Iglesia Bautista Internacional Volusia

Iglesia Bautista Internacional Volusia (Grace 360 Church)

Dios ha movido nuestro corazón para alcanzar a nuestros hermanos hispanos quienes buscan una Iglesia Bautista Fundamental de sana doctrina que tiene amor por las almas perdidas.

04/28/2026
04/27/2026

Nuestro Pastor Jonathan White terminando la serie de Semana Santa con La Ascención de Jesucristo.

04/07/2026

Nuestro Pastor Jonathan White nos habla de La Resurrección de Nuestro Salvador.

04/02/2026

El Pastor Jonathan White enseña acerca de el Domingo de Ramos.

Obediencia y AmorEn Filipenses 2:8, el apóstol Pablo nos recuerda uno de los actos más conmovedores y poderosos de la hi...
09/30/2025

Obediencia y Amor

En Filipenses 2:8, el apóstol Pablo nos recuerda uno de los actos más conmovedores y poderosos de la historia: “Y estando en la condición de hombre, se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz.” Estas palabras no son solo una declaración histórica, sino una invitación a que reflexionemos profundamente sobre el increíble sacrificio de Cristo y el ejemplo de obediencia que nos dejó.

El sacrificio de Cristo en la cruz no es solo un acto de dolor físico, sino una expresión sublime de amor. La crucifixión, una de las formas más crueles de ejecución, fue diseñada para infligir el máximo sufrimiento posible. Morir en una cruz era agonizante, lento, y profundamente humillante. Los condenados, al perder la fuerza para sostenerse, sufrían asfixia mientras sus cuerpos colgaban, y en algunos casos, la agonía duraba días.

Nuestro Señor Jesús no fue ajeno al horror de lo que estaba por suceder. Sabemos por las Escrituras que en el Jardín de Getsemaní, mientras oraba, dijo: “Mi alma está muy triste, hasta la muerte” (Mateo 26:38). En este momento de intensa angustia, su sudor se convirtió en “grandes gotas de sangre” (Lucas 22:44), una imagen vívida de la carga emocional y espiritual que llevaba consigo.

Pero más allá del dolor físico, lo que realmente sobrecoge el corazón es la separación temporal que Cristo experimentó de Su Padre en la cruz. El profeta Isaías lo describe claramente: “Mas él herido fue por nuestras rebeliones, molido por nuestros pecados; el castigo de nuestra paz fue sobre él, y por su llaga fuimos nosotros curados” (Isaías 53:5). Jesús llevó sobre sí el peso de los pecados de toda la humanidad, y en ese momento crucial, clamó: “Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has desamparado?” (Mateo 27:46). Ese grito revela la profundidad de la separación que Él, por primera vez, experimentó en nombre de nuestra redención.

La obediencia de Cristo a la voluntad del Padre es el ejemplo máximo para todos nosotros como creyentes. Su disposición a someterse completamente, incluso a la muerte, nos desafía a hacer lo mismo en nuestras vidas. Jesús no buscó su propia comodidad o seguridad, sino que se entregó plenamente al plan de Dios. Este acto de obediencia total nos recuerda que nuestra relación con Dios debe estar marcada por una rendición completa a Su voluntad, incluso cuando no entendemos o cuando el camino parece difícil.

El apóstol Pablo nos exhorta a seguir este ejemplo de sumisión y sacrificio, y como cristianos, debemos aprender a vivir en obediencia total a nuestro Señor. Esto no es fácil, pero el ejemplo de Cristo nos muestra que vale la pena entregar todo por amor a Dios y a los demás.

Preguntas para Reflexionar:
1. ¿Qué áreas de tu vida te cuestan más rendir completamente a la voluntad de Dios?
2. ¿De qué manera el sacrificio de Cristo en la cruz te desafía a vivir una vida de mayor entrega y obediencia a Dios?
3. ¿Cómo puedes imitar la humildad y la sumisión de Jesús en tus relaciones con los demás?
4. ¿Qué pasos prácticos puedes tomar para seguir el ejemplo de Cristo en tu vida diaria, especialmente en momentos de dificultad?

