05/23/2026
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Una fe superficial puede emocionarse con el ambiente sin rendirle nada a Dios.
Levanta las manos. Llora en el culto. Habla de bendiciones. Pero cuando llega la prueba real —la que le cuesta algo— desaparece.
Jesús no dejó ese punto sin resolver:
"Por sus frutos los conoceréis." Mateo 7:16
No todo entusiasmo espiritual es madurez. No toda lágrima es arrepentimiento. Y una experiencia religiosa intensa no es garantía de nada.
La fe que Dios produce se nota diferente: en lo que la persona empieza a obedecer, en lo que abandona aunque le duela, en si persevera cuando ya no hay emoción de por medio.
Eso es lo que distingue una obra de Dios de una reacción emocional pasajera. El fruto no miente.