08/25/2026
VERDADES INCÓMODAS !
Por qué la Iglesia, especialmente en muchos de nuestros círculos HISPANOS, no avanza como debería?
La raíz de uno de nuestros mayores problemas está en el celo, el egoísmo y la envidia ministerial.
Fíjese: uno de los nuestros puede estar trabajando, esforzándose y procurando ser de bendición al Reino por medio de actividades, campañas, proyectos, transmisiones, escritos o palabras poderosas de edificación en las redes… y NOSOTROS MISMOS NO LOS APOYAMOS, NO COMPARTIMOS, NO RESPALDAMOS LO NUESTRO.
Entre nosotros puede haber predicadores humildes, hombres y mujeres con buena Palabra, sana doctrina, testimonio y gracia de Dios; pero ni siquiera compartimos una publicación de ellos.
Sin embargo, aparece un Juan de los Palotes, de apellido Smith, diciendo exactamente lo mismo que aquel hermanito lleva meses predicando, y enseguida gritamos:
“¡WOW! ¡QUÉ REVELACIÓN! ¡QUÉ CIENCIA! ¡QUÉ PALABRA! ¡CUÁNTO PODER! ¡CUÁNTA UNCIÓN TIENE ESE PREDICADOR!”
¿Y sabe por qué?
Porque para algunos es más fácil admirar la unción de lejos que reconocer la unción de los que conviven con nosotros .
Aplaudimos al que no conocemos, pero competimos con el que conocemos.
Promocionamos al que probablemente jamás conocerá nuestro nombre, pero ignoramos al hermano que ha estado trabajando a nuestro lado durante años.
El problema es que NOS MOLESTA QUE DIOS USE A ALGUIEN QUE CONOCEMOS.
Hay ministros que oran:
“Señor, aviva tu Iglesia… pero que el avivamiento empiece conmigo.”
Pedimos que Dios levante predicadores, pero cuando levanta uno cerca de nosotros, lo criticamos.
Pedimos que Dios prospere ministerios, pero cuando prospera el del vecino, sospechamos.
Pedimos que Dios abra puertas, pero cuando se las abre a otro, buscamos explicar por qué “seguramente no fue Dios”.
¡QUÉ CONTRADICCIÓN!
Queremos Reino, pero mientras nosotros seamos los protagonistas.
Queremos unidad, pero mientras nosotros tengamos el micrófono.
Queremos avivamiento, pero mientras nuestro nombre aparezca en el afiche.
Queremos que Dios use a otros… pero no más que a nosotros.
Y mientras esa mentalidad no muera, podremos celebrar cien congresos de unidad y avivamiento PERO SEGUIREMOS DIVIDIDOS POR DENTRO.
Porque unidad no es aparecer juntos en una foto.m, Unidad es poder celebrar sinceramente cuando Dios bendice a otro.
Unidad es compartir la actividad de otro ministerio aunque usted no vaya a predicar allí o aunque usted difiera de ellos en asuntos que no salvan ni condenan ni son base ni fundamento doctrinal innegociable .
Unidad es recomendar a un predicador aunque no pertenezca a su ministerio, concilio o comuna .
Unidad es poder decir:
DIOS LO ESTÁ USANDO, Y YO ME ALEGRO.”
Sin sentirse disminuido, celoso o amenazado….
¡El Reino de Dios no es una competencia de plataformas!
Hay espacio en el Reino para todos los que verdaderamente fueron llamados.
Necesitamos una generación de ministros lo suficientemente sana como para aplaudir sin sentirse amenazada, respaldar sin exigir protagonismo, compartir sin esperar devolución y celebrar lo que Dios hace en otro aunque nadie mencione nuestro nombre.
Porque cuando entendamos finalmente que EL REINO NO SE TRATA DE QUIÉN BRILLA MÁS, SINO DE QUE CRISTO SEA EXALTADO, entonces dejaremos de competir entre nosotros y comenzaremos verdaderamente a avanzar juntos.
Y quizás entonces descubramos algo doloroso:
NO ERA EL DIABLO EL QUE ESTABA DETENIENDO TODO.
En demasiadas ocasiones…
ÉRAMOS NOSOTROS MISMOS QUE ANDÁBAMOS DEMASIADO DIVIDIDOS EN NUESTROS EGOS Y PAMPLINAS …
LaChapell -