12/01/2016
¿SABES TÚ DÓNDE PASARÁS LA ETERNIDAD?
Apocalipsis 21:1-6
“Vi un cielo nuevo y una tierra nueva; porque el primer cielo y la primera tierra pasaron, y el mar ya no existía más. Y yo Juan vi la santa ciudad, la nueva Jerusalén, descender del cielo, de Dios, dispuesta como una esposa ataviada para su marido. Y oí una gran voz del cielo que decía: He aquí el tabernáculo de Dios con los hombres, y él morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios. Enjugará Dios toda lágrima de los ojos de ellos; y ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor; porque las primeras cosas pasaron. Y el que estaba sentado en el trono dijo: He aquí, yo hago nuevas todas las cosas. Y me dijo: Escribe; porque estas palabras son fieles y verdaderas. Y me dijo: Hecho está. Yo soy el Alfa y la Omega, el principio y el fin. Al que tuviere sed, yo le daré gratuitamente de la fuente del agua de la vida.”
No existe una manera de evitar la muerte. Está establecido que todo aquel que nace irremediablemente morirá. Considerando tan inevitable final, lo más lógico es que dediquemos algún tiempo a pensar qué será lo que nos espera cuando partamos de este mundo. Sin embargo, la gran mayoría de las personas ni siquiera piensan en ese cambio tan trascendental. ¿Has pensado tú adonde irás cuando mueras?
La Biblia dice en Juan 3:16 que Dios dio a su Hijo "para que todo aquel que en él cree, no se pierda, mas tenga vida eterna." Y seguidamente dice que "el que no cree, ya ha sido condenado." Es decir, éste pasará la eternidad en el in****no. Si tú has aceptado a Jesucristo como tu Salvador puedes tener la seguridad de que vas a pasar la eternidad con él en el cielo. Así dijo Jesús a sus discípulos: “En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis.” (Juan 14:2-3). Es maravilloso que tengamos esta seguridad eterna. ¡Cuando partamos de este mundo vamos para el cielo y pasaremos allí la eternidad junto al Señor!
Esta es la herencia nuestra como hijos de Dios, como afirma Gálatas 4:7: “Así que ya no eres esclavo, sino hijo; y si hijo, también heredero de Dios por medio de Cristo.” Esto quiere decir que disfrutaremos de todo lo que el Padre ha preparado para su Hijo. El apóstol Pedro lo expresa de esta manera: “Bendito el Dios y Padre de nuestro Señor Jesucristo, que según su grande misericordia nos hizo renacer para una esperanza viva, por la resurrección de Jesucristo de los mu***os, para una herencia incorruptible, incontaminada e inmarcesible, reservada en los cielos para vosotros.” (1 Pedro 1:3-4). Y en Mateo 13:43 Jesús dijo a sus discípulos que “los justos resplandecerán como el sol en el reino de su Padre.” Allí reinaremos junto con el Señor disfrutando plenamente de las maravillas que Dios ha dispuesto. ¿Y cómo será la vida allí?
Primeramente meditemos en lo que nos dice el pasaje de hoy. En el cielo “ya no habrá muerte, ni habrá más llanto, ni clamor, ni dolor.” Es decir, viviremos en constante paz y gozo, sin los problemas y las aflicciones que tanto abundan en este mundo. Dice también, refiriéndose a los que estarán allí, que Dios "morará con ellos; y ellos serán su pueblo, y Dios mismo estará con ellos como su Dios." Pero no sólo esto, sino que estaremos alabando a Dios constantemente. Apocalipsis 19:4-6 nos describe una preciosa escena en la que "los veinticuatro ancianos y los cuatro seres vivientes se postraron en tierra y adoraron a Dios, que estaba sentado en el trono, y decían: ¡Amén! ¡Aleluya! Y salió del trono una voz que decía: Alabad a nuestro Dios todos sus siervos, y los que le teméis, así pequeños como grandes."
El cielo es una realidad para la cual todos debemos prepararnos. Si aún no lo has hecho debes dar el primer paso. Si tú crees de corazón que Jesús es el Hijo de Dios, que murió en la cruz por tus pecados y que Dios lo levantó de los mu***os, lo único que tienes que hacer es confesarlo con tus labios pidiendo al Señor que entre en tu corazón. De esta manera recibirás el regalo de la vida eterna, afirma Romanos 10:9-10.
ORACION:
Santo Dios, gracias te doy por haber enviado a tu Hijo para darnos acceso a tu reino celestial, y morar contigo por toda la eternidad. Ayúdame a vivir con mi mente y mi corazón enfocados en ese tiempo maravilloso. En el nombre de Jesús, Amén.
DIOS TE HABLA HOY.