08/23/2026
Bad Bunny- Orando por mi hermano Puertorriqueño
Puerto Rico necesita más que un salvador humano...
Primero, les comparto el enlace con nuestras expresiones hace un tiempo atras en el segmento “Hablemos del projimo”, parte de mi podcast, dirigidas a mi querido compatriota Benito. De quien difiero en muchas cosas pero al cual amo como Dios me amo a mi. https://youtu.be/Ye5kUtQ9nXY?si=M0-AENOksdY-iJq-
No obstante, aquí te comparto mi reacción escrita a sus palabras en el cierre de su Tour artístico en Puerto Rico.
Benito, quiero comenzar diciendo algo que muchos cristianos olvidan afirmar consistentemente desde altares, plazas, redes sociales y acciones privadas o publicas: amar a Puerto Rico no es malo. Amar nuestra gente, nuestra tierra, nuestra cultura y desear que nuestro pueblo tenga agua, electricidad, seguridad, justicia y dignidad es algo que podemos reconocer y valorar. Todos somos parte de la solucion y vamos a poner accion en las palabras. Todos somos parte de la justicia social y el cambio.
Cuando dices: “A este pueblo lo salvan ustedes. Lo salvamos nosotros”, entiendo el sentimiento detrás de tus palabras: el deseo de que los puertorriqueños no abandonemos nuestra tierra ni nos resignemos al caos, la corrupción o el deterioro de nuestras instituciones.
Y cuando dices: “Yo no puedo traerles agua... no puedo traerle luz... yo lo que quiero es traer un poco de alegría”, también hay algo profundamente humano en eso: reconocer nuestras limitaciones y querer aportar esperanza desde el lugar que ocupamos.
Pero precisamente ahí quisiera compartirte, con respeto y amor, una verdad que nosotros los cristianos creemos que Puerto Rico necesita escuchar.
Benito, tú tienes razón en algo: no puedes salvar a Puerto Rico. Pero tampoco podemos salvarnos nosotros mismos.
La Biblia dice:
“Maldita la persona que confía en el hombre, y pone carne por su brazo, y su corazón se aparta de Dios.”
— Jeremías 17:5
Nuestra esperanza no puede descansar definitivamente en artistas, gobernantes, partidos, movimientos sociales, generaciones ni en nuestra propia capacidad de resistencia.
Porque podemos cambiar un gobierno y continuar con los mismos corazones.
Podemos reparar el sistema eléctrico y seguir teniendo familias quebrantadas.
Podemos traer agua a una comunidad y continuar con una sociedad sedienta de justicia, verdad, propósito y esperanza.
Podemos llenar estadios de alegría y, cuando termine el concierto, miles pueden regresar a sus casas con el mismo vacío que tenían antes.
Puerto Rico necesita luz, pero también necesita la Luz.
Jesús dijo:
“Yo soy la luz del mundo; el que me sigue, no andará en tinieblas.”
— Juan 8:12
Puerto Rico necesita agua, pero también necesita el Agua de Vida.
Jesús dijo:
“El que cree en mí, no tendrá sed jamás.”
— Juan 6:35
Puerto Rico necesita libertad, pero la libertad más profunda no es solamente política, económica o territorial. Es la libertad del pecado, de la culpa, de la desesperanza y de todo aquello que esclaviza el corazón humano.
Jesús dijo:
“Así que, si el Hijo os libertare, seréis verdaderamente libres.”
— Juan 8:36
Y Puerto Rico necesita salvación.
Pero la salvación no vendrá de Benito, ni de ningún artista, ni de ningún político, ni de los puertorriqueños mismos.
La Biblia declara:
“Y en ningún otro hay salvación; porque no hay otro nombre bajo el cielo, dado a los hombres, en que podamos ser salvos.”
— Hechos 4:12
Ese nombre es Jesucristo.
Por eso, Benito, si realmente queremos que “de aquí nadie nos saque”, necesitamos recordar algo todavía más grande:
Nuestra esperanza no está finalmente en una isla. Está en Cristo.
Porque podemos perder propiedades, gobiernos, sistemas y hasta atravesar temporadas de crisis. Pero quien está en Cristo tiene una esperanza que ninguna crisis eléctrica, económica, política o social puede apagar.
Y a los cristianos puertorriqueños también nos toca asumir nuestra responsabilidad.
No basta con criticar al gobierno.
No basta con defender nuestra cultura.
No basta con decir que amamos a Puerto Rico.
La Iglesia tiene que amar a Puerto Rico sirviendo a Puerto Rico.
Tenemos que alimentar al hambriento, ayudar al necesitado, defender la verdad, denunciar la corrupción, cuidar nuestras familias, proteger a nuestros niños, restaurar al quebrantado, acompañar al que sufre y anunciar el evangelio.
Porque Jesús no nos llamó simplemente a hablar de esperanza.
Nos llamó a ser sal y luz.
“Vosotros sois la luz del mundo... Así alumbre vuestra luz delante de los hombres, para que vean vuestras buenas obras, y glorifiquen a vuestro Padre que está en los cielos.”
— Mateo 5:14,16
Así que no quiero responderle a Benito con desprecio.
Quiero responderle con una invitación.
Gracias por amar a Puerto Rico. Nosotros también lo amamos.
Pero te invito a mirar más allá de Puerto Rico.
Más allá de la política.
Más allá de la cultura.
Más allá del entretenimiento.
Más allá de nosotros mismos.
Mira a Cristo.
Porque quizás nosotros podamos traer un poco de alegría por una noche.
Pero Jesucristo puede transformar una vida para la eternidad.
Nosotros podemos defender nuestra casa terrenal.
Pero Cristo está preparando una casa eterna.
Nosotros podemos decir:
“Esta es mi casa.”
Pero Jesús dice:
“En la casa de mi Padre muchas moradas hay.”
— Juan 14:2
Puerto Rico es nuestra tierra y debemos amarla, servirla y procurar su bienestar. Aquí estaremos en la isla o en la diáspora somos verdaderos puertorriqueños.
Pero nuestra identidad final no está en ser puertorriqueños.
Nuestra identidad final está en ser hijos de Dios por medio de Jesucristo.
Y si algún día Puerto Rico quiere experimentar una verdadera transformación, no comenzará solamente en La Fortaleza, en el Capitolio, en las urnas, en un concierto o en las redes sociales.
Comenzará en el corazón.
Porque una nación puede cambiar sus leyes, pero solamente Dios puede cambiar el corazón humano.
Por eso mi oración por Puerto Rico es sencilla:
Señor, sana nuestra tierra.
Pero primero sana nuestros corazones.
Restaura nuestras instituciones.
Pero primero restaura nuestras familias.
Danos justicia.
Pero enséñanos a vivir en verdad.
Danos esperanza.
Pero llévanos a la fuente de toda esperanza.
Y permite que Puerto Rico vuelva sus ojos a Jesucristo,
porque Él es el Camino, la Verdad y la Vida.
Benito, que Dios bendiga tu vida, y tu amor por nuestra tierra. Oro por tu salvación y redención, así como Dios lo hizo conmigo.
Y que un día puedas descubrir que la esperanza que Puerto Rico necesita no se encuentra solamente en nuestra capacidad de quedarnos, resistir o luchar.
La esperanza tiene un nombre.
Jesús.
Pastor Rolando Torres
The Statement Show con Rolando Torres 104.1/104.3 FM Redentor Pastor Rolando Torres