Oración:
Señor amado, gracias por el sacrificio de tu Hijo Jesucristo en la cruz. Su obediencia y amor nos han dado vida y nos han mostrado el camino a seguir. Te pido que me des un corazón humilde y dispuesto a rendir cada aspecto de mi vida a tu voluntad. Ayúdame a seguir el ejemplo de Cristo, a vivir en obediencia y a poner siempre tu voluntad por encima de la mía. Que el sacrificio de la cruz sea un recordatorio constante de tu inmenso amor por mí, y que cada día yo pueda caminar en tu verdad.

En el nombre de Jesús, amén.

¡Buenas noticias! 🎉La Iglesia Bautista Internacional de Volusia ya está formando a sus miembros con Seminario Legado Ete...
09/29/2025

¡Buenas noticias! 🎉
La Iglesia Bautista Internacional de Volusia ya está formando a sus miembros con Seminario Legado Eterno. Estamos viendo a hermanos y líderes crecer en doctrina, carácter y servicio a la iglesia local. 🙌

“Lo que has oído de mí ante muchos testigos, esto encarga a hombres fieles que sean idóneos para enseñar también a otros.” — 2 Timoteo 2:2 (RVR1960)

Si tú también quieres fortalecer a tu iglesia con formación teológica sólida, flexible y 100% en línea, únete a las iglesias que ya están estudiando con Legado Eterno. Ofrecemos planes para iglesias, acompañamiento pastoral y contenido bíblico confiable.

¿Eres pastor o líder?
📚 Programas por niveles para miembros, líderes y maestros de EBD
🕘 Horarios flexibles y seguimiento académico
🤝 Acompañamiento pastoral y recursos para la vida de la iglesia
💻 Plataforma sencilla y lista para tu congregación

Invitación:
Escribe “Quiero info para mi iglesia” y te ayudamos a comenzar esta semana.

www.legadoeterno.org

El Camino de la Humildad: Siguiendo el Ejemplo de CristoEn Filipenses 2:7-8, el apóstol Pablo nos lleva a contemplar uno...
09/27/2025

El Camino de la Humildad: Siguiendo el Ejemplo de Cristo

En Filipenses 2:7-8, el apóstol Pablo nos lleva a contemplar uno de los actos más profundos de humildad que jamás se hayan presenciado: “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Este versículo describe el camino descendente que Cristo eligió tomar, desde Su trono celestial hasta la cruz, y nos invita a reflexionar sobre el llamado a la humildad y al servicio que cada cristiano debe abrazar.

Cristo, siendo Dios, “nació como un ser humano”. Esta afirmación encierra una verdad abrumadora: el Hijo de Dios, quien tiene supremacía sobre toda la creación (Colosenses 1:15), eligió hacerse hombre, recorriendo el mismo proceso de gestación y nacimiento que todos nosotros. No vino como un ser majestuoso o imponente, sino como un pequeño e indefenso bebé, nacido en un humilde pesebre. Su vida terrenal fue marcada por el servicio, la humildad y la renuncia a todo tipo de privilegio que le correspondía.

Si intentáramos buscar una analogía para describir la magnitud de este acto, podríamos compararlo, aunque de manera limitada, con una estrella brillante que decide convertirse en una simple vela, o un majestuoso monte Everest que se reduce a una pequeña cueva en el desierto. Pero ninguna comparación puede captar plenamente lo que significó que Cristo, Dios mismo, tomara forma humana.

Sin embargo, la humildad de Cristo no termina con Su encarnación. Pablo nos dice que Cristo “se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz”. Este es el punto culminante de Su obediencia y entrega total a la voluntad del Padre. Jesús no solo aceptó las limitaciones humanas, sino que renunció nuevamente a Sus derechos, sometiéndose a la muerte más humillante y dolorosa: la crucifixión.

En un mundo donde la autoexaltación, el orgullo y la búsqueda de poder son comunes, el ejemplo de Cristo nos confronta de manera radical. Jesús no vino a humillar a otros, sino a humillarse a sí mismo, mostrando que la verdadera grandeza se encuentra en la entrega, el sacrificio y el servicio. Nos enseña que la humildad no es una señal de debilidad, sino de fortaleza y obediencia a Dios.

Pablo, en este mismo pasaje, nos exhorta a vivir de la misma manera: “Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo” (Filipenses 2:3). Nos llama a no enfocarnos en nuestros propios intereses, sino a buscar el bienestar de los demás. Este es el corazón del evangelio: el sacrificio por amor a los demás.

