28/06/2026
Indios de la Guaira
Durante la guerra de independencia, los indígenas del litoral central de La Guaira, especialmente los de Catia la Mar, se mantuvieron mayoritariamente realistas. Su importancia como zona estratégica quedó reflejada en las instrucciones que Simón Bolívar envió al coronel Mariano Montilla desde Angostura el 16 de diciembre de 1819 (Documento 3969, Archivo Libertador):
«Tomada Caracas por la Legión irlandesa, armará cuantos individuos pueda del país... y podrá tomar a Caracas, bien sea por Catia, bien por Ocumare o Choroní, según la posición del ejército enemigo y luego La Guaira».
Años más tarde, el diplomático británico Sir Robert Kerr Porter visitó la zona y escribío en su obra «Diario de un diplomático británico en Venezuela, 1825-1842» el jueves 14 de febrero de 1828:
«Salí esta mañana a las 6 para visitar Catia, un pueblo indio de la costa a sotavento, a unas siete millas de La Guaira, más allá del Cabo Blanco. Fue un paseo delicioso... Nos detuvimos en casa del alcalde, que es un pescador: tiene una mujer bastante bonita... pero sucia. Nos atendió muy bien y nos dio un sabroso desayuno, y seguimos caminando unas tres millas por la orilla de la costa, hasta un hermoso y romántico río llamado El Marmón».
El 27 de diciembre de 1828, Porter ascendió a las plantaciones altas cercanas a la cumbre de las montañas:
«El camino estrecho, pedregoso, empinado y peligroso en extremo... El lugar es magníficamente grandioso y podría hacerse muy productivo, pero faltan las manos y el dinero, y todo está comparativamente adormecido y en estado ruinoso. La causa fue el terremoto y la guerra revolucionaria. Hubo un baile indio hasta las tres de la mañana».
Entre 1842-1845, el pintor alemán Ferdinand Konrad Bellermann inmortalizó a uno de estos habitantes en su obra «Guayra-Indianer mit Pfeil und Bogen» (Indio de La Guaira con arco y flecha), un valioso testimonio visual de los indígenas guaireños (en imagen).
Los indios del litoral combinaban la pesca con pequeñas plantaciones en las laderas montañosas. Su memoria perdura en topónimos como Catia, así como en registros historicos que permiten reconstruir esta desconocida historia de La Guaira.
Autor: Emilio Acosta.