10/24/2026
Pablo entendía que servir a Dios no siempre sería fácil, pero su propósito era más grande que cualquier dificultad. Su mayor deseo no era vivir cómodamente, sino cumplir fielmente la misión que el Señor le había encomendado.
Como mujeres, también enfrentaremos pruebas, lágrimas y momentos de cansancio, pero no podemos permitir que las dificultades nos hagan abandonar nuestro propósito. Lo importante no es solamente comenzar la carrera, sino permanecer fieles hasta el final. Que al llegar a la meta podamos decir con gozo: "Señor, cumplí lo que me encomendaste".