La vida de Cristo es un modelo perfecto de cómo debemos vivir. Él nos muestra que la verdadera humildad no es pensar menos de nosotros mismos, sino pensar más en los demás. La grandeza en el reino de Dios no se mide por cuántas personas nos sirven, sino por cuántos servimos nosotros.

Preguntas para Reflexionar:
1. ¿De qué manera puedo seguir el ejemplo de Cristo y humillarme a mí mismo para obedecer la voluntad de Dios?
2. ¿Qué áreas de mi vida requieren más humildad y menos egoísmo?
3. ¿Cómo puedo interesarme más en las necesidades de los demás, en lugar de enfocarme solo en mis propios intereses?
4. ¿De qué manera puedo practicar la humildad en mis relaciones con los demás, especialmente en mi familia, trabajo y comunidad?

Oración:
Señor, te doy gracias por el increíble ejemplo de humildad que nos diste a través de Jesús. Ayúdame a seguir Sus pasos, renunciando a mi orgullo y mis deseos egoístas para obedecerte y servir a los demás. Dame un corazón humilde y obediente, dispuesto a humillarme a mí mismo y a poner las necesidades de otros por encima de las mías. Que Tu amor y Tu gracia me guíen cada día a vivir una vida de servicio y entrega, tal como lo hizo nuestro Salvador.

En el nombre de Jesús, amén.

Renunciando a Nosotros Mismos para Servir a OtrosEn Filipenses 2:6-7, el apóstol Pablo nos presenta uno de los actos más...
09/25/2025

Renunciando a Nosotros Mismos para Servir a Otros

En Filipenses 2:6-7, el apóstol Pablo nos presenta uno de los actos más sorprendentes y desafiantes de Cristo: “el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a qué aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo, hecho semejante a los hombres”. Este pasaje no solo nos revela el profundo amor de Cristo, sino que también nos invita a seguir Su ejemplo de renuncia y servicio.

Jesús, siendo Dios, renunció a todos los privilegios que le correspondían. A pesar de tener la autoridad suprema sobre toda la creación, decidió "vaciarse" de Su gloria para tomar la forma humilde de un siervo. Este acto es incomprensible en una sociedad que muchas veces promueve la búsqueda de reconocimiento, poder y privilegios. Pero Cristo, en lugar de aferrarse a lo que por derecho le pertenecía, eligió renunciar a ello para salvar a la humanidad.

Este sacrificio de renuncia no fue solo una muestra de Su amor por nosotros, sino también una lección para nuestras vidas. Pablo nos llama a seguir el ejemplo de Cristo y a vivir en unidad, dejando atrás el egoísmo, la ambición y el deseo de ser exaltados. Nos desafía a pensar más en los demás que en nosotros mismos, a servir antes que buscar ser servidos.

En este pasaje, también descubrimos que el verdadero servicio es el camino para liberarnos de las demandas egoístas de nuestro corazón. Jesús vino para servir, no para ser servido (Mateo 20:28), y nos mostró que la verdadera grandeza se encuentra en humillarse y cuidar de las necesidades de los demás. De la misma manera, estamos llamados a renunciar a nuestros propios intereses por el bien de aquellos que nos rodean.

Servir no significa simplemente realizar actos bondadosos, sino también estar dispuestos a renunciar a aquello a lo que podríamos legítimamente aspirar. Es una actitud de corazón que busca el bienestar del prójimo por encima del propio. La renuncia de Jesús no fue un acto de debilidad, sino de amor y fortaleza. Nos enseña que, cuando renunciamos a nuestro propio yo, encontramos la verdadera libertad en el servicio a los demás.

Es natural que nuestro ego busque reconocimiento y satisfacción personal, pero el llamado de Cristo es a algo más grande: renunciar a nuestros derechos y deseos para beneficiar a otros. En una cultura que valora el éxito personal y la acumulación de méritos, seguir el ejemplo de Cristo es un desafío radical. Sin embargo, es precisamente en este acto de renuncia donde descubrimos el gozo y la plenitud que solo se encuentran en servir a los demás.

Preguntas para Reflexionar:
1. ¿Qué derechos o privilegios estoy dispuesto a renunciar por amor a los demás?
2. ¿De qué maneras puedo servir a los que me rodean sin esperar reconocimiento o recompensa?
3. ¿Qué actitudes egoístas necesito dejar para vivir más en unidad con mis hermanos en Cristo?
4. ¿Cómo puedo seguir el ejemplo de Cristo en mi vida diaria al despojarme de mis propios intereses?

