01/22/2021
NO HAY DE QUÉ TEMER
“Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he venido al mundo”. Juan 16:33
Existe un concepto erróneo, según el cual, el cristiano camina por un sendero de rosas, y que ninguna tristeza puede afectarlo, porque esto significaría que Dios ya no está con él. No obstante, esta idea contradice las palabras del Señor Jesucristo cuando dijo que en esta tierra no seríamos exentos de tribulaciones, pero que Él se comprometía a darnos Su paz divina. “Estas cosas os he hablado para que en mí tengáis paz. En el mundo tendréis aflicción; pero confiad, yo he venido al mundo” (Jn. 16:33). Nuestra victoria estriba en proclamar que por medio de la fe, hemos vencido al mundo junto con Cristo.
Cuando Dios quiere revelarse a una persona, siempre lo hace por medio de las Escrituras. Estas producen fe, y la fe le lleva a Cristo, desintegrando la incredulidad del corazón (Ro. 10:17). La fe genuina no permite que nada ni nadie pueda apartarnos del amor sublime de Dios, ni siquiera la muerte. Esto es, porque nuestra vida está fundamentada en la roca que es Cristo. Recordemos que “En el amor no hay temor, sino que el perfecto amor echa fuera el temor; porque el temor lleva en sí castigo. De donde el que teme, no ha sido perfeccionado en el amor… porque Dios es amor” ( Jn. 4:18; 1 Jn. 4:8).