, tributario del Paya, y éste, del Guárico, está situado el pueblo de Parapara, cabecera del mismo nombre, siendo en 1928 la población de este ultimo de 1636 habitantes y 368 el n
umero de todas las casas de su jurisdicción. En la Iglesia de este pueblo de nuestros llanos se rinde culto a una pequeña imagen de la Virgen Santísima, conocida bajo la advocación de . Su historia es la siguiente:
En 1720 un indio de Parapara trabajando en sus labranzas del Valle de las Yeguas, situado como a dos leguas al norte de la población, fue sorprendido por una violenta tempestad. Asustado por los repetidos rayos que caían y sobrecogido de pavor, busco un abrigo al amparo de unos grandes peñascos vecinos. Calmada la tempestad y vuelta la bonanza, se disponía a partir, cuando un fenómeno extraordinario atrajo su atención. En una floreciente mata de lirios silvestres que crecía en una peña al margen de la vecina quebrada, diviso un vivísimo resplandor que se desprendía de la mata, que parecía estar toda en fuego. Al impulso de viva curiosidad, se acerca al sitio del portento y descubre, reclinada sobre la peña una pequeña y bellísima imagen de Nuestra Señora. Con gran respeto cogió la imagen que se hallaba grabada sobre una pequeña piedra llana, de unos tres dedos de alto por otros tanto de ancho; representa a la Virgen Santísima con una corona, de pie sobre una media luna, con el Niño Jesús en los brazos. El señor Obispo Martí, que estuvo de visita en Parapara en mayo de 1780, asegura que esta imagen es muy semejante a la de Nuestra Señora de la Corteza de Acarigua. Desde el día de su providencial hallazgo ha sido siempre designada con el nombre de Nuestra Señora de la Peña Admirable. Vuelto el indio a su casa, cundió luego por todo el pueblo la noticia de este prodigio, y todos lo reconocieron en él una merced de inestimable valor con que les regalaba la Virgen Santísima. Poco después la imagen fue llevada a la Iglesia, aumentando el fervor del culto hacia la Santísima Virgen los frecuentes milagros con que eran favorecidos los que la invocaban en sus necesidades, bajo esta nueva advocación. El Obispo Mariano Martí, en sus apuntes y manuscritos asegura que esta imagen es muy milagrosa y por la gran veneración en que la tenían aquellos vecino, autorizo a un devoto para recoger, por espacio de tres años, limosnas para el fenómeno de su culto. Refiere también el mismo Prelado que otro devoto dotó su fiesta, que es el 8 de septiembre con la cantidad de 240 pesos. Una antigua y piadosa costumbre establece que todos los años, terminada la fiesta del 8 de septiembre, vayan los fieles de romería al mismo lugar del hallazgo de la Santa Imagen. Un comisario del Gobierno colonial quiere impedir el culto de Nuestra Señora de la peña Admirable y lleva su imagen a Caracas. Su gloriosa vuelta a Parapara.- En uno de los últimos años del siglo XVIII, pasó por Parapara un empleado del gobierno colonial de aquella época; prevalió de su autoridad, saliéndose de la esfera de sus derechos y atribuciones, llevó consigo a Caracas la imagen de Nuestra Señora de la Peña Admirable, con intención de pedir al cabildo secular impidiese su culto, por juzgarlo él inconveniente y supersticioso. El Cura y vecinos de Parapara, descontentos con este desacato a sus derechos, y no teniendo el cabildo Civil ninguna ingerencia en este asunto, que pertenecía directamente al gobierno eclesiástico, resolvieron hacer una representación ante el Ayuntamiento de Caracas a fin de que se les devolviese, sin demora, su querida imagen. Al efecto, comisionaron al señor Domingo
Toledo, uno de los jóvenes con más prestigio y talento de todo el pueblo, como representante ante citada corporación capitalina. El Cabildo atendió al delegado y le entregó la imagen. Gozoso, Toledo emprendió pronto regreso al pueblo de su procedencia. Estando ya a inmediaciones de Parapara, tuvo noticia el Párroco de la próxima llegada del precioso tesoro, cuya ausencia lamentaba todos y llenaba sus almas de pena y tristeza. Lleno de indecible júbilo con esta noticia, ordenó que la venerada imagen quedara depositada en una de las primeras casas, situada a la entrada de la población , en donde se les dispuso una capilla provisional con su altar profusamente adornado con flores y luces, para poderle preparar un recibimiento pomposo y solemne. Los vecinos por su parte, secundando los santos propósitos de su pastor espiritual, no perdieron medio alguno para ofrecer a su celestial Patrona una brillante manifestación de su fe y acendrado amor, que en cierto modo sirviera de desagravio al desacato que se pretendió cometer contra su sagrada imagen: las calles y los frentes de las casas se adornaron como nunca se había visto en Parapara; las campanas con sus alegres repiques contribuyeron a acrecentar el regocijo público que inundaba los corazones; y el pueblo todo concurrió el día señalado a la casa donde estaba depositada la imagen, de donde, en regio triunfo, fue llevada a su Santuario, cuyas puertas se abrieron para recibirla en medio de las armonías de los sagrados himnos y cánticos de la Iglesia. (los pormenores de este incidente los trae Francisco Izquierdo Martí, según referencia que de ellos le hizo el Señor Pbro. Antonio María García, entonces Provisor y Vicario General del Arzobispado de Caracas; éste, a su vez, los tenia del mismo José Domingo Toledo, mu**to nonagenario). Desde entonces, la Imagen de Nuestra Señora de la Peña Admirable, colocada en un relicario de plata dorada, en forma de custodia, ha recibido siempre en su Santuario de Parapara las vivas demostraciones del culto con que la honran los buenos habitantes de aquellos llanos, y desde lo alto Aquella que la Iglesia llama Mater Admirabilis
Ha protegido siempre y mirado con ojos misericordiosos a aquel interesante pueblo del Guárico, donde, desde hace ya más de 200 años, su nombre es ensalzado y su memoria bendecida. Haciendo el Ilustrísimo Señor arzobispo, Dr. Ramón Ignacio Méndez la visita pastoral a Parapara, quiso cerciorarse de si la imagen de Nuestra Señora de la Peña Admirable, que tanto le ponderaban, era por sus perfecciones digna del culto que se le tributaba. Con tal fin, hízose llevar a la Sacristía el relicario en que estaba, la tomó en sus manos y mientras la examinaba atentamente, sin saber cómo, se le desprendió de las manos, y, por efecto de la caída, se partió por uno de sus extremos sin dañarse absolutamente nada la imagen. Volvió el Señor Arzobispo a colocarla en su custodia y mando a depositarla nuevamente en su altar como antes. Antonio María García, entonces cura Párroco de Parapara, llevo la Imagen a Caracas con el piadosos motivo de hacerla reproducir en estampas y de reparar su relicario, algo descompuesto por largos años de uso. El señor García aprovecho esta oportunidad para solicitar del Ilustrísimo Señor arzobispo, Dr. José Antonio Ponte, indulgencias para la imagen, concediéndole gustoso el Prelado ochenta días; y más tarde, el ilustrísimo. Dr. Salustiano Crespo, Obispo de Calabozo, en su visita pastoral a Parapara, la enriqueció también con cuarenta días.