Oración:
Señor Jesús, te doy gracias por tu ejemplo perfecto de renuncia y servicio. Me humillo ante ti, reconociendo mi necesidad de dejar atrás mi egoísmo y mi búsqueda de reconocimiento. Ayúdame a seguir tu ejemplo, a despojarme de mis propios deseos y a vivir para servir a los demás con un corazón humilde y lleno de amor. Dame la fuerza para renunciar a mis derechos y encontrar gozo en el servicio, tal como tú lo hiciste por nosotros.

En el nombre de Jesús, amén.

Siguiendo el Modelo de Humildad de CristoEl apóstol Pablo, en su carta a los filipenses, nos exhorta a adoptar la misma ...
09/23/2025

Siguiendo el Modelo de Humildad de Cristo

El apóstol Pablo, en su carta a los filipenses, nos exhorta a adoptar la misma actitud que tuvo nuestro Señor Jesucristo. En Filipenses 2:5-6 dice: "Haya, pues, en vosotros este sentir que hubo también en Cristo Jesús, el cual, siendo en forma de Dios, no estimó el ser igual a Dios como cosa a que aferrarse". Esta poderosa declaración no solo nos revela la grandeza de Cristo, sino que nos da un ejemplo práctico de cómo vivir con humildad y entrega.

Jesús, siendo Dios, decidió no aferrarse a Su condición divina. No luchó por mantener Sus privilegios o derechos, sino que voluntariamente se despojó de Su gloria para convertirse en siervo y morir por nosotros en la cruz. Este acto de amor y sacrificio nos muestra que la verdadera grandeza no está en buscar nuestro propio beneficio, sino en servir a los demás.

Pablo nos llama a imitar esta actitud, recordándonos que la unidad en la iglesia y el amor entre los hermanos se fortalecen cuando dejamos de lado el egoísmo y la ambición personal, y en su lugar, buscamos el bienestar de los demás. Este llamado a la humildad nos desafía a abrir nuestras manos, a renunciar a nuestros derechos y a velar por los intereses de los demás, tal como lo hizo Cristo.

La imagen del "puño cerrado" representa el aferrarse a nuestros derechos, exigiendo que se cumplan nuestros deseos y que se respeten nuestras opiniones. Es la actitud de alguien que está centrado en sí mismo, buscando siempre lo suyo. Sin embargo, Jesús nos muestra un camino diferente: abrir la mano y soltar el control, estar dispuestos a servir sin esperar nada a cambio, y actuar con amor, incluso cuando implica sacrificio.

Cristo no se aferró a Su posición, ni reclamó lo que le correspondía como Dios. En lugar de exigir Sus derechos, Él se despojó de Su divinidad para venir al mundo como hombre. ¡Qué ejemplo tan poderoso y contrario a la cultura que nos rodea! Nos cuesta entender la magnitud de este acto, pero nos da un claro modelo a seguir: una vida de servicio, humildad y sacrificio por los demás.

Nosotros también estamos llamados a vivir de manera similar. En lugar de insistir en que se respeten nuestras opiniones, derechos o privilegios, debemos adoptar una postura de humildad, considerando las necesidades de los demás. Jesús no esperó que otros dieran el primer paso; Él vio la necesidad de la humanidad y actuó, renunciando a Su gloria para darnos vida eterna. Así, nosotros también debemos estar dispuestos a actuar por el bienestar de los demás, aunque implique sacrificio.

Preguntas para Reflexionar:
1. ¿Qué cosas en mi vida me estoy aferrando y necesito soltar para servir mejor a los demás?
2. ¿Estoy dispuesto a seguir el ejemplo de Jesús, renunciando a mis propios derechos por el bien de los que me rodean?
3. ¿Cómo puedo cultivar una actitud de humildad y servicio en mi vida diaria?
4. ¿En qué áreas de mi vida estoy actuando con egoísmo o buscando primero mis intereses, en lugar de los de los demás?

