19/07/2026
Feliz día del Señor…
La Palabra de Dios de este domingo nos invita a confiar en los procesos lentos de la vida y de la fe. Nos desafía a mirar a los demás con la misma tolerancia y misericordia con la que somos mirados por Dios. Es una llamada a la paz interior, pues no nos corresponde a nosotros juzgar el campo ni forzar los tiempos de la cosecha, sino abandonarnos al cuidado del Dueño de la siembra, dejándonos guiar por el Espíritu Santo que obra dentro de nosotros.
En el Libro de la Sabiduría, Dios aparece como el Señor que gobierna con misericordia y paciencia, aunque es justo y tiene el poder de castigar, “juzga con mansedumbre” y “señala el tiempo” para que el pecador pueda convertirse y recuperar la esperanza. En esa pedagogía divina se entiende que la corrección no nace de frialdad, sino de amor; pues Dios da ocasión al arrepentimiento y, mientras corrige, enseña a su pueblo a ser amables y a confiar.
En el Evangelio de Mateo, Jesús describe el Reino de los cielos como una realidad que crece en el mundo sin negar la presencia del mal. Al sembrarse el buen grano, también aparece la cizaña, porque el enemigo siembra confusión entre quienes pertenecen al Señor. Pero el Maestro no manda una “limpieza” inmediata que arranque al mismo tiempo el trigo; “dejen crecer” hasta la cosecha, porque Dios conoce el momento y el modo de su juicio. Y, sin embargo, el Reino no es insignificante, crece como semilla de mostaza y como levadura, capaz de transformar la masa entera desde dentro; el mal puede entremezclarse, pero no tiene la última palabra.
No estamos llamados a desesperar ni a “quemar” por impaciencia, sino a vivir una esperanza paciente, apoyada en la oración. Si Dios corrige poco a poco para que haya conversión, entonces nosotros también debemos aprender a no confundir justicia con impulsividad. Al mismo tiempo, cuando no sepamos qué decirle a Dios, pidamos con humildad, pues el Espíritu intercede por nosotros. Mientras el Reino crece en lo pequeño, mantengamos el corazón abierto para que el bien madure, confiando en que al final habrá separación.
Dios bendiga tu día.