27/03/2020
El sentido del sacrificio
Parasha de Vaikrá (Levítico 1-5)
Al referirse a la obligación de ofrendar sacrificios, la Torá se aleja de la expresión usual que usa para referirse a un hombre como ish, y en cambio usa la palabra adam. El pasaje también comienza con el verbo en forma singular: iakriv (él traerá), y continúa con la forma plural: takrivu (traerán). Hay una razón profunda en la elección de estas palabras, porque cuando una persona lleva un sacrificio a Dios debe seguir el ejemplo del primer hombre, de Adam, cuyas ofrendas no tenían ninguna imperfección, estaban libres de cualquier mancha de deshonestidad. Dado que él era la única persona en el mundo, no había nadie a quien hubiera podido engañar o de quien hubiera podido sacar ventaja.
Tratamos de racionalizar el engaño y la deshonestidad de muchas formas. Cuando permitimos que la arrogancia tome el timón de nuestra vida y nos sentimos superiores a los demás, también nos convencemos de que nuestras necesidades son mayores que las de ellos y, por lo tanto, que tenemos derecho a aquello que les pertenece. Esta es otra razón por la que al instruirnos sobre los sacrificios, la Torá se refiere al individuo como Adam, para evocar el recuerdo del primer hombre que, en virtud de haber sido el primero y el único, no pudo ser culpable de esa clase de racionalizaciones. Así como Adam entendió que todo lo que poseía venía de Dios, también nosotros debemos tomar consciencia de esto y acercarnos a Dios con las manos limpias. Como escribió el salmista: ¿Quién puede ascender la montaña de Dios…? Quien tiene las manos limpias y un corazón puro…(1)
La palabra para sacrificios es korvanot, que deriva de la palabra karov, acercarse. Esto nos enseña que si deseamos renovar nuestra relación con nuestro Padre Celestial debemos estar dispuestos a sacrificarnos por Su bien, y si lo hacemos descubriremos que cuanto más damos de nosotros mismos, más cerca de Dios nos sentimos.