Oración:
Amado Padre celestial, te doy gracias por el ejemplo perfecto de humildad y amor que encontramos en Jesús. Hoy reconozco mi necesidad de seguir Su modelo y dejar de lado mi egoísmo y mis deseos personales. Ayúdame a vivir en humildad, considerando a los demás como superiores a mí mismo y buscando siempre su bienestar. Enséñame a abrir mi mano, a soltar lo que me aferra, y a actuar con amor desinteresado, tal como Cristo lo hizo por mí.

En el nombre de Jesús, amén.

Servir a los Demás como CristoLa humildad es una virtud esencial en la vida cristiana, pero también es una de las más di...
09/21/2025

Servir a los Demás como Cristo

La humildad es una virtud esencial en la vida cristiana, pero también es una de las más difíciles de practicar y mantener. En Filipenses 2:3-4, el apóstol Pablo nos exhorta a “nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo; no mirando cada uno por lo suyo propio, sino cada cual también por lo de los otros”. Este llamado nos invita a vivir de manera contracultural, poniendo los intereses de los demás por encima de los nuestros y caminando en humildad, tal como lo hizo nuestro Señor Jesucristo.

Pablo nos ofrece dos claves para cultivar la humildad en nuestra vida diaria: primero, considerar a los demás como mejores que nosotros, y segundo, procurar no solo nuestros intereses, sino también los de los demás. Es importante notar que Pablo no dice que los demás son inherentemente superiores a nosotros, sino que nosotros, por decisión, elegimos darles prioridad. Este acto de humildad no solo beneficia a los demás, sino que también nos transforma, acercándonos más al carácter de Cristo.

Cuando comenzamos a vivir de esta manera, nuestras actitudes cambian: escuchamos más que hablamos, nos enfocamos en lo que los demás están haciendo, en lugar de buscar reconocimiento para nosotros mismos. Aprendemos a alegrarnos por los éxitos de otros y a servir con un corazón desinteresado.

El orgullo es el principal enemigo de la humildad. Nos impulsa a buscar reconocimiento, a exigir nuestros derechos, y a querer ser el centro de atención. Sin embargo, Pablo nos recuerda que el verdadero gozo y satisfacción vienen cuando elegimos servir a los demás, cuando ponemos los intereses de otros por encima de los nuestros. Este es el camino de la humildad, y aunque al principio pueda parecer difícil, en el proceso descubrimos que "más bienaventurado es dar que recibir" (Hechos 20:35).

Jesús es nuestro mayor ejemplo de humildad. Él, siendo Dios, se despojó de Su gloria para venir a este mundo, no para ser servido, sino para servir y dar Su vida por muchos (Mateo 20:28). Si nuestro Señor fue capaz de tomar la forma de siervo, ¿cuánto más nosotros deberíamos seguir Su ejemplo? Al vivir en humildad, no solo honramos a Cristo, sino que también reflejamos Su amor y Su carácter al mundo.

Preguntas para Reflexionar:
1. ¿Estoy dispuesto a considerar a los demás como mejores que yo mismo, incluso cuando me resulta incómodo?
2. ¿Mis acciones y oraciones reflejan un verdadero interés por los demás o están más centradas en mis propios deseos y necesidades?
3. ¿Cómo puedo seguir el ejemplo de Jesús y servir a los demás con un corazón humilde?
4. ¿Qué cosas en mi vida o ministerio están motivadas por el orgullo y cómo puedo entregarlas a Dios?

Oración:
Amado Señor, hoy reconozco mi tendencia al orgullo y al egoísmo. Te pido que me ayudes a caminar en el camino de la humildad, siguiendo el ejemplo de Jesús, quien vino a servir y no a ser servido. Permíteme poner los intereses de los demás por encima de los míos y crecer en amor y compasión hacia mis hermanos y hermanas en Cristo. Ayúdame a servir con un corazón sincero, buscando siempre glorificarte a Ti y no a mí mismo. Que mi vida sea un reflejo de Tu amor y humildad.

En el nombre de Jesús, amén.

Viviendo sin Egoísmo ni VanagloriaEl apóstol Pablo, en su carta a los filipenses, nos ofrece una exhortación clara y dir...
09/19/2025

Viviendo sin Egoísmo ni Vanagloria

El apóstol Pablo, en su carta a los filipenses, nos ofrece una exhortación clara y directa: "Nada hagáis por contienda o por vanagloria; antes bien con humildad, estimando cada uno a los demás como superiores a él mismo". Este mensaje nos desafía a vivir una vida libre de egoísmo y vanagloria, poniendo a Cristo en el centro de todas nuestras acciones y relaciones dentro de la iglesia.

