05/23/2026
La Familia: Diseño Eterno de Dios
Desde el alba primera del huerto perfecto,
cuando el cielo aún cantaba en santo concierto,
Dios trazó para el hombre un camino sagrado:
la familia bendita, su plan para lo creado.
Varón y hembra los hizo el Creador,
y sopló sobre el hogar su gracia y su amor;
no fue idea del mundo ni pacto pasajero,
fue un reflejo divino nacido en lo eterno.
El hogar es taller donde el alma se forma,
es refugio en la noche, esperanza que asombra;
es la mesa pequeña donde aprende el niño
de la fe salvadora con verdad y cariño.
Miremos a Abraham, padre de fe obediente,
que alzó tiendas y altares siguiendo al Dios viviente;
y a Sara, que en su risa tardía
vio florecer promesas donde no las había.
Recordemos a Ana llorando en oración,
consagrando a su hijo con entera devoción;
y a Elcana, firme en la jornada,
guiando a su familia hacia la casa santa.
Veamos a José, hombre justo y prudente,
protegiendo al Mesías humildemente;
y a María guardando en el corazón
cada palabra, cada revelación.
Y también a Loida, mujer llena de fe,
que sembró en generaciones lo que nunca se ve;
junto a Eunice enseñando verdad,
hasta formar un siervo de gran fidelidad.
Bendito el esposo que ama con ternura,
como Cristo a su Iglesia con entrega tan pura;
que no gobierna altivo con dureza o rigor,
sino sirviendo humilde con paciencia y amor.
Bendita la esposa virtuosa y prudente,
que edifica su casa siendo sabia y valiente;
que sostiene el hogar con gracia y oración,
y viste a su familia de fe y compasión.
Y los hijos, herencia preciosa del Señor,
tiernos brotes sembrados por la mano de Dios;
necesitan consejo, disciplina y abrigo,
un ejemplo piadoso caminando consigo.
Padres, no provoquéis con palabras hirientes;
formen vidas piadosas, corazones valientes.
Hijos, honrad a aquellos que velaron por ti,
porque Dios ha prometido larga vida así.
La familia es la escuela donde se forja la iglesia,
donde nace el servicio, la verdad y la esencia;
si el hogar permanece afirmado en la cruz,
brillarán las congregaciones con la luz de Jesús.
Y una nación jamás será fuerte y estable
si el hogar se derrumba entre orgullo y desaire;
mas cuando hay padres santos y niños creciendo en verdad,
hay esperanza viva para la sociedad.
Oh familia cristiana, levántate en amor,
sé faro en las tinieblas, reflejo del Señor;
que en medio de este mundo vacío y confundido,
tu hogar proclame con poder al Cristo Vivo.
Que nunca falte Biblia sobre la mesa abierta,
ni el clamor de la oración cuando la noche aprieta;
porque el hogar que honra y teme al Salvador
permanece firme bajo la mano de Dios.