Pablo nos advierte contra dos actitudes que pueden destruir la unidad y la paz en la iglesia: el egoísmo y la vanagloria. El egoísmo se manifiesta cuando nuestras acciones están motivadas únicamente por el beneficio personal. En lugar de buscar el bienestar de los demás, nos enfocamos en lo que podemos obtener, invirtiendo lo mínimo para conseguir lo máximo. El egoísmo nos aparta del verdadero propósito de servir a Cristo y a los demás.

La vanagloria, por otro lado, es una falsa jactancia, un orgullo que se basa en una ilusión. Nos lleva a querer impresionar a otros con lo que hemos logrado, olvidando que todo lo que somos y tenemos proviene de la gracia de Dios. Cuando nuestra motivación es ser reconocidos o admirados, estamos actuando en contra de lo que Cristo nos enseñó: la humildad.

Pablo nos invita a seguir el ejemplo de Jesús, quien, siendo Dios, no consideró el ser igual a Dios como algo a lo que aferrarse, sino que se despojó a sí mismo, tomando forma de siervo (Filipenses 2:5-7). Jesús no buscó su propio beneficio ni gloria, sino que se humilló, obedeciendo hasta la muerte en la cruz. Esta es la actitud que debemos adoptar en nuestras vidas y ministerios.

Como iglesia, estamos llamados a trabajar juntos para glorificar a Cristo, no a nosotros mismos. Cada ministerio, cada miembro del cuerpo de Cristo tiene un papel importante, pero debemos recordar que nuestra meta es engrandecer a Jesús y no buscar el reconocimiento personal.

El egoísmo y la vanagloria causan división y rivalidad en la iglesia. En lugar de ver a nuestros hermanos y hermanas en Cristo como compañeros en el servicio, los vemos como competidores. Esto nos aleja del propósito de Dios para Su iglesia, que es vivir en unidad, con un mismo amor y un mismo propósito.

Pablo nos llama a valorar a los demás por encima de nosotros mismos, a servir con un corazón humilde y a trabajar por el bien común. Al dejar a un lado el egoísmo y la vanagloria, podremos experimentar la verdadera unidad en el cuerpo de Cristo y ser un testimonio poderoso de Su amor.

Un buen ejercicio que nos puede ayudar a evaluar nuestras actitudes es prestar atención a nuestras conversaciones y oraciones. ¿Cuántas veces usamos palabras como "yo", "mi" y "mis"? Esto puede revelarnos si estamos centrados en nosotros mismos o si realmente estamos viviendo para glorificar a Dios y servir a los demás.

Preguntas para Reflexión:
1. ¿Estoy sirviendo a Cristo con humildad o busco el reconocimiento personal en mis acciones?
2. ¿Cómo puedo apoyar a mis hermanos y hermanas en Cristo en lugar de competir con ellos?
3. ¿He permitido que el egoísmo o la vanagloria influencien mi vida o mi ministerio? ¿Qué cambios puedo hacer para reflejar más a Cristo en mi vida diaria?
4. ¿De qué maneras puedo cultivar una mayor humildad en mi relación con los demás y con Dios?

Oración:

Señor, te damos gracias por tu ejemplo perfecto de humildad y servicio. Ayúdanos a vivir como Tú viviste, no buscando nuestra propia gloria, sino engrandeciendo Tu nombre en todo lo que hacemos. Perdona nuestros momentos de egoísmo y vanagloria, y llénanos con Tu Espíritu para que podamos valorar a los demás por encima de nosotros mismos. Que nuestras palabras y acciones reflejen siempre Tu amor y que trabajemos unidos para Tu gloria.

En el nombre de Jesús, amén.

Address

261 S Orange Avenue
Orange City, FL
32763

Opening Hours

Wednesday 7pm - 8:30pm
Sunday 9am - 12pm

Telephone

+14704947705

Alerts

Be the first to know and let us send you an email when Iglesia Bautista Internacional Volusia posts news and promotions. Your email address will not be used for any other purpose, and you can unsubscribe at any time.

Contact The Place Of Worship

Send a message to Iglesia Bautista Internacional Volusia:

